Noche trágica en el pueblo

Ha ocurrido algo algo terrible. A nosotros no nos ha pasado nada, pero nos ha dejado en shock. Uno de los repartidores de la pizzería donde trabaja mi novio ha tenido un accidente de coche y no ha sobrevivido. Me acabo de enterar. Fue el mismo que tuvo que traerme cuando la mujer del pizzero se negó a que yo trabajara estando ya en la tienda.

Ha sido un accidente terrible, anoche salieron al mismo sitio al que fuimos el otro día (y que él no estaba porque se había ido con la novia) y el accidente ha sido a 1 km escaso. Iban 4 en el coche que se estrelló contra un muro y ninguno ha salido de él. 4 familias destrozadas en un segundo. El chico era el que mejor se llevaba con mi novio, que estaba muy triste cuando me lo contaba por teléfono desde la pizzería.

Y he de decir que el pizzero ha tenido poco tacto. Lo único que ha hecho ha sido decírselo a mi novio. Para él no es más que un día de trabajo a pesar de que el chico llevaba años trabajando allí. Me parece muy triste.

Me he puesto a pensar. A veces a mi novio lo recogen para ir a la pizzería, muchas de ellas era el chico del accidente quien venía. Si ayer hubiera ido (estaba muy fastidiado por la visita al dentista y estaba de baja) quizá luego se habría ido con él a tomar algo como el resto, y quizá hubiera ido en ese coche. Me tiembla todo sólo de pensarlo.

Descansen en paz y que esas 4 familias puedan encontrar consuelo algún día.

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Olores desubicados

Mi novio, por lo general, vuelve de la pizzería oliendo a tomate o pizza (que por cierto, me entra un hambre terrible) y me deja con las ganas de zamparme una de ellas. Con lo ricas que esta… con su tomatito, su queso, su piña (sí, soy de esas a las que le encanta la piña en la pizza o en cualquier plato caliente, qué le vamos a hacer) su jamón… Uy, un buen plato de pollo con piña me comía ahora mismo. O de cerdo agridulce, o cualquiera de un restaurante chino de los de verdad. Voy a dejar de pensar en comida que si no me desvío.

Pues hoy mi novio viene oliendo a la colonia esa de Nenuco. Claro, me ha extrañado, no es un olor muy común en una pizzería. Que yo me preguntaba qué pinta un bote de Nenuco allí, y mejor todavía, por qué dos hombres se han tirado un chorrito encima. No es que me disguste, de hecho creo que no hay nadie a quien no le guste ese olor, pero me ha resultado un tanto extraño. Pero la verdad era todavía más rara.

Resulta que no es colonia, es un desodorante italiano que el pizzero tiene y se han dedicado a perfumarse antes de volver a casa. Qué queréis que os diga, pero a mí me resulta extraño un desodorante con ese olor. Que un hombre hecho y derecho vaya oliendo todo el día a bebé, pues como que no lo veo. Y es de esos que duran, que lleva un rato aquí sentado y todavía me llega de vez en cuando una ráfaga de ese olorcillo.

Hablando de comida, mami, cuando llegue quiero un plato de arroz con ternera de los tuyos. Es recordarlo y se me hace la boca agua con lo rico que está. ¿Y que no sea capaz de hacerlo yo y que sepa igual? Es cierto, como la comida de las madres, ninguna. Y las tartas ya ni os cuento.

Bueno, creo que voy a tener que irme a hacer la cena porque si no, os seguiré hablando de comida. No imagináis las ganas que tengo de volver a comer los platos de mi madre. Y también de ir a comprar algo y no tener que preocuparme por si pica, que todo hay que decirlo.

Daños colaterales

La Virgen con los celos. Desde luego, hay gente que no tiene medida con ellos, y a mí me repatean. Hacen que la gente sea mala y desconfiada con lo más mínimo, y sí, complican la vida. Si alguien quiere engañarte, siendo celoso no vas a conseguir que siga a tu lado. Se va a ir con otra en cuanto tenga la oportunidad. Y si te quiere, da igual quien se pase por delante suya, le va a dar absolutamente igual.

¿A qué viene todo esto? Pues que por culpa de los celos mi tarde no ha acabado tal y como había empezado. A eso de las 14:00 el pizzero llama a mi novio. Que vayamos a trabajar un rato a la pizzería esta tarde y hagamos los dos el turno completo. Me emociono. Es salir de casa y sentirme útil. Me visto, me peino (los pelos de loca no creo que vayan bien en una cocina) y apaño el salón para que los perretes no puedan comerse nada que no deban en las casi 6 horas que estaremos fuera.

Una vez en la pizzería, mi novio y el pizzero intercambian algunas palabras y el coche del repartidor se para en la puerta. Mi novio sale a verle y me llama. Me dice “ale, tú a casa” y nada, vuelta a mi “amado” sofá. No me ha dado tiempo ni de quitarme la chaqueta. 10 minutos exactos han pasado desde que he echado la llave para irnos hasta que la he vuelto a abrir. El camino de la puerta del camping donde me ha dejado el repartidor hasta la caravana dándole vueltas al asunto. ¿Qué habrá pasado? Se me pasan varias ideas por la cabeza, pero la que más fuerza tiene es la de que la mujer del pizzero no quiere que yo vaya. “No creo, iba con mi novio, no sola”.

Y hace un momento mi novio ha vuelto. Confirmadas mis sospechas. La mujer me ve como una amenaza y no quiere que esté allí, ni siquiera acompañada por mi novio. Menuda celosa. Estoy casi segura de que le ha dicho al marido que como meta a una mujer (sea la que sea) a trabajar en el negocio, se divorcia. Al pobre lo tiene atado bien corto. Que ella tenga cara de perro no significa que él se vaya a ir con otra a la mínima de cambio.

En fin, día frustrado de trabajo justo antes de empezar. Y todo por culpa de los celos. La he visto una sola vez y durante un minuto, pero esa mujer ya me cae mal. Y ahora sí que queda totalmente descartado que yo vuelva a trabajar allí, ni siquiera acompañada. Esta es de las que los disgustos tienen que llegarle a pares…

Mi primer trabajito

Sé que estáis deseando que os cuente sobre mi incursión en el mundo laboral por breve que haya sido. Y es que esas dos horas que he pasado en la cocina del restaurante han sido geniales. Para empezar, ha sido tal y como predije. Todo un batiburrillo de idiomas. Entre los que estábamos allí, han habido palabras en alemán (si, yo también he dicho alguna), en italiano, en español y alguna suelta en inglés. Viva la variedad.

El trabajo ha sido sencillo, preparar algunos ingredientes, ensaladas (hay que ver lo que gusta por aquí la mixta de toda la vida) y fregar sartenes. Pero ha estado bien. He tenido cosas para hacer desde las 5 que he llegado hasta las 7 y algo que mi novio ha venido a hacerme el relevo. Quitando el problemilla lingüístico con algunas cosas (los nombres de algunos ingredientes no los sabía mas que en español) me ha sentado genial volver a verme trabajando después de tanto tiempo. Iba con un poco de miedo por si no daba la talla, pero creo que lo he llevado bien. De verdad que necesitaba algo así.

Ha habido mucho ajetreo, los domingos son los días fuertes. Pero algo tenía que darle el toque cómico a la tarde, por supuesto. Cuando llevaba más o menos una hora allí, ha venido la mujer del pizzero. Ella con los peques. Los peques ni se han fijado en que yo estaba allí, pero la mujer sí. Me he girado (yo estaba fregando) y la he saludado. Sólo os voy a decir que si las miradas mataran, yo no habría vuelto a casa hoy. Me ha mirado como si yo fuera una intrusa allí. No exageraba ayer el pizzero cuando quería que la conociera antes de ir hoy.

Si hubiera ido con ropa “inadecuada”, pues lo hubiera llegado a entender. Pero he ido con una camiseta de cuello alto y manga corta, vaqueros y las deportivas más cutres que tengo (las que uso para ir por el camping o a trabajar si se da la ocasión). Todo adornado con un moño para que el pelo lo moleste. Vamos, que no iba de pasarela. Pero a la señora le ha sentado mal que yo estuviera allí. Y por lo visto le ha echado la bronca al marido antes de irse. Luego me enteraré de todo lo que ha pasado.

En general ha sido una buena tarde, pero ya no tengo ninguna duda de que no voy a volver a la pizzería si no es como cliente. Espero que no tarde una eternidad en repetirse. Por cierto, la ciática no ha hecho aparición, así que quitando un ligero dolor de espalda, voy bien.

Y como lo prometido es deuda, aquí os dejo la foto que lleváis esperando una semana. Es de ayer, pero al final me olvidé de subirla. Si tengo que esperar a que haga sol y tenga fotógrafo, podían haber pasado meses. Al sol se ve más rojo. Me la hice en mi terraza. Esas son las vistas que tengo desde la cocina. Y una última cosa. El tinte que elegí no me gusta. No es tan bueno como el que me puse en España hace casi un año y la parte que llevaba “natural” de hace un año, se ha quedado más oscura que el resto. ¡Esta soy yo cuando me peino!

pelazo

Sin darme cuenta

A traición, así es como he acabado esta noche entre trapos y estropajos. Y es que si a mí me dicen “ven a recogerme al trabajo”, yo (que puede que sea un poco ingenua) me creo que sólo voy a recogerle al trabajo, así, sin más. Pero como mi novio sabe que me apunto a un bombardeo, pues aprovecha.

Primero os voy a poner un poco sobre antecedentes para que sepáis de qué va el tema. Mi novio a venido a casa después de trabajar en el restaurante para cambiarse, y me ha dado una noticia ligeramente mala. Resulta que los jefes majos que tiene allí, no son todos majos. Le faltaba uno por conocer que ha estado de vacaciones hasta hoy. Es un prepotente que se cree que tiene un restaurante de esos “modernos” y exclusivos a los que van sólo personas con mucho dinero. Perdona, chato, pero tienes una pastelería que tiene un par de mesas de restaurante, no te equivoques. Y se ha enterado hoy de que mi novio, además de trabajar allí y en el almacén, trabaja algunas horas en la pizzería. Pues con todo su morro, le ha dado mañana turno de tarde, sólo para que no pueda ir a trabajar luego. En fin, gente egoísta.

Cuando se lo ha dicho al pizzero, se ha enfadado un poco, mañana es el día de la semana que más trabajo tiene. Pero mi novio, que todo lo arregla pronto y sin decirme ni una palabra a mí, le ha dicho que yo mañana voy hasta que él salga. No hubiera estado mal decírmelo antes, pero bueno. Yo estaba delante y más o menos me he olido el percal por lo que iban diciendo. De repente me dice “ven, entra en la cocina que te explique lo que tienes que hacer mañana”. ¿Perdona? ¿A dónde voy yo mañana y a hacer qué? Pues a currar a la cocina, preparando ensaladas y haciendo de lavabajillas.

Que no me importa ir, al contrario, se agradece el hecho de sentirme útil. Pero luego me ha enganchado y he acabado limpiando la cocina de la pizzería. Pero he de reconocer que ha sido muy fino, hasta que no había limpiado un par de muebles y unos cuantos cacharros, no me he dado cuenta de que realmente estaba trabajando como una más. Menuda cita más romántica para un sábado noche.

Bueno, al menos mañana estaré entretenida un par de horas, el tiempo que mi novio tarde en acabar de trabajar y hacer el camino. Me va a sentar bien sentirme útil para variar. Ya os contaré mañana como acabo, que temo que la ciática me deje coja y hace un par de días se me acabaron las pastillas. Así que será una tarde/noche interesante. ¡Un curro por fin! (Aunque sea cortito)

Calladitos están más guapos

Hoy me he dado cuenta de que a partir de ahora mis fines de semana van a ser de lo más aburridos. Sola desde que me levanto hasta ya entrada la noche. Porque entre trabajo y trabajo, mi novio pasa entre media hora y quince minutos en casa para cambiarse de uniforme. El pobre trabaja más horas que un reloj. Lo bueno es que al menos se lleva bien con la gente de la pizzería y del restaurante. Eso se lo hace todo mucho más llevadero.

Pero claro, siempre puede llegar algún indeseable a trastocarte la tarde de trabajo. ¿A que no sabéis quién ha ido esta tarde a pedir unas pizzas? No tenemos demasiados conocidos, así que no creo que os resultara muy difícil. ¡Los vecinos “majos”! Que de verdad, éramos más felices cuando sólo saludaban.

Después del intento inútil del padre para que volvamos a llamar a la empresa, se ve que los rencores han vuelto y no han podido callarse cuando han visto detrás del mostrador. Muy “majos” ellos, lo primero que han soltado después de los “hola” y “cómo tú por aquí”, han entrado al cuello. Que si declara a hacienda lo que está trabajando ahí, que tiene que estar asegurado, que si no tiene que dejarlo… ¿A ellos que más les da? Anda y que se vayan a donde picó el pollo. Que sí, que lo ideal sería que también estuviera asegurado, pero eso ya depende del dueño. Él de cara al público está de prácticas. Vamos, que no cobra, que va a aprender. Así se ha quitado de encima a los vecinos “majos”.

Se están dando cuenta de que han perdido la oportunidad de tener un buen empleado por haberme rechazado a mí, y me alegra que ahora lo vean ir y venir todos los días, incluso cuando se supone que libra, cada vez con un uniforme diferente. Tenían que haberlo pensado antes, porque si al menos no me hubieran engañado, quizá las cosas habrían ido de otro modo. Pero como no, ajo y agua para la familia al completo.

Que de rencorosos está el mundo lleno, no hay duda. Pero esta gente que por desgracia nos ha tocado cerca, ya podrían pasar más tiempo educando a su hijo (que se está asilvestrando por momentos) y dejarnos en paz. Que son como el perro del Hortelano, ni comen, ni dejan comer