Frío y nieve

Hacía mucho que no veía nieve. Más o menos desde que llegué a España. Y aquí en el pueblo… Ya hace un porrón de años que no nevaba en la montaña. ¡Hasta hoy! Hay que ver, dos copos de nieve en la cima de la montaña y ya nos emocionamos. La pena es que haya durado a penas unas horas. Mirad.

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Menudo frío esta mañana. Si es que parece mentira que hace unas semanas estaba en El Campo en manga corta y esta mañana me hubiera venido bien un pasamontañas. Llamarme exagerada, pero ya me he aclimatado y paso un frío terrible.

En fin, menos mal que me han cambiado el horario y entro un poco mas tarde, porque a las 8 de la mañana hacía un frío que pelaba. Con eso de empezar a las 10:30, ya pilla el solecito calentando. Si al final no va a ser tan malo el cambio. Me han quitado dos tardes libres y me hacen entrar mas tarde. Pensé que el cambio podía haber sido mejor, pero pensándolo no está tan mal, y menos siendo yo tan nocturna. Y ya me dejaran dormir por las mañanas…

Adaptarse al frío

Anoche entramos en la temida fase de “grados negativos” que hizo que cayera una pequeña nevada. Y si antes os digo que hoy saco una foto y la subo, antes sale el sol y la derrite toda (eso sí, sin subir de 0 grados). Hoy ha hecho fresquito, pero con un solazo tremendo hasta medio día. A partir de ahí se ha ido nublando hasta tener un cielo gris en poco menos de una hora. Al final han vuelto a caer 4 gotas, o al menos eso creo, porque la nieve cuando cae sobre la caseta no suena como la lluvia, que a veces no nos deja ni escuchar la tele.

Anoche cuando mi novio llegó salimos fuera bien abrigados y estuvimos haciendo el moñas con los perretes durante unos minutos. Entre otras cosas, me sacó unas cuantas fotos a traición con mis pelos de loca y mi chandal de andar por casa. Y ya aprovechando estuvimos haciendo un par de fotos a la nieve. La mala suerte es que fueron con su móvil y tiene turno de tarde, así que podré copiarme las fotos después de que esto se publique. Ya las veréis (al menos en las que no salgo yo, qué vergüenza…)

Y esta mañana ha llegado la dueña del camping preocupada a tocarnos a la puerta. Que si nos hacía falta más gas, que si habíamos pasado mucho frío… que yo agradezco el detalle, me parece genial que se preocupe por nosotros. Pero teniendo en cuenta que la diferencia de temperatura de ayer por la noche con las últimas 10 no ha sido de más de un par de grados… no sé, quizá llega un poco tarde.

Y sorprendentemente me estoy acostumbrando al frío. Si hace cosa de un mes a 5 grados con la estufa a nivel medio tenía fresquito, ahora a -3 la pongo al mínimo y sigo estando a gusto. Incluso me he podido permitir quitarme alguna capa de ropa para limpiar, que eso de no poder mover las articulaciones mientras friego es un poco incómodo. ¡Hasta tengo los pies medio tibios! La única pega es que la cama está fría de narices cuando nos acostamos, pero contra eso tenemos un remedio económico y que no falla. Mandamos a los perretes a dormir 10 minutos antes y cuando vamos ya está más calentita.

En fin, a todo se acostumbra una, pero ya que tengo que aguantar el frío unos días más, que al menos pueda disfrutar de la nieve. Cuando vuelva a España, me va a parecer una primavera adelantada. 11 graditos frente a los -3 que tenemos aquí… ¡os los cambio!

El friolero

El frío ha decidido instalarse en nuestras vidas al menos hasta que lleguemos a España. Así de repente he comprendido por qué se ven turistas en pantalón corto en lo que allí llamábamos invierno. Porque después de esta experiencia, os aseguro que lo que he vivido estos años no era inverno, era un otoño largo de narices. Estamos a 1 grado, pero he de reconocer que se lleva bien. Nos abrigamos un poco más y punto. Pero el que peor lo está pasando es Rafita. El pobre no tiene casi pelo ni “chichilla” que le dé calor. En España no lo hicimos muchas veces más que nada porque acababa por quitárselo a los 10 minutos si no estábamos en la calle, pero aquí parece que ponerle un abrigo lo agradece.

El pobre es friolero, y a la mínima que refresca pega unos tiritones tremendos. Lo que más pena me da es cuando hay nieve. El año pasado cuando íbamos de paseo, si se pasaba más de 10 minutos sobre la nieve empezaba a llorar y chillar como un descosido. Así que la vuelta por lo general la hacía en brazos porque las patitas de alambre que tiene se le congelaban. Eso sí, si el paseo era largo en cuanto se le calentaban un poco quería bajar otra vez. La primera vez que lo hizo nos asustamos mucho y pensamos que se había roto algo. Con los días nos dimos cuenta que era por el frío.

Y aquí el señorito tiene un fondo de armario que ya quisiera más de uno. Pero la prenda estrella de estos días es su buzo azul. Un mono de cuerpo entero acolchadito que en España no soportaba más que el tiempo de dejarlo en el suelo. Aquí lleva con el puesto toda la tarde (al igual que este fin de semana pasado) y ni un intento por quitárselo. Pero lo gracioso es que cuando se lo pongo entra en modo “pause”. Se lo abrocho y en ese momento ya no corre ni pega tantos saltos. Eso y que camina con las patas más separadas a pesar de que le viene grande y no le tira por ningún lado.

Al menos ya es capaz de dormirse con él puesto, porque sus largas siestas se han visto interrumpidas estos días al ser incapaz de tumbarse. Lo único que sigue sin gustarle es la capucha, que cada vez que se agacha para oler algo del suelo se le echa encima y no ve nada. Pero no todo iba a ser tranquilidad con el buzo puesto. En el momento que he sacado el móvil para hacerle una foto no había quien lo mantuviera quieto 5 segundos para que no saliera movida. Yo no he visto en la vida un perro que cueste tanto sacarle una foto sentado. Esta es la única decente que he conseguido de las 20 que he echado.

Rafita abrigo

Bueno, a estas alturas os imaginaréis que hasta los perretes tienen ganas de irse. Pero cada día que pasa es un día menos que queda y la cuenta atrás está a punto de empezar. Qué ganas tenemos de estar ya en España…

De tirantes a sudadera polar

Y sin darme cuenta, el otoño (o invierno, depende de la percepción de cada uno) se ha instalado en mi casa. Ahora mismo a eso de las 11 de la noche) estamos a 10 grados. ¿Que podría aguantarlos con una manta y unos guantes? Claro, pero como tenemos la calefacción incluida en el alquiler, pues me la he puesto hace un rato, que empezaba a no sentir la nariz (mi indicador del frío). Quien dice calefacción, dice estufa de gas de toda la vida, pero oye, va de maravilla.

Pero me ha pillado un poco por sorpresa. Hace dos días hablaba con mi madre por teléfono y le contaba que todavía iba con pantalón corto y tirantes. Para qué abriré yo la boca de vez en cuando… Ahora mismo ando con sudadera polar, pantalón largo y calcetines gordos, que no pierdo la esperanza de seguir sintiendo los dedos de los pies hasta dentro de un par de meses. Luego será misión imposible. Dará igual qué haga o donde esté, me pasaré unos cuantos meses con los pies helados.

Por suerte, este invierno pasado hice mis “prácticas” con el frío un poco más al norte, así que me pilla un poco más concienciada. A demás, me sirvió para descubrir que el punto de congelación de mis orejas lo tengo en -15 grados. A esa temperatura, un golpecito leve y parecía que se me iban a romper. Pero este año no me va a pasar. Las orejeras que me tuve que agenciar el año pasado me van a ayudar.

De lo que me arrepiento es de no haberme traído los nórdicos que nos regalaron cuando fuimos a ver aquella casa (aquella hace 3 meses que nos regaló muebles, platos, vasos, cubiertos… y que en el pack venían 2 almohadas “autóctonas” y dos nórdicos individuales) porque supongo que ya se habrán deshecho de todo lo que nos dejamos después del tiempo que ha pasado. Que para qué engañarnos, si lo hubiéramos sabido, me habría traído al menos las almohadas y los nórdicos, que ando con un cojincillo de 25×25 como almohada, y eso de darme la vuelta y que la cabeza se me caiga literalmente sobre el colchón es un poco incómodo.

De momento con el nórdico que tenemos, el edredrón que YO tengo (que más de una noche me dejan con el culo al aire) y los perretes calentando la cama nos apañamos. Anda que no corren los bichos a la hora de dormir para acurrucarse con nosotros.

Hace fresquito, pero por suerte la caseta aísla bastante bien y en la caravana no solemos bajar de los 20 grados, así que no me quejo. Eso sí, esta mañana me ha costado horrores salir de la cama, que yo estaba muy calentita y fuera hacía hacía una rasca de campeonato. Ha sido salir y empezar a ponerme ropa de abrigo, que ayer todavía había una temperatura bastante agradable. Por cierto, como además de nublado está lloviendo, creo que todavía tardaré un par de días en poder peinarme como Dios manda y colgaros la foto. Que no me olvido, lo prometido es deuda. Pero con esta humedad, o me lo recojo en una trenza o lo llevo a lo afro y molesta. Paciencia, que todo llega.

Día de sofá y tele

No os voy a engañar, no sé que contaros hoy. Se me juntan los días y me parecen todos iguales. Hay veces que me da la sensación de que se me han perdido dos días, así de repente. Pienso que es martes cuando es jueves. La única diferencia es que ya anochece más temprano y amanece más tarde. Hemos pasado de unas 6 horas de oscuridad a unas 9. Si no fuera porque ya sé lo que me va a tocar en invierno, diría que no nos quedaría nada de luz.

Podría contaros que el verano se está acabando a un ritmo alarmante, y que ya llevo varios días con mi chaquetilla “la piojosa” que me acompaña de noche. No pasamos de 26 grados de día y rara vez de 15 de noche. Ahora mismo andamos a 11, pero aunque parezca mentira, la sensación no es tan fría como puede parecer. Me acuerdo estar a 10 grados en el norte de España y estar pelada de frío. Aquí a esa temperatura todavía no enchufo la estufa.

También podría contaros que ante mi aburrimiento galopante busco formas nuevas de fastidiar a los perros, y he conseguido que Histérico se cabree mucho conmigo dándole vueltas en el suelo. Cuando duermen les incordio tal y como ellos me incordian a mí por las mañanas, les hago perrerías con las chuches que les doy… vamos, que no los dejo tranquilos a no ser que esté entretenida.

Por supuesto podría contaros cómo voy con el alemán, del cual reconozco cada vez más palabras, pero que sigo sin saber qué significan la mayoría. Daría lo que fuera por “tomar un café” con alguien y charlar en español… Todavía tenemos pendiente pasarnos por la Casa de España que está en la ciudad, pero es que sin la pegatina del coche no es plan. Hasta que no tengamos un coche con ella, va a ser complicado.

En resumen, que hoy ha sido un laaaaaaaaargo día de sofá y tele salpicado por algún momento de “voy a incordiar a los perretes”, pero aburrido, muy aburrido. Por cierto, para los que no habéis leído los comentarios, mañana es el programa que mandan a dos pijitos a España. Así que mañana os cuento (al menos tendré algo interesante que contar).

Aquí el tiempo está muy loco

Aquí el hombre del tiempo no se equivoca. Si dice que va a llover, ten en cuenta que lloverá. Y como hace unos días dijo que hoy llovería, pues ha caído la de Dios. Que si ayer estábamos a estas horas a 26 grados, ahora mismo tenemos 13. Así, tal cual. Y es que en 24 horas hemos tenido de todo. Un calor insoportable, vientos que nos arrastraban, lluvia, frío… Surtidos en cuanto a clima.

Ayer por la tarde estaba sentada aquí mismo y me derretía del calor que hacía aquí dentro y no hacía más que esperar para ir a la piscina y poder refrescarme. Pero hoy ha llovido, vaya que si ha llovido. Todo el santo día. Y no hemos pasado de los 18 grados ni en plena tarde. Cualquiera se iba hoy a darse un bañito a la piscina.

Anoche incluso tuvimos que colocar de nuevo el nórdico, porque hacía un fresquito que no veas. Si antes digo que tuve que quitar el nórdico, antes me toca volver a ponerlo en su sitio. Y aquí me tenéis hoy, con pantalón largo y una chaquetilla de lana (más conocida en casa como “la piojosa”) y con los pies bien fresquitos. Que yo quería que se fuera un poco el calor, pero de ahí a tener que abrigarme hay un gran paso.

Yo que ayer le andaba pidiendo mi ropa de verano a mi madre, y hoy lo que me haría falta es un jersey de lana. Pero claro, teniendo en cuenta que aquí el tiempo es muy poco constante, fijo que en un par de días vuelvo a suplicarle para que me envíe algo.

Vamos, que me voy a tirar hasta el jueves bien fresquita, y aunque ya estaba cansada de tanto calor, tampoco era necesario llegar al otro extremo en tan poco tiempo. Que al paso que vamos, acabaré con pantalón corto y jersey encima, sólo por si acaso.