¡A la piscina!

Hace algún tiempo me pedisteis que os presentara a Odín, el perro que tenemos en el Campo. Pues no se me ocurre un momento mejor para hacerlo que el estreno de la piscina (que aunque mi padre ya se bañó el fin de semana pasado, hasta hoy el perro no se había metido).

Y es que a Odín la piscina le encanta. Al principio la gente se asustaba cuando veían al perro nadando en el agua sin nadie que le sacara, y no es para menos. Nuestra piscina es pequeña y no tiene escalones, tiene una escalera metálica de mano. Claro, la primera reacción era siempre la de rescatar al perro, pero ya son muchos años en los que Odín se mete solo y sale cuando quiere, sin que nadie le ayude. Menudo vicio le tiene a la piscina… Y para muestra un botón.

Y aunque os parezca raro, no se le puede acercar nadie para tirarlo a la piscina. Si no entra él solo, no hay manera.

Todos los días que vamos, siempre es el primero en tirarse al agua. Se puede pegar un montón de chapuzones a lo largo del día, y le da igual que haya alguien cerca o no. Él llega, mete una patita y si le parece que tiene una buena temperatura se tira. Si no, se da la vuelta y se va.

Pues aquí le tenéis, en su ambiente. Eso sí, en breve ya tendremos que pelarlo, que ya empieza a hacer calor y lo pasa muy mal. Anda que no cambia el pobre animal cuando le quitamos la manta de pelo que lleva. Ya os enseñaré una foto del “antes y después”. Parece otro perro.

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Después de la tormenta…

Hoy ha sido un lunes bastante tranquilo. Después de que ayer saliera el sol por la tarde (ya lo dije, que el tiempo aquí está muy loco), no cayó ni una gota más. Ha dado tiempo a que casi todo se seque, menos el suelo de nuestra entrada, que cogió agua y se ha hinchado la madera. Ahora abrimos la puerta de un empujón con el hombro y procuramos no tropezarnos con el felpudo. Como para salir corriendo de casa.

Hoy incluso hemos tenido sesión de piscina, aunque estaba considerablemente más fría que otros días. Y no creo que fueran cosas nuestras, porque un par de holandeses, de esos valientes que se tiran desde el borde sin probarla siquiera, han puesto una cara de arrepentimiento tremenda. De puntillas por la piscina con los brazos en posición croisant. Estaban para foto (ojo, que yo he entrado igual, sólo que más despacio).

Lo peor para mí ha sido la llegada al recinto de la piscina, que he tenido que coger la bici de mi novio y como una es bastante torpe con ella, nada más le cambian la altura de la barra la lía. Pérdida total e inmediata de la dignidad cuando al ir a bajarme de la bici se me ha enganchado la chancla y me he comido la bici y el suelo como merienda. Ahora tengo dos bonitos moratones en la pierna derecha que me recuerdan que ese objeto maléfico me la tiene jurada.

Además, le hemos dado los peluches a la mujer que me hizo el encargo el otro día que le han encantado. Tanto, que me ha pedido otro más, ¡y todavía más grand! Así que cuando tenga la lana para hacerlo, voy a tener faena para unos días. Además serán otro euretes extra que nos vamos a llevar. No está nada mal después de los 16€ que nos ha dado por los primeros.

Dicen que después de la tormenta siempre viene la calma, y vaya si ha venido. Sólo espero que esta calma dure, y que si se vuelve nublar sólo sea para aguarme la sesión de piscina.

Y para los que tengáis un espíritu cotilla como el mio, en Facebook he subido unas fotos de la tormenta de ayer, que hoy por fin ha vuelto a la normalidad la cobertura y me deja subir fotos.

Rezando por unas nubes

Hay una cosa que nunca habría pensado en encontrarme en Alemania, y hoy la estoy sufriendo con todas sus consecuencias. Estamos en plena ola de calor. Y es que los 35 grados que hemos tenido hoy han sido terribles. No quiero ni imaginarme si tuviéramos las mismas temperaturas que en Andalucía. Asaditos perdidos saldríamos de aquí.

Antes que nada, he de deciros que he pasado un verano entero en Sevilla y he sido la única zumbada que con 45 grados salía de casa a dar una vuelta a las 4 de la tarde. Sí, lo sé, no estoy bien de la cabeza algunas veces. Claro, al volver a mi pueblo con sus 30 y pico grados, me parecía el paraíso. Pero aquí lo estoy sufriendo (bueno, lo estamos) más de lo que podría parecer.

Mi mejor amigo hoy, y que me va a acompañar hasta el lunes que se supone que va a llover, es un spray de esos limpia-cristales lleno de agua fresquita. Y ayuda, pero no es suficiente. Me he echado agua muchas veces y en cuestión de 5 minutos ya estaba “seca”, que las perlitas de sudor nos han acompañado toda la tarde. Si fuera hay 35 grados, dentro tenemos entre 5 y 10 más. Un horno a gran escala. Estoy segura que si llego a poner un bizcocho encima de la mesa de esos de hornear y listo, no solo se habría cocinado, se habría quemado. A eso añádele la humedad, de esa pegajosa que te atrapa en la silla y no te deja moverte. Cualquiera hacía el intento, y menos para salir a pleno sol.

Hemos tenido sesión de piscina, y he de decir que mucho más concurrida que de costumbre (se ve que no somos los únicos que hoy teníamos mucho más calor). Pero a la vuelta nos acechaba la “madre postiza” que paseaba a su perro, así que hemos tenido que hacer un camino más lento, no vaya a ser que me vea despeinada y le de otra vez por querer cortarme el pelo. Que yo me lo recojo en un moño y tan fresquita que voy, no necesito que ningún alma caritativa me alivie de estas temperaturas cortándome mi melena. Así que ahí estábamos los dos, a pleno sol, a las 6 de la tarde, en bañador y sin una mísera sombra. Hemos llegado a casa con la lengua fuera y buscando desesperadamente el agua fresca de la nevera.

Son casi las 12 de la noche y estamos a 26 grados. Os juro que va a ser la primera noche desde que pisé suelo teutón que voy a dormir sin el nórdico. Y no me llaméis exagerada, que mi novio que es mucho más caluroso se ha apuntado a dormir bajo él todas y cada una de las noches. Sólo nos queda esperar al lunes y, con un poco de suerte, que refresque. Porque si no, pienso mudarme a la piscina indefinidamente.

¡Me derrito!

En Alemania hace fresquito, decían. Allí a penas hace calor, decían. A traición, así me colaron el concepto del clima en Alemania en verano. Porque estoy sufriendo un calor horroroso estos días. Hay veces que temo comenzar a derretirme en cualquier momento como los helados que me como.

Que estamos ni más ni menos que a 32º a eso de las 5 de la tarde, y si a eso le sumamos el horno en el que vivo, la temperatura sube de una forma asombrosa. En este lado del camping no hay ni un mísero árbol que nos dé sombra, y para colmo la mitad de las ventanas están de adorno. Resulta que el “lumbreras” (por no decir algo más fuerte) que construyó la caseta que nos hace de salón y cocina y que tiene un tejadillo sobre la caravana (menos mal, algo hizo bien) decidió que eso de que las ventanas se abrieran era una tontería. A ver si puedo explicarme.

En la caseta tenemos en total 3 ventanas, de dos hojas cada una. De ellas, sólo 2 se abren, eso sí, una hoja que está partida en horizontal y es corredera hacia abajo. Vamos, que el hueco que queda realmente abierto viene a ser un cuarto de ventana. Corriente, poca. Y en la caravana solo se abren las dos de los extremos (y una de ellas es de la cocina, los que alguna vez habéis estado en una sabréis por qué lo digo, el resto, mejor visitar San Google). Las otras 3 ventanas coinciden con las columnas que sujetan el techo del tinglado, así que es imposible abrirlas.

Pues ahí estamos los 4 a las 6 de la tarde con la lengua fuera, la puerta abierta de par en par a ver si tenemos algo de suerte y no solo entra el sol y cambiando de silla porque se recalientan las que están pegadas a la pared, como el mini-sofá. Que si tuviéramos algún mueble de piel, no nos despegan ni con espátula.

En esos momento lo único que ayuda es la piscina, que como tiene árboles altos alrededor casi nunca le da el sol y está fría del carajo. Así que las opciones son o morirnos de calor o pegarse un chapuzón en una piscina que con suerte alcanza los 22º. Que cuando llevas unos minutos en el agua el cuerpo se acostumbra, pero la impresión que da al meterse, corta la respiración.

Ni quiero imaginarme si algún día tenemos una ola de calor de esas bestias de 42º. Ahí directamente me meto en la mini-nevera y no salgo. Pero lo que más me sigue desconcertando es tener que dormir con edredón, que de noche hace fresquito y eso de dormir con una sábana implica pillar un resfriado.

Sueño con el día en que sale nublado y llueve un poco, que al menos nos da un respiro. Según el hombre del tiempo, el jueves lloverá. Espero que como los últimos 3 meses no se equivoque, que yo cuando rezaba para que llegara el verano no contaba con que esto iba a ser un horno a lo grande.

Por cierto, tenéis una pequeña actualización en “Curiosidades del blog”.

Ahora si, el verano ya está aquí

Hoy, después de varios días he podido ir a bañarme a la piscina. ¡Por fin! Y es que estando a 35 grados es lo que más apetece. Aunque todo hay que decirlo, fría del carajo. Que según han comentado, está a unos 18 graditos nada más. Pero bueno, una se mete poco a poco y listo.

Y siento deciros que al final no fui capaz de tirarme de bomba, por la sencilla razón que cuando sacaba los hombros o los brazos de agua, el cuerpo se acostumbraba al calor en seguida y meterlos de nuevo era un poco tortura, así que ni quiero imaginarme salir entera para tirarme de bomba. Me da un infarto fijo.

Yo que pensaba que este año el bikini se quedaba en el cajón… Al final va a ser mi mejor amigo aquí en el camping, que la caseta que hay adosada a la caravana se vuelve un auténtico horno a media tarde y no hay quien aguante. Es lo que tiene una construcción de madera sin nada de aislante. Que cuando te quieres dar cuenta, estás asada como un pollo. Y la mini-nevera solo tiene capacidad para un par de botellas, así que las bebidas frías escasean. No se de que se quejan los alemanes de que aquí no hay sol, si aquí también hay, y no veas lo que pica cuando aprieta.

Y ahora, una buena noticia. Después de haber trasteado el móvil de mi novio durante días (ya que las descargas eran realmente desesperantes a 10kb/seg, imaginaros descargar archivos de 500Mb lo que tarda)  he conseguido que despierte del coma, aunque solo sea por unos minutos. ¡Un punto para mí! Ahora resulta que después de arreglarle el sistema, lo que tiene jodido es la batería. Un arreglo de poco más de 6€. Genial. Y he averiguado de camino que lo que le pasaba al mío es lo mismo, la batería también. Así que puedo apañarlos los dos por unos 15€. Lo malo es que tengo que pedirlas por internet. Al menos, siguen respirando, aunque sea de vez en cuando.

Y os voy a dar un consejo a los que tengáis móviles con más de un año. Las baterías no duran más de año y medio, así que tener ojo, que en el momento que cumplen año y medio, se estropean casi todas. Y lo malo es que cuando se rompen, algunas afectan al móvil, así que guardaros lo que no queráis perder en el PC. Mi novio lo ha aprendido por las malas, ya que al final ha perdido todas las fotos que tenía en el móvil y la mayoría de números de teléfono.

Por cierto, acabo de matar un mosquito que si me hubiera picado, me deja seca. Eso parecía más un avión que un bichito volador. Sin exagerar, ¡3 centímetros de largo! Dios, menudo bicharraco. Me ha dejado la chancla para el arrastre. Este lo quito de la suela con espátula.

Si, si, si, el verano ya está aquí

Por fin ha llegado el verano, que yo pensaba que este año no iba a verlo ni de pasada. Y es que hemos tenido hoy unas temperaturas geniales. Unos muy bien recibidos 22 grados que invitan a pantalones cortos (que no tengo) y tirantes.

Solecito, cielo azul, buena temperatura… ¡y en breve piscina! Que al parecer la dueña del camping ha decidido que sí merece la pena llenarla para que nos bañemos. Así que en un par de días me veo bañándome en bikini. Bueno, yo y los otros 100 holandeses que se nos han instalado con las caravanas en la zona de acampada al lado de la piscina.

La dueña debe estar contenta, que ha metido caravanas en cualquier hueco que ha podido. Más o menos 50 caravanas con parejas de holandeses o grupitos que plantan el chiringuito (con sus plantas incluidas) en cualquier sitio que les dejen. La que lleva el record de plantas, le he llegado a contar 17 macetas de barro con plantas de unos 30 cm de altura. Yo me pregunto donde las meten todas en el trayecto sin que se rompan ni estropeen, que esta gente viene de muy lejos y no estamos al final de su viaje, más bien somos una parada a mitad de camino.

Nada, que continúe el tiempo así una temporadita que yo quiero coger algo de color antes de que llegue de nuevo el frío. Que aunque os parezca mentira, soy la más blanca del camping. Vergüenza me doy. Todos y todas luciendo moreno de todos los tonos posibles. Que alguno parece “natural” pero otros son de un tono un tanto anaranjado que parece que se han dado una friega con Risquetos. Es lo que tiene el moreno postizo mal hecho.

Lo único que ha empeorado con el sol son los ruidos. El terreno de al lado han estado cortando la hierba con un tractor y un camión y pueden estar horas dándole pasadas una y otra vez. ¿Que acaso la primera pasada no lo dejó lo suficientemente bien? Creo que hoy ha sido ya el 4º día consecutivo que a la hora de la siesta se ponen a dar pasadas. Aclaro que en casi todas ellas da la vuelta a escasos 3 metros de la caravana, así que os podéis hacer una idea del escándalo que hace. ¡Así no hay quien aprenda alemán con la tele!

Bueno, yo contenta de que mañana o pasado podré sacar el bikini del cajón y disfrutar del solecito que tanto echaba de menos después de estas lluvias. Solo espero que mi novio no monopolice la tumbona buena en las horas de sol para poder usarla, que la otra es una rebienta-espaldas.