Mis botones

Aquí estoy, en la terraza de un restaurante escribiendo mientras el resto de la familia juega a las cartas. Yo lo siento, pero si hay dinero por medio no juego, que luego cuando abro la cartera tiembla. Bueno, así aprovecho y os cuento lo que pasó hace unos días. Tenía ganas de contarlo antes, pero me puede el cansancio. 

Vino un cliente a reparar la pantalla de su móvil, y esta fue más o menos la conversación que mantuvimos:

– Perdona, pero a mi móvil le faltan los botones de abajo, los que van en la parte blanca (con el tono algo subido y mala leche por haber tenido que esperar 10 minutos a que le tocara el turno) Yo cuando lo traje tenía aquí dos botones, el de menú y el de “atrás”.

– Perdone, pero este modelo no lleva botones ahí abajo, los lleva directamente en la pantalla tal y como se ven aquí abajo, tres botones virtuales en la pantalla, no en el cristal que hay justo debajo. (No tengo yo otra cosa que ir robando botones inventados a los clientes. Paciencia…)

– No, este tenía botones, que yo lo sé. Cuando yo lo traje tenía, y ahora ya no los tiene. 

– (Espera que entramos en bucle) Están aquí, justo encima. De verdad que este modelo no tiene botones físicos, los lleva en la pantalla. (Me dan ganas de pintárselos con el permanente a ver si así se conforma)

– No. Algo le habéis hecho que ya no tiene botones. (Claro, en un ataque de hambre me los he comido)

– (Ya me veo en bucle los próximos 15 minutos. Acortemos esto) Espere un minuto.

– (A Roxu) ¿Te importa ir y explicarle al señor que su móvil no tiene botones físicos?

– (Roxu) Claro. Voy.

– (Roxu al cliente) Perdone, pero este móvil sólo dispone de los botones virtuales, aquí abajo no tiene nada.

– A, pues igual lo confundí con el otro. Gracias. (Y con buena cara y todo…)

¡Gracias! ¡Le dio las gracias por decirle lo que yo llevaba 5 minutos repitiendo! No me toman en serio ya ni con el uniforme puesto. Desde luego, ya hacía tiempo que no me topaba con ningún “espontáneo” de estos, pero se ve que ya tocaba. 

Me repatea las tripas que la gente me siga haciendo esto. No me acostumbro a que la gente me tome por tonta. En fin, yo que esperaba algo más de consideración cuando tuviera el uniforme que pusiera “TALLER” y nada, ni con esas…

Aquí las tenéis…

Sé que lo prometí hace días, pero hasta hoy no había podido subirla. Entre la conexión “prestada” que no andaba fina y el ordenador que me la andaba jugando, realmente era difícil. Pero de hoy no pasa. Aquí tenéis la foto con ese objeto tan querido para mí. ¡Las puñeteras peinetas que me he clavado tantas veces en la cabeza!

Que como elemento decorativo vale. Pero para trabajar… Quien tuvo la genial idea era porque no tenía que llevarlas, fijo. No podía ser otro tipo de adorno. Tenía que ser uno rígido y grande para que se enganchara en todos lados y doliera.

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Bueno, hoy soy breve que mañana me espera un día ajetreado. Será el primer día que tenga turno doble en el trabajo, y espero que el primero de una larga lista. Así que me voy a descansar que mañana tengo que estar bien fresca.

Ajetreo con alegría

Hoy ha sido un día bastante ajetreado. Me he pasado gran parte del día buscando algunas cosas para el uniforme de mi novio ¡que mañana ya va de traje! Claro, hay cosas que sí que las tiene. Pero algunos detalles (como el alfiler para la corbata) pues había que buscarlos. El uniforme tiene que ir perfecto, o al menos intentarlo. Eso sí, no imaginaba que una pieza tan pequeña pudiera costar tanto.

Me he recorrido varias tiendas buscando el dichoso alfiler. En cada una que iba me decían que buscara en tal otra que quizá tuvieran. Los pocos que he visto eran carísimos, uno normal de acero 60€. ¡Para que luego en un despiste lo pierda! Ni en broma. Que yo sé que tiene su trabajo, pero es para trabajar, y no me fío mucho de que lo mantenga en su sitio sin perderlo con tantas horas como hace y lo que se mueve (hay que ser realistas). Pero bueno, al final he conseguido uno de plata por 20€ en una joyería muy mono.

Al llegar a casa, mi madre ha querido gastarle una broma y en la cajita le hemos colocado un clip tamaño gigante en lugar del alfiler. Vaya cara se le ha quedado al verlo, todo un poema. Y por no darme un disgusto, ha empezado a decir que era original y cosas por el estilo. Al final le hemos dado el bueno, pero la cara que ha puesto al principio no tenía precio. Ahora sólo quedan los zapatos y la camisa, que irá mañana por la mañana nada más levantarse. Con eso ya tiene todo el traje completo y a trabajar ¡por fin en su nuevo puesto!

Por otro lado, ¡hoy he firmado mi contrato! Oficialmente tengo trabajo, y cotizando y todo. La de años que no firmaba yo algo así… No son muchas horas (aunque pagan las extra, que por lo visto habrán bastantes), pero ya es un ingreso asegurado hasta noviembre. Casi 6 meses de contrato con vistas reales a quedarme para más tiempo. Eso es que les habré gustado, digo yo. Y no sólo yo, la otra chica que ha entrado conmigo también se queda. La verdad es que no puedo quejarme de las compañeras y los encargados que me han tocado. El ambiente es genial.

Así que nada, de momento tranquilidad para unos meses, que ya es decir. Quién me iba a decir que desempolvaría mi antiguo delantal para volver a la misma empresa y tendría para usarlo 6 meses como poco… ¡Que me quedo en la empresa! Eso sí, el ibuprofeno corre que da gusto. Eso o acabo arrastrando la pierna derecha la última media hora. Cuestión de costumbre, que hacía mucho que no me movía tanto. Y esta semana tengo un turno sola en cocina. Menos mal que me lo han dado para un día tranquilito.

Para escurrirlo

Buff… La virgen, menudo día de faena. Ha sido el más fuerte desde que estoy allí trabajando, y con diferencia. No cabía un alfiler desde que he entrado. Tengo el uniforme como para echarse a llorar de churretes, y no es para menos con todo lo que me ha pasado hoy.

Me ha tocado office (limpieza de platos, jarras…) y he tenido varios percances. Al limpiar un bote por dentro, lo he sacudido con agua y he acabado con el hombro derecho lleno de salsa brava. Luego me he tirado por encima un vaso de aguachirri del fregadero (muy agradable, oye). Y para rematar la faena lamparones varios con una bandeja llena de salsa. Un cromo, vamos.

Pero ahí no ha quedado la cosa. Al colocar en su sitio una escoba, me he comido LITERALMENTE el recogedor. Estaba colgado en la pared a la altura justa para comérmelo al girarme. Un gustazo, oye. Y por si no fuera poco, al sacar la basura la bolsa se ha roto en mitad de la calle y me ha tocado llevarla rodando hasta el contenedor recogiendo lo que se salia. Menudo pringue llevaba en las manos.

Entre unas cosas y otras, juro que el uniforme está para escurrir. Desde la camisa a los zapatos. Y el gorro se ha salvado porque lo tenía en la taquilla, si no seguro que habría acabado lindo de churretes. Vamos, no pueden decir que hoy no he trabajado.

Menos mal que tengo libres un par de días, así me da tiempo a lavar todo el uniforme para el próximo día. Que por cierto, tengo horario para esta semana que viene, así que supongo que el contrato está al caer. ¡Yuju!

Bueno, yo creo que ya he superado el periodo de prueba. Eso sí, voy a tener que acostumbrarme a los domingos así, que me temo que van a ser todos iguales o incluso peores. Con lo que me gustaba antes el oficce y ahora rezo para que me pongan en la cocina…

A la espera de veredicto

Bueno, mañana es mi último día de prueba en el trabajo. Si todo va bien (que yo creo que sí) a partir del lunes a trabajar con contrato. ¡Bien! Si no recuerdo mal, el último contrato fue en la ciudad para la misma franquicia hace 3 años. Madre mía, cómo pasa el tiempo.

Estos días de prueba me han felicitado varias veces por cómo trabajo. Siempre le sube la moral a una cuando le dicen lo bien que lo hace. Aunque hoy te tenido un pequeño “incidente”. Resulta que en el horario que me dieron ponía que hoy entraba a las 20:50. Claro, yo leo eso y pienso que entro a esa hora. Pues resulta que no, que en realidad quería decir que entraba a las 20:30. Que el programa que calcula la nómina tiene un problemilla y esa es la forma de decirle que en lugar de entrar a “en punto” se entra a “y media”. Por supuesto he llegado tarde. Hay que ver lo complicado que lo hacen. Y una que no es adivina… Menos mal que el encargado ha sido comprensivo.

Menos mal que la faena ya ha empezado después de que llegara. Con aquello de que el cielo andaba que si llueve o no, ha sido una noche tranquila. Mañana nos va a tocar la de Dios, que es día de oferta. Con deciros que mañana estamos todas por la noche… Ningún otro día estamos todas. Así que nos van a dar faena para aburrir.

En fin, que yo creo que me quedo. La verdad es que me encantaría, es un trabajo en el que estoy a gusto y las compañeras y encargados son todos geniales. Lo único malo es que el dolor de espalda ha vuelto. Se ve que el primer día iba un poco “puesta” con el ibuprofeno para la migraña y no me di ni cuenta. Pero como hoy no me he dopado, ha vuelto. Supongo que también es cuestión de acostumbrarse, pero es lo que hay. Eso sí, lo bueno compensa con creces lo malo.

Por cierto, todavía tengo pendiente subir la foto con las peinetas. Para quien tenga dudas, son peinetas, peinetas de verdad. No es una forma de llamar a algo que me ponga en el pelo. Son peinetas de flamenca de toda la vida, y no pequeñas precisamente. No imagináis la cantidad de veces que me las engancho por ahí al cabo del turno (y lo que duelen las puñeteras al clavarse con los golpes…)

Ensayo con risas

Hoy, tal y como dije, me he puesto a practicar el ponerme todos los trastos que tengo que llevar en la cabeza para trabajar. Me he mirado al espejo y me he descojonado de risa al verme. Así, sin más.

Entre el moño (que no me sale pequeño ni queriendo), las dos peinetas (sí, tengo que llevar dos de colores diferentes) y el gorro (de cocinero, negro y con velcro) voy a llevar la cabeza más decorada que nunca. Yo que soy de peinados sencillos y los adornos no son mi fuerte así en general, eso de tener que ir perfectamente peinada todos los días va a ser muy raro.

Acostumbro a salir de la ducha, desenredarme el pelo y arreando. Sólo cuando me da el puntazo me peino propiamente dicho (una vez al mes si llega), y ahora tengo que llevarlo recogido en moño 5 veces por semana como poco. Por lo menos iré fresquita.

De verdad que el que puso como norma las peinetas seguro que era hombre. A ninguna mujer se le hubiera ocurrido poner semejante cacharro en la cabeza de nadie para trabajar a diario. Y menos todavía para tener que esconderla dentro de un gorro según qué momentos. Eso o venganza pura y dura. Me va a doler la cabeza con tanto peso, me lo veo venir.

Que yo lo del moño lo veo cómodo, y más en una cocina que parece más una sauna con el horno abierto. Pero bueno, es lo que toca. El caso es que en un primer momento se olvidaron de darnos las peinetas. Lo comenté medio en broma por el recuerdo que tenía de las antiguas grandes y horteras, pero resultó que sí que las teníamos que llevar. Maldita la hora en que abrí la boca. Por lo menos me podría haber librado el primer día.

En fin, es el uniforme que nos toca. Eso sí, no pienso ir al trabajo con las peinetas ya puestas. Demasiado que voy a ir con la camisa ya puesta con el calor que hará dentro de poco. Pero desde aquí reivindico que los hombres también las lleven, aunque sean pegadas con cinta aislante. Con lo cómodos que van ellos… En momentos así, me volvería a rapar la cabeza.

Esta vez no me libro

He descubierto que la anterior vez tuve mucha suerte con el tema del uniforme. No me obligaban a llevar un complemento (casi diría que nos lo tenían prohibido) y me permitían taparme las orejas y punto. Pero eso ha cambiado. Hoy he ido a recoger el uniforme y a conocer a los encargados y la compañera que entra a la vez que empiezo yo. Todos parecen muy majos, y mi nueva compañera me ha sorprendido.

Cuando hemos terminado la reunión (que ha tenido sus cosillas) me ha dicho que yo le sonaba. Tendiendo en cuenta que esto es un pueblo pequeño no me extraña, aquí nos conocemos casi todos aunque sea de vista. Pero ella estaba segura de que me conocía de algo más. Así hablando un poco de todo, ha salido el tema de la danza del vientre, y resulta que me ha reconocido porque me ha visto bailar varias veces y se acordaba de mí. ¡Si es que el mundo es un pañuelo! Ella está recibiendo clases con la que ha sido mi compañera todos estos años. ¡Y también baila!

En cuando al uniforme, tal y como sospechaba tengo que quitarme absolutamente todos lo que no sea el uniforme en sí. Los piercings, anillos, reloj… Y me han dejado que lleve los pantalones que quiera mientras sean negros. Bien, así iré más cómoda, porque los que me han intentado dar me venían pequeños y un poco pesqueros.

La gran diferencia es que aquí me obligan a llevar el gorro y ojo, ¡peinetas! Dos peinetas que tengo que lucir cada vez que me toque salir de cocina. De verdad que no sé cómo me voy a apañar para llevar un moño (vamos, con lo “pequeñito” que me queda a mí cuando me lo hago) el gorro y las peinetas. ¡Que no tengo tanta cabeza! Voy a tener que ensayar este fin de semana para que entre todo y el moño no haga que me duela la cabeza del peso.

Por lo menos aquí las peinetas son monas, la vez anterior eran mucho más grandes y feas. Menos mal que me libré porque el dueño se negó a que las empleadas las lleváramos unos meses. Aquellas habrían sido muy humillantes. Estas… bueno, por lo menos no pesan ni abultan demasiado.

Bueno, el martes es el GRAN DÍA y por fin me pondré en marcha. Esta semana que viene va a ser suave, pero ya nos han avisado de que luego habrá mucha más faena. Menos mal que nos van a dejar tiempo para adaptarnos, que aunque ya lo conozca,hace 3 años que salí de allí y tengo que volver a coger el ritmo. Pero oye, con ganas de que llegue ya el martes ¡para ir a trabajar! Aunque ni muerta voy con las peinetas por la calle…