De avión nada

¿Alguno de los lectores presentes ha pagado alguna vez 12€ por un papel? Y no penséis en uno de esos papeles tan caros que venden por ahí ni kilométrico. Pensad más bien en un folio, un simple folio y para más colmo usado. Duele.

Hace ya unos días teníamos (bueno, mi novio tenía, a mí ni me constaba hasta hace nada) que haber enviado un papel de vuelta a Alemania. No es que corriera prisa en realidad, pero ya conocéis a mi señora suegra y cómo se las gasta ante cualquier contratiempo. Así que decidimos (decidió mi novio, me plantó el folio a los pies de la cama y me dijo “mañana lo mandas” sin más) que de hoy no pasaba, y ante el temor de que mi suegra llamara raclamando la hoja, tenía que llegar pronto.

Feliz iba yo de camino a correos con el folio en la mano a enviarlo hasta que asomé la cabeza por la puerta. 15 personas esperando en los bancos a que les llamaran con su número en la mano. Antes de que se me colara nadie y fueran 16 saqué el mío y para mi sorpresa tardé en ser atendida exactamente el tiempo de sentarme y buscar el móvil en el bolsillo. ¡Ni 3 minutos sentada! Eso no me pasará el día que vaya con prisas.

Me acerco al mostrador y pregunta en qué puede ayudarme (¡me ha tocado un tipo simpático y todo!) y yo le digo que necesito enviar la hoja que llevo en la mano a Alemania, y que necesitaría que no tardara mucho. “Vale, si te lo envío por avión son 30€” ¡30 eurazos por mandar un puñetero folio! Vamos, a ese precio casi cojo los vuelos por Ryan air y que mi novio se lo lleve en persona. ¡Menudo atraco! Que yo estoy segura de que no hace falta pagarle un billete de primera clase al folio, que en una caja junto con otros tantos paquetes también iría cómodo, y a mí no me dejaría la cartera temblando.

“No me llega el dinero. ¿No tiene nada más económico?” “Sí, el envío Quick por 12€, pero llega a partir del jueves” Pues oye, que tarde un par de días más que no me importa mientras no se lleve mi presupuesto de 3 semanas. Al final he enviado UN folio en un sobre por 12€. Mi novio directamente ha alucinado y ha preguntado si he enviado también el paquete de folios en blanco que había debajo. Que no podía ser tan caro enviar una simple hoja doblada en un sobre aunque fuera a la conchinchina. En ese momento la que me he reído he sido yo cuando le he dicho el primer presupuesto que me han dado.

En fin, que ya por lo menos está de camino a casa de mi suegra. Creo que la llamada va a ser inevitable este fin de semana, y a juzgar por la “urgencia” que le ha dado mi novio no estará muy contenta. 12€ por un folio… Eso sí, en los 12€ que me ha costado estaba incluida una preciosa pegatina en la que pone el número de envío que tiene. Un bonito recuerdo a tener presente para que la próxima vez el paquete (o folio en este caso) se envíe el día que toca.

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El paquete viajero

¡Dos semanas! ¡Quedan sólo dos semanas para volver! Esto está entrando de lleno en la recta final de nuestra vuelta a casa. ¡Que ya no queda nada!

Como veis, hoy estoy de mejor humor que ayer. Gracias a todos por vuestras palabras de ánimo, hicieron que me fuera a dormir más contenta. Fue un día de bajón y tal y como ya os dije, al levantarme mis ánimos andaban mucho más altos.

Entre unas cosas y otras, me había olvidado por completo de contaros que aquel paquete que se perdió en correos al final ha aparecido. La historia del paquete tiene tela. Resulta que al final el envío no lo gestionaba la empresa de mensajería que se suponía que lo llevaba, era correos de toda la vida quien lo tenía. Cuando preguntaba por él (todo a través de internet) a correos, me decían que no sabían nada, y cuando preguntaba en la empresa, que no era un envío suyo.

Total, que con el número de envío que me dieron podía hacerle el seguimiento al paquete “en tiempo real” y ver por donde campaba. Lo desconcertante es que podía seguirlo tanto desde correos como de la empresa de mensajería. Y en las dos me daba las mismas fechas y etapas. ¿Error para que no llegara? Supuestamente que la dirección estaba mal. Al fin y al cabo, un cacao de narices. Lo que me descolocó fue que en el último seguimiento que le hice resulta que el paquete ¡estaba de vuelta hacia España!

Sí, el paquete estaba otra vez de camino a su destinataria después de más de un mes pegando vueltas por Europa. Increíble. Pero lo mejor estaba por venir. Hace un par de días vino la dueña del camping con mi paquete en la mano. ¡Había llegado a algún sitio y no se había perdido! Claro, yo dando saltos de alegría. La dueña del camping alucinando conmigo y me dice que la dirección estaba mal (o al menos eso entendí). Le cuento el viaje del paquete como puedo y alucina conmigo también. ¡Si es que ha ido dos veces hasta España!

Cuando me pongo a mirar el paquete, lo primero que miro es la dirección. Debajo de todos los tachones que le han ido haciendo, la dirección es correcta. Por encima hay dibujado todo un picasso que no he conseguido descifrar todavía. Pero las pegatinas nuevas son lo mejor. Hay dos de haber pasado por algún tipo de control (supongo que las dos veces que ha entrado en el país) y otra más, sin duda, la más interesante. ¡¡Pone que lo devuelven porque nadie lo ha reclamado!! Es que ni ellos mismos se aclaran.

En fin, el paquete por lo menos está aquí, y con un poco se suerte no necesitaré volver a enviarlo y se lo entregaré en persona. A falta de confirmación, quien sabe, ¡quizá tenga dos desvirtualizaciones estas navidades! Y esperemos que sean las primeras de muchas más. Ahora sólo falta que el que yo he enviado llegue a su destino, que por cierto debería andar ya bastante cerca. ¿Alguna noticia de él, mami?

Ir más ligeros o cómo volverme loca del todo

Estamos mirando qué meter en la segunda caja por aquello de hacer el viaje con la menor cantidad de trastos posibles, y eso incluye la ropa. Claro, las cosas más grades ya van de camino (o eso espero) así que nos quedan algunas cositas pequeñas y las que más utilizamos.

Después del envío que hicimos, gran parte de lo que nos queda aquí no va a venir a España. Nos queda la ropa y unos cuantos trastos, como la nevera o los platos. Pero obviamente no vamos a llevarnos una nevera por pequeña que sea ni la tienda de campaña tamaño gigante que nos regalaron hace tiempo. Todo eso se queda y el que venga que se lo lleve si quiere. Así que se las 4 cosillas que nos quedan, hay que decidir de qué podemos prescindir unas semanas.

Ahí empieza el dilema. Tengo una caja te tamaño caja de zapatos tipo botas altas llena de lana. De momento es de las pocas cosas que me tienen entretenida y me relaja evitando que me suba por las paredes (al menos gran parte del tiempo). Si la mando, serán unas semanas muy largas. Creo que queda claro que se queda si no quiero volver a España majara perdida.

Otra de las cosas que nos quedan a parte de la ropa son los portátiles. No me fío de enviar el “nuevo” por correo no vaya a ser que no vuelva a aparecer (¿de dónde habré sacado esa idea?) Y qué queréis que os diga, perder mi único contacto con el mundo exterior tampoco me entusiasma. Así que también harán el viaje con nosotros.

En fin, si al final no enviamos nada más, tampoco será tan grave como el viaje que hicimos de Santander a casa de mis padres. En aquel casi no podíamos respirar de lo lleno que iba el coche. Esta vez sólo andaría hasta los topes el maletero con la bandeja puesta. Aquella vez fue muy exagerado. Ya nos va quedando poco y mis nervios cada vez aguantan menos. Quiero estar allí ya. Y si puede ser sin pasar por el viaje, mejor.

Algo menos por hacer

Hoy ha sido una mañana productiva. Primero aprovechando que la barrera del camping estaba abierta hemos metido el coche y hemos enviado la primera caja. Así ya tenemos algo de faena adelantada. Acojonadita me tiene el que no llegue la caja a su destino. Y luego hemos puesto la batería nueva al coche y la pieza ya la tiene puesta, así que arreglado.

Que no es por nada, es que no podemos llevar esa caja en la bici con lo que pesa y su tamaño, así que era cuestión de poder meter el coche hasta la puerta de la caseta. Aún nos queda otra más que enviar, pero ya no hace falta que sea tan grande ni tan pesada y probablemente con la bici se pueda sacar sin problemas. Ale, por delante tienen de camino 2.000 km algunas de nuestras cosas. Otra cosa más que tachar de la lista.

Y el coche ya lo tiene todo en su sitio. Nos falta taparle la gotera del maletero, pero sabemos donde está y con un poco de silicona se arregla. Menos mal que el sitio no da problemas en este tema. Lo hemos arrancado y después de dos meses parado lo ha hecho a la primera. Ojalá hubiéramos sabido antes lo que le pasaba, pero claro, no había presupuesto para llevarlo al taller. Ya está todo correcto y listo para llevarnos de vuelta a casa. Que insisto, me siento mucho más segura en ese coche que en el Ka.

Y nos hemos llevado una sorpresa. ¿A que no sabéis quién ha aparecido hoy también por su caravana? ¡El vecino “majo” y su yerno! Yo que pensaba que con eso de que estuviera el camping cerrado ya no lo tendría que volver a ver… Al menos no ha dicho nada. El vecino “majo” sólo ha saludado, pero el yerno nos ha ignorado completamente. Casi mejor. Ese prepotente tampoco es que tenga nada bueno que decirnos.

En fin, quiero que crucéis todos los dedos de las manos y de los pies si podéis para que mis cajas tengan un buen viaje y sobre todo para que lleguen y no se queden por el camino.

Y por si tenéis curiosidad (yo es que soy muy marujona para algunas cosas) el pizzero ha conseguido engañar al algún incauto para que le pague el coche. Ni más ni menos que un BMW 530. Para las que estáis poco puestas en el tema coche, ronda los 50.000€. Fantasma no, fantasmón.

Mareando la perdíz

Esto es desesperante. No hay día en que no me lleve alguna sorpresa, y algunas no son buenas. Hace un mes (UN PUÑETERO MES YA) hice un envío a España que tenía que haber llegado 5 días después a su destino. Yo no sé que es lo que ha fallado, pero el paquete allí no ha llegado y tampoco ha vuelto a mis manos. Lleva todo este tiempo pegando vueltas por Europa y no sé por donde anda.

Lo mandé con una empresa de mensajería que también trabaja en España y me salía muy bien de precio, pero al final la han liado. Resulta que en el momento que el paquete toca tierras españolas deja de ser preocupación de esa empresa y pasa a encargarse Correos de toda la vida. Así que por mucho que reclamo y que busco se echan la culpa unos a otros. Ahora resulta de que no lo encuentran porque en España le asignaron un código diferente al que llevaba al salir. Qué ganas de complicar las cosas.

Ya me empieza a dar igual lo que haya pasado, sólo quiero que me devuelvan el paquete y listo, ya me encargaré yo de hacerlo llegar. Quiero una solución y tener el paquete en mis manos. Yo no sé quien se ha equivocado, pero no creo que fuera tan complicado de entender una simple dirección que por asegurarme incluso la puse en Google maps y me la encontró a la primera y sin problemas. Nadie me dice nada y se lavan las manos diciendo que ellos no tienen la culpa. Seriedad ante todo. Nos han puesto mil excusas en las 4 visitas que hemos hecho a reclamar. Desde que el ordenador no funciona hasta que sin rellenar un impreso no pueden darnos esa información. ¡Pero si lo he enviado YO desde esta misma oficina!

Menos mal que ha pasado con un paquete pequeño, porque imaginaros el destrozo si envío nuestras cosas a España para no llevar el coche lleno y resulta que lo pierden. Ahí la que arma la de la Marimorena soy yo. Que una cosa es una cajita pequeña y otra muy diferente dos cajas de 20 kilos cada una llena con todas nuestras cosas, incluida parte de nuestra ropa.

Cansada me tienen con tantas historias. Me sienta muy mal porque no me gusta quedar mal con la gente, y una persona que ha puesto su confianza en mí se va a llevar una impresión que no es la correcta. Por lo menos entiende que no ha sido culpa mía y se lo ha tomado bien. Pero ya es una cuestión personal, si yo prometo algo, lo cumplo cueste lo que cueste. Será cuestión de volver a dar la vara en la oficina a ver si a la 14º vez se soluciona.