Resumiendo un poco

¿En serio no paso por aquí desde enero? No he contado nada de fallas, del cambio de hora… ¡nada! Mira que hay noches en las que lo he intentado, pero no ha habido manera. Es más, hace pocos días tenía una entrada casi terminada (me quedé dormida escribiendo) y no la veo por ningún lado. Paso a contar un poco.
Después de 33 años, nevó de nuevo en Denia. Fue una imagen muy curiosa el ver las palmeras nevadas. No se ve todos los días. Estuvo nevando unas horas y quedó una capa blanca sobre coches, calle y todo lo que estuviera al aire. Hacía mucho que no veía nieve tan de cerca. Hubiera dado lo que fuera por no trabajar ese día y poder irme a disfrutarla con la peque. Pero bueno, por lo menos tengo un bonito recuerdo. Luego os lo enseño.
También pasaron las primeras fallas de la peque. No se puede decir que las disfrutara mucho, pero le fascinó ver quemar la del ayuntamiento y los cohetes que tiraros. Embobada se quedó mirando. Yo pensaba que se echaría a llorar en cuanto empezaran los petardos, pero no. El año que viene ya la veo tirando “bombitas” en la puerta de casa de mis padres. 
Le salieron ya 4 dientes. Tiene ahora mismo los dos de abajo fuera, y los de arriba están en ello. Tiene una cara de mala cuando se ríe… y ya empieza con las maldades. Ahora le ha dado por pegarme tirones de pelo. Estando en. Razia de mi madre, si paso por delante de ella se inclina y tira del pelo sea como sea. Y no solo eso, mientras más chillo más se ríe. Va a ser una pieza de cuidado en un tiempo.
En fin, ya son 8 meses y medio y no para un momento mientras está despierta. Parece mentira el tiempo que ha pasado ya. Parece que fue ayer cuando iba por la vida con un bebé de 4 kilos encima que solo quería teta y dormir, y ahora ya me muerde, tira del pelo, patea (me clava los pies en los costados cuando quiere que me mueva, como a los caballos)  y pega pellizcos. Aún y así, es muy buena, sobre todo a la hora de dormir. Pero eso ya os lo cuento otro día que la peque anda exigente y a mí se me cierran los ojos. Ahí os dejo una foto de la nevada:


Y mañana, pediatra. Hay que ver lo cara que es la Bexero…

Feliz año nuevo a todos

Aunque vengo algo tarde, ¡feliz año nuevo a todos! Espero que hayáis pasado unas fiestas estupendas y que os hayan regalado todo lo que pidierais. Yo no me quejo, he empezado el año igual que lo acabé, agotada en general pero contenta. 

Y no, la peque viene siendo de lo que menos me agota. Imaginaros… Ni con los dientes (que ya tiene dos fuera) se ha quejado. Si es que no puedo quejarme en absoluto. Y encima lleva dos moches que duerme hasta las 5:30 del tirón. La primera noche hasta me lo noté en el cuerpo. Está hecha un bichito que nada más quiere brazos y jaleo. Qué queréis que os diga, yo cuando esta gente que opina sea de lo que sea me dice que la estoy malacostumbrando, pienso que con 6 año ya no andará en brazos, ¿verdad? Pues la disfrutaré lo poco que me deja el trabajo como me apetezca. Y siendo realista, eso de que se ponga a cotillear lo que cocino mientras la tengo en brazos me encanta.

Roxu es el que tiene novedades, que ahora mismo estoy en la sala de espera a ver si me dejan entrar a verle después de la operación que le acaban de hacer. No os preocupéis, no es nada grave. Unos problemillas de respiración que con suerte se habrán solucionado. Que esa es otra, hoy me ha tocado ir a trabajar porque del hospital llamaron hace dos dias. Casi sin tiempo a organizarnos. Al menos podían dar unos días para empaquetar niños y avisar en el trabajo. Pero bueno, al menos no ha tenido que esperar un año para operarse. 

Por el trabajo, todo sigue tal y como acabé el año, con un estrés de narices y echando más horas que un reloj entre lo que trabajo en el taller y en casa. 

En fin, me estoy quedando dormida con el calorcito que hace aquí y no quiero que se me caiga el móvil al suelo. Ya iré contando que tengo alguna cosita pendiente de contar. Ufff… que sueño me está entrando…

Se acabó la baja…

Ya ha terminado mi segunda semana de vuelta al trabajo. Se me han pasado volando con todo el trajín. La peque lo ha llevado bien, y diría mejor que yo, pero voy a ser sincera. No me ha dado tiempo ni de respirar el tiempo que paso en el taller, y en casa sigue siendo igual. Crece a un ritmo que no imaginaba. 

Me imaginaba la vuelta mucho más traumática de lo que ha sido, ya no tanto para ella que con mi madre está genial, pero para mí sí. Pero están siendo días muy intensos en los que con 5 horas que hago en el taller no tengo suficiente para hacerlo todo. Reparo lo que puedo, bueno, lo que me dejan el resto de funciones que hago. Hay días que solo me da tiempo a reparar lo que me llevo a casa. Viéndolo por el lado bueno, no me da tiempo a pensar demasiado en la falta que me hace, porque sería mucho peor.

En fin, mañana empieza otra semana intensa en la que hay tanto por hacer que ya me veo llegando al sábado como pueda. 

El gran día

Bueno, como os contaba ayer, el miércoles después de la sesión de fotos me fui a dormir con mis piernas hinchadisimas rezando para que no me dolieran demasiado al día siguiente, pero a las 4 de la mañana todo cambió, mi cuerpo dijo basta y tuve una fisura en la bolsa. Una hora después íbamos de camino al hospital a conocer a Miniyo, con todos los nervios e ilusión del mundo y yo con la intriga de cómo sería el parto. 

Nada indicaba que fuera necesitar una cesárea, y de hecho hasta pasadas 28 horas desde el ingreso no lo sabría. Pero no me adelanto. Al llegar al hospital explico mi caso y me ingresan a pesar de no tener contracciones de parto. Como he roto aguas me dan 12 horas para que nazca. Ahí ya la cosa empieza a ponerse sería. Me estaban diciendo que como mucho al día siguiente ya sería madre. Nos meten en una habitación para ponerme monitores y como yo en ese momento no tenía dolores pues nada, allí estábamos los dos con el móvil viendo vídeos y pasando el rato. Pasan las horas y me quitaron monitores a ratos. Seguía sin dolores y sin cambios significativos, así que deciden provocar el parto. Ahí es donde empecé a ver las estrellas. Durante un rato (perdí casi totalmente la noción del tiempo) cada contracción dolía más, pero las iba aguantando. Y por la habitación venga a pasar gente. Perdí la cuenta de la cantidad de médicos, matronas, enfermeras, estudiantes de practicas… que pasaron por allí. Creo que dio tiempo a que me vieran los dos turnos que había. 

Para las 23:00 (creo) ya pedía a gritos la epidural. Y ya que estaban me pusieron oxitocina que acabó de rematarme. Una hora me duró la anestesia y volvió a doler aquello lo que no estaba escrito. No hacía más que pedirle a Roxu que trajera al anestesista aunque fuera a rastras. Tras el segundo chute de epidural entré en un estado de paz que ya me daba igual todo. Qué relax. 

Hasta más o menos las 6 de la mañana la cosa iba avanzando, pero ahí se estancó y ya no hubo manera de que siguiera su curso. Dos horas después me dijeron que me mandaban a quirófano. Tardaron más en prepararme de lo que tardó en nacer. 

Durante muchos meses imaginé el momento en que oiría llorar al o la peque por primera vez, imaginaba cómo sería y si me echaría a llorar como en las pelis. Bueno, en realidad me lo imaginaba con Roxu a mi lado, pero no pudo ser. En lugar de oírla llorar el primer contacto fue una enfermera que por sorpresa la puso a mi lado y dijo “aquí está tu hija”. No me dio tiempo ni de hacerme a la idea de que la estaban sacando cuando ya la tenía encima mía. Y bueno, se la llevaron a los minutos a que la tuviera Roxu mientras me cosían. Y a partir de ahí, la llevamos babeando 3 meses y medio.

Lo que es el cuerpo que ya no soy capaz de acordarme con nitidez lo que dolieron las contracciones. Lo que dicen que luego todo ese dolor se olvida es cierto. Es algo increíble. En fin, se intentó un parto natural pero no hubo manera. Yo temiendo a la episiotomía y al final acabé con 16 grapas bajo el ombligo. Mi pobre ombligo… ya nunca volverá a ser el que era…

El día de antes

Repasando las últimas entradas me he dado cuenta que os conté muy poco de la llegada al mundo de Miniyo. Vergüenza debería darme que hayan pasado más de 3 meses antes de darme cuenta. Si es que os tengo abandonados. A lo que vamos.

El miércoles 13 enpezó siendo un día con ajetreo. Llovía a cántaros y yo tenía concertada la cita para el reportaje fotográfico con el tripón. Un día, un mísero día que llueve en todo el verano y tenía que ser justo el que me voy a hacer unas fotos que van a ser irrepetibles en todos los sentidos. Todo el día hablando con la fotógrafa Diana a ver si al final habría que suspender la sesión y dejarla para otro día. La cita era a las 19:00, y hasta las 18:00 no pudimos confirmarla con todo lo que llovía. Imaginaros como iba yo, que ya me sentía “rara” ese día. Algo me decía que si no me las hacía esa tarde, no me las haría. 

Allá que nos vamos a la playa a encontrarnos con Diana. He de decir que a parte de hacer unas fotos preciosas, es una chica muy agradable y dulce. Nos lo pasamos genial en la sesión, pisando el barro, con el agua por las rodillas en los charcos, con el culo mojado… fue divertido. Se pasaron las 2 horas que estuvimos por la playa y alrededores volando. Y le supo sacar partido a todo lo que había allí. Hizo que parecieran sitios totalmente diferentes sin movernos más de unos metros andando. 

Y el resultado… Si pasáis por su perfil de Facebook hay algunas, pero de todas formas aquí os muestro una para que veáis.


¿Estaba o no estaba yo para hacharme a rodar? Esa fue de las últimas fotos que me hice con la tripa, y la siguiente salida que hice fue para ir al hospital.

Aquella noche a pesar de esa sensación rara fue como todas las demás, pero a las 4 de la mañana todo cambió. Eso ya os lo cuento otro día, que ya me van pesando los ojos. O apago o en breve me pego con el móvil en la cara…

Creciendo sin parar

Aquí estoy de vuelta, intentando retomar este espacio que últimamente tengo muy abandonado. La peque me absorbe (de buen gusto) y la inspiración cuesta en estos momentos. Ella crece por días, en estos casi tres meses y medio ha dado un cambio considerable. Es tremenda, todavía no se tiene sentada sola, pero le encanta pasar momentos de pie. Se ríe con todo el mundo, pero solo si ha comido hace poco. Tiene al barrio enamorado. 

Y a mí me queda algo más de un mes para volver al trabajo. Al principio me agobiaba muchísimo el pensar en el poco tiempo que podría disfrutar de ella a jornada completa, pero ahora ya me voy relajando un poco y pienso que todavía me queda un mes. Y menos mal que me guardé el mes de vacaciones y lo voy a disfrutar ahora, porque tener que dejarla ya la semana que viene, ufff… Que soy de la opinión de que 16 semanas no son nada, ni siquiera es suficiente para que no dependan exclusivamente de la teta. Al menos tendría que dar tiempo a que empiece a comer algunas cositas diferentes. Pero tengo la gran suerte de que mi jefe me da la oportunidad de trabajar media jornada en casa hasta que la peque ya coma algunas cositas sólidas (bueno, en puré o como tenga que comerlo, ya iremos viendo). Así que la separación será más breve un tiempo. Un gran alivio para mí, la verdad. Tener que separarme de ella 8 horas diarias siendo tan pequeñita me rompe el alma. Que yo sé que va a estar bien, en las mejores manos posibles. Pero no deja de ser muy pequeña. 

En fin, voy a aprovechar que ya parece que se ha dormido profundamente y voy a dormir yo también. Que no es que duerma mal, pero se agradecen unas horas de sueño seguidas. Si os digo que la niña es lo que menos me despierta por las noches…

Menos mal…

Cuando dije a la gente que estaba embarazada, todos me decían lo mismo. Aprovecha ahora que cuando nazca no vas a dormir. Aquí estamos, un domingo a las 12 de la mañana y hace escasos minutos que nos hemos levantado TODOS. La nena pidió su desayuno a eso de las 7:30, pero 10 minutos después ya estaba durmiendo otra vez hasta hace un ratito.Que no digo yo que todos los domingos vayan a ser así, pero la nena duerme genial de momento y lo mínimo le dan las 10 en la cama conmigo. Hace su toma o 2 tomas por la noche desde que me acuesto y vuelta a dormir.

La gente me dice que me ha tocado la lotería con la peque. Como si yo no lo supiera… Duerme que da gusto, no da un ruido, se duerme sola en la cuna por las noches sin que tenga que pasearla o acunarla hasta el agotamiento… Vamos, la lotería no, el gordo me ha tocado. Yo que soy muy dormilona, era una de las cosas con las que me asustaba la gente. Pues lo sigo siendo igual, o incluso más, que ahora tengo excusa para estar en la cama hasta las 10 sin remordimientos.

Por cierto, sé que hacía muuuuucho que no pasaba por aquí, pero muchas noches me duermo intentando escribir. Que sí, que duermo bien, pero cuando acaba el día estoy agotada. En fin, me voy que ya me reclaman. A ver si consigo publicar un par de post que tengo pendientes antes de que acabe el año.