8+4 

A la espera estoy de que llegue mañana por la mañana. ¡Por fin voy a verle! Previo pago, claro. Para verlo por la seguridad social todavía queda casi un mes… Estoy ansiosa, ¡la primera foto! Y mientras, voy contando.

Ya he sufrido el primer bajón de azúcar bestia. Ufff… Qué mal lo pasé. Tuve que mandar a Roxu a por comida, no podía ni levantarme de la silla. Las náuseas ya las voy medio-controlando. Quitando ese episodio del viernes, con comer cada 4 horas más o menos va bien. Poco pero muchas veces. Vamos, lo que el estómago me permite. Lo que realmente me toca las narices es que hay un montón de comidas que me encantan pero que soy incapaz de probar en estos momentos. Es fácil saber si seré capaz de comerme algo. Pienso en esa comida, y si me dan arcadas es que no voy a poder hincarle el diente. Rápido y fácil. Amagada me tiene… La única relación que he encontrado de momento es que mientras más insípida es la comida, mejor la tolero. 

Bueno, a ver si consigo dormirme que en un rato toca estar en pie para ir de visita. ¡Por fin! ¡Yuju! 

Anuncios

Kilos y kilos

Todavía arrastro algunos kilos encima de nuestro viaje a Asturias de hace un par de semanas. Lo malo es que se me están juntando con los de las fiestas y al finar me va a costar lo mío quitármelos todos de encima. Pero no podía dejar pendiente un post del viaje. En concreto del último sitio al que fuimos a cenar antes de volver. Como poco, curioso. Fijaros, en una de esas mesas de arriba cenamos nosotros. Dentro de un barril. No es que fueran muy cómodos, pero fue una cena con mucho eco.

/home/wpcom/public_html/wp-content/blogs.dir/75c/51011004/files/2014/12/img_0112-3.jpg

Una de las cosas que me llamó la atención fue la cantidad de botellas de sidra que habían colgadas del techo.

/home/wpcom/public_html/wp-content/blogs.dir/75c/51011004/files/2014/12/img_0106.jpg

Y la comida… Bueno, como toda allí, riquísima. Juzgar vosotros mismos. Platazo de carne para 4.

/home/wpcom/public_html/wp-content/blogs.dir/75c/51011004/files/2014/12/img_0108.jpg

En fin, si váis por aquellos lugares, os recomiendo el sitio. Tierra Astur. Eso sí, ir con tiempo y paciencia que por lo visto casi siempre hay un montón de cola. Y sobre todo, con ganas de comer, que ahí el que se queda con hambre es porque quiere.

¡Feliz Navidad!

¡Esta noche es Nochebuena y mañana Navidaad… ¡Hay, no, que me equivoqué de villancico! Ese era el de ayer. Hoy pega más el del Fun Fun Fun. Con lo mal que se me da cantar… Casi que mejor os deseo una feliz Navidad y próspero Año Nuevo sin rodeos. Porque aunque ande un poco desaparecida, sigo aquí. Intentando sacar tiempo de algún lado para volver a teneros un poco atendidos por lo menos.

A ver, que levante la mano quien no se haya pegado ya el primer atracón de comida de estas fiestas. ¿Nadie? Ya decía yo. A mí me tocó anoche. Que mis padres andan en el pueblo con la familia, pero aunque no pueda ir por trabajo, no estoy sola. ¡Ni mucho menos! Anoche fue de esas cenas multitudinarias en las que chorrocientas personas se sientan en una mesa en la que caben la mitad. Qué manera de comer. No digo más que hoy hemos cenado con lo que sobró de ayer… Por si ya traía yo pocos kilos del norte (que por cierto todavía me queda alguno), ahora tengo que sumarles los de las fiestas. Voy a acabar como una vaca…

En fin, a disfrutar que todavía quedan muchas fiestas por delante, y yo a trabajar, que tenemos más faena que nunca. Esperemos que la cosa siga así y el mes que viene me vuelvan a renovar. ¡Ojalá! Felices fiestas, que no se os peguen muchos kilos al culo. Lo de los propósitos… Bueno, ya abordaremos el tema en otro momento.

Fartera: hartón de comer continuo

¡Puente, puente! Llevo desde el jueves de puente, y madre mía. Estoy rendida. No hemos parado ni un momento desde entonces. Estamos en Oviedo de tour, visita tras visita de un lado a otro. Y sobre todo, de comilona en comilona. Menudos hartones nos estamos pegando. Y es que prácticamente cada actividad que se ha hecho aquí conlleva acabar hasta las cejas de comida. Ya lo decía mi compañero de trabajo. A la vuelta, 4 kilos más en la maleta y otros tantos en la cintura.

Dios. Es que está todo tan rico… Me llevaron el otro día a comer a un mirador y me metí entre pecho y espalda un cachopo tamaño edredón nórdico que estaba de escándalo. Eso sí, a la vuelta iba que si llegamos a pasar por 4 curvas más, no llega el cachopo a casa. Madre mía. Lo que no me explico es cómo todavía no he reventado.

Pero hoy… Nos hemos recorrido 35 km para ir a comer tarta de queso. Eso sí, menuda tarta de queso. Estaba de escándalo. De Oviedo a Gijón sólo a por dos trozos de tarta (que al final me he comido yo). Pero ha merecido la pena pagar los 6€ que han costado. Los volvería a pagar con mucho gusto.

image

En fin, está siendo un viaje gastronómico en toda regla. Pero para viaje, el que me estoy dando de azucar y grasas. Creo que menos de 5 kilos no me llevo de vuelta. Qué manera más bestia de comer. Ahora entiendo eso de engondar con “una comida al día”. Empiezas por la mañana y acabs por la noche.

Magdalena de limón

Esta mañana, a diferencia de la gran mayoría, me he levantado con ganas de desayunar y he abierto el armario en busca de algo para picar. Maldita la hora en que lo he hecho. Por culpa del “desayuno” me he tirado parte de hoy con el estómago revuelto. Y no es para menos, sé de más de una que si le pasa lo que a mí, echa hasta la primera papilla.

He visto un paquete de magdalenas rellenas de chocolate que me gustan, de estos que dentro del paquete traen unas cuantas empaquetadas de dos en dos individualmente. He cogido uno y sin mirarlo he empezado a comerme una en la cocina. Yo pensando “qué magdalena más rara, sabe a limón y va rellena de chocolate. Hay que ver las cosas tan modernas que compra mi madre”. Me la he comido pensando que bueno, la combinación no era la más acertada, pero era comestible.

En esto que salgo al balcón a comerme la segunda y me fijo en ella a plena luz del día. ¿A que no sabéis lo que he visto? La magdalena que tenía en la mano tenía una bonita mancha verde en la superficie. ¡Había empezado a pudrirse! Qué ascazo. Se lo digo a mi madre y me manda a que mire el resto a ver si están buenas. Qué va, todas con esa pelusilla verde creciendo encima. ¡Y yo ya me había comido una! No estaban caducadas, pero se ve que había salido una partida mal, y a pesar de estar bien cerradas se habían puesto malas.

No sé cómo he conseguido retenerla en el estómago, pero al final lo he conseguido. Un cachondeo conmigo esta mañana… Ahora entiendo ese toque de “limón” que tenía. Y luego mi padre, que hoy estaba sembrado con las bromitas. Que lo que no mata engorda. Genial. Encima de comerme algo asqueroso, se me va a ir al culo directamente.
En fin, creo que  a partir de ahora voy a andar con mucho más ojo a la hora de llevarme algo a la boca. Nada más que de pensar en “la pegatina verde” me están dando arcadas. Es lo que tiene coger el desayuno medio dormida. Que no te fijas en las cosas y lo que puede parecer un sabor exótico puede ser en realidad algo en mal estado. Ya contaré si la puñetera magdalena tiene consecuencias a parte de revolverme el estómago de pensar en ella. Voy a tardar mucho en volver a probar una…

El hueso misterioso

Tal y como predije, tengo agujetas en las piernas. Al final no hemos empezado a plantar los árboles en su sitio, pero eso no quita que nos hayamos pasado 2 días haciendo faena. Por lo menos ya tenemos la cocina acabada y la caseta ya tiene un aspecto mucho mejor que hace un par de semanas. Y como hoy ha hecho un viento horrible, hemos decidido hacer el estreno de esta primavera.

Estábamos comiendo dentro de la caseta carne a la plancha mientras veíamos la cara de pena con la que nos miraban los perretes desde el otro lado de la mosquitera en la terraza. En un momento dado ha desaparecido el de mi madre y ha estado un buen rato desaparecido. Claro, al salir lo buscamos y nos lo encontramos debajo de una mesa comiéndose un hueso. Nadie le había dado ese hueso y era fresco. Así que buscamos de dónde lo había sacado. De repente nos vino a la cabeza a mi madre y a mí la chuleta de cerdo que se había quedado bajo la plancha para mantenerlo caliente para mi novio que tenía que llegar a comer. Efectivamente, el perro se la ha comido.

¿Cómo podéis explicaros que un perro ha sacado de un plato de debajo de una plancha que tiene un hueco pequeño y todavía quema una chuleta? Nosotras no hemos podido. ¡Era prácticamente imposible cogerlo sin quemarse! Al final mi novio ha tenido que comerse un bocata con fiambre. Ese perro cuando tiene hambre se vuelve un superdotado. Os juro que el plato seguía en el mismo sitio, y casi no cabe una mano para cogerlo. Vaya con el fiera…

En fin, creo que la próxima vez no vamos a dejar un trozo de carne sin vigilancia por difícil que sea el sitio o que pensemos que es seguro. Eso de que alguien se quede sin su parte porque el perro no es plan. Porque mi novio venía con poca hambre, si no se lo come de un mordisco. Para fiarse de los fieras solos…

Me los he vuelto a encontrar

Estoy mosqueada con el mundo. Así en general hoy todo me ha tocado las narices ya de buena mañana. Sé que yo solita me lo he buscado, pero eso no hace que me cabree menos. ¿Quién me mandaba mirar?

Hoy puedo decir (sin pizca de orgullo por ello) que oficialmente he ganado 10 kilos desde que llegué a casa de mi madre. ¡10 kilazos en 2 meses y pico! Todos y cada uno de los que conseguí perder allí con mucho autocontrol han vuelto. Por lo menos no tengo ninguno extra de momento, pero como siga así no me extrañaría. Con lo contenta que venía yo con mi culo y ahora mira. ¡Si es que no me entran la mayoría de mis vaqueros! Ando con los 4 de siempre porque el resto me deprime ponérmelos y que no me pasen de los muslos. Y las cosas como son, dinero para un cambio de armario no hay, así que tengo que perder peso como sea.

Claro, con los platos tan ricos que hace mi madre, las “chuches” que caen alguna vez y cositas varias tenía que ganar algo de peso sí o sí. Pero ver 10 kilos más en la báscula me ha matado. Y que nadie me diga que tengo que moverme más porque hasta que llegué aquí el único deporte que hacía era ir al baño en bici. Ahora nos pegamos paseos y maratones con los perretes todos los días y mira.

Y para colmo me entero de que la medicina que me tomo para la astenia primaveral (al venirme de Alemania fue como entrar en la primavera) hacen que coja algo de peso. Menuda gracia, ahora me toca elegir entre estar deprimida o como una vaca. Si es que entre unas cosas y otras al final voy a acabar que no me va a entrar ninguna de mis prendas como siga así.

Nada, que toca empezar a cuidarse y sobre todo controlarme con la comida de mi madre mientras esté aquí. Eso o resignarme a que mientras siga en casa de mi madre no voy a perder un solo gramo (es que están tan ricos los platos de mi mami…). Que ya en nada llega el tiempo de playa y no quiero que me de vergüenza plantarme el bikini. Ahora que lo pienso, quizá venían en la maleta escondidos y no me he dado cuenta…