Domingo laborable

Hoy estoy en uno de los 4 domingos que voy a tener que trabajar este verano. Aquí ando a las 19:00 de la tarde en la pecera que tenemos en el centro comercial con todo el trabajo ya hecho. Viendo como pasa la gente, poniendo a punto los móviles… Probablemente luego me ponga a crear alguna lista de reproducción para poner en la tienda mañana. Todo esto con la esperanza de que se pase el tiempo pronto y poder olvidarme de que he cometido el tremendo error (que mira que me lo advertí a mí misma poco antes de entrar) de beberme una botella de 2 litros en las 3 horas que llevo trabajando. Yo no sé cómo lo hacen mis compañeros cuando están aquí, ya que también suelen estar solos.

La verdad es que no llego a entender muy bien por qué la gente está metida en el centro comercial teniendo las fiestas del pueblo en pleno y con el buen día que está haciendo para ir a la playa. A mí me apetece no hacer nada los domingos, pero han sido tantos los veranos que he pasado trabajando que la verdad es que no se me hace “raro”. El plus extra, bueno, viene bien.

Veo a las cajeras del Carrefour que tengo enfrente de la pecera. Ahora mismo veo 5, y están todas esperando que venga alguien a pagar. 5 chicas a las que han sacado de casa un domingo por la tarde para estar de pie (no veo a ninguna sentada) durante horas sin hacer nada. Unos pocos minutos cada hora se mueven caja arriba caja abajo o atienden a alguien. ¿De verdad es necesario? En mi caso sí, no puede estar el stand sin nadie un día que está todo abierto. Pero ¿y ellas? Por lo menos yo no tengo que estar de pie.

En fin, todavía me quedan algo más de 2 horas hasta que pueda irme. 2 largas horas hasta que pueda ir al baño (mis compañeros no contestan a la pregunta de qué hacen en mi lugar). Y mañana empieza otra semana. Menos mal que el 12 es festivo…

Ligeramente amargada

Llevo semanas que no paro entre unas cosas y otras. Tengo cosas que contaros, muchas, pero de momento prefiero esperar a tener algo definitivo. 

La nena está perfecta. Quitando que la matrona me llamó gorda otra vez (luego os cuento con más detalle) todo va de perlas. Ya se me empieza a notar la tripa con ropa y, aunque es un poco arriesgado, ya hay gente que me pregunta si espero un peque. Yo, sinceramente, no me atrevería a preguntar con tan poca “chicha”, pero bueno, al menos esta vez aciertan. De la ciática sigo igual, por lo menos no empeoro. Y los días que peor lo paso es cuando hago muchas horas como hoy, que levantarme a por agua es una tortura. Por el resto, ni me doy cuenta, sigo como siempre.

Y ahora os resumo la última visita a la matrona. La verdad es que me tiene amargada. Yo, que siempre he tenido en la cabeza el tema del peso y que coger los 8 kilos que me he puesto encima después de dejar de fumar me han dejado tocada, llega la señora diciendo que no puede ser que engorde tanto. Vamos, como si yo cogiera peso por gusto. No como fritos, casi no como carne, casi sin sal, menos cantidades más veces al día… Es que ya solo me falta dejar de comer, y eso no puedo hacerlo. Que entonces haga más ejercicio. Si me cuesta acabar la jornada de trabajo muchos dias, no quiero ni pensar en tener que tirarme todos los días una hora por ahí cansándome antes o después de trabajar. Eso sin contar que alguien tiene que limpiar la casa, cocinar, lavadoras, compra… Si ella me pone a alguien que me haga todo eso sin que me cueste un duro, yo hago más ejercicio. Hasta entonces, difícil lo veo. Si a eso le sumamos que mucha gente se mete conmigo por mi peso en estos momentos… Hay ratos en los que realmente me llego a sentir mal. Sé que muchas veces lo dicen solo en broma y sin maldad, pero son ya 11 kilos los que he subido de un año hasta hoy. 11 y los que me faltan por ganar. Y no quiero obsesionarme, porque entonces será peor, y en estos momentos no me lo puedo permitir por ella. 

Vaya turra os he dado así a lo tonto. A ver si puedo escribiros algo un poco más alegre la próxima vez, que hoy no han sido más que quejas. Ya la siguiente eco en marzo. Espero escribir antes, que al ritmo que voy últimamente…

Síntomas…

Yo, que pe sé que me libraba de los síntomas por ahora… Nanai. Cansancio, insomnio (contradictorio, ¿verdad?) nauseas (pero por la noche, me gusta destacar). Las mañanas las paso arrastrándome como puedo por casa y por el trabajo mientras intento mantener los ojos abiertos, y las tardes/noches las paso intentando mantener el equilibrio tan fino que hay entre la cantidad de comida que sólo me incomoda y la que me puede hacer vomitar. Y no, no me pego atracones. Hace ya semana y pico que como menos cantidad, aunque sea en más ocasiones que antes. Para postre, si no consigo dormirme en la primera media hora desde que planto la cabeza en la almohada, me pasa como hoy. Las 2:30 largas y aquí sigo, con los ojos como platos. Mañana va a ser un día muy largo y pesado…

Cambiando un poco de tema. No os lo dije, pero es que el agotamiento me puede muchas veces. En el trabajo ya lo sabe todo el mundo, hasta el jefe. Yo que pensaba que no le iba a sentar muy bien tenerme de baja en plena temporada alta, y se lo ha tomado estupendamente. No sabéis la tranquilidad que me da el pensar que cuando llegue el momento mi puesto de trabajo no peligra. 

Bueno, voy a darle otras 14 vueltas a la cama mientras aquí el compañero ronca. Qué envidia el dormir tan a gusto… 

Agotada… y despierta

Así estoy ahora mismo. Con la luz apagada desde hace una hora, absolutamente agotada y sin poder dormir. Yo que pensé que me iba a librar de ciertos síntomas, y al final me están pillando. Desde hace un par de días ando agotada. Si me despierto a las 10:00, para las 11:00 ya estoy bajo mínimos. Acabar la jornada a las 21:00 esta semana está siendo todo un reto sin quedarme dormida. Para colmo si como un bocado más de lo que deba, el estómago se me remueve entero. Que bueno, al fin y al cabo lo del estómago es sólo tener un poco de control, pero lo del cansancio lo llevo mal. Necesito estar más despierta en el trabajo, no puedo permitirme estar a medio gas. Y ya ni hablemos de que quiera dormir y descansar y no pueda. Me tiene con un cabreo… Estoy enfadada con el mundo. 

En fin, lo dejo ya a ver si consigo dormirme pronto. Mañana no madrugo, pero me gustaría aguantar hasta media tarde por lo menos sin arrastrar los pies. La que me espera…

Mis botones

Aquí estoy, en la terraza de un restaurante escribiendo mientras el resto de la familia juega a las cartas. Yo lo siento, pero si hay dinero por medio no juego, que luego cuando abro la cartera tiembla. Bueno, así aprovecho y os cuento lo que pasó hace unos días. Tenía ganas de contarlo antes, pero me puede el cansancio. 

Vino un cliente a reparar la pantalla de su móvil, y esta fue más o menos la conversación que mantuvimos:

– Perdona, pero a mi móvil le faltan los botones de abajo, los que van en la parte blanca (con el tono algo subido y mala leche por haber tenido que esperar 10 minutos a que le tocara el turno) Yo cuando lo traje tenía aquí dos botones, el de menú y el de “atrás”.

– Perdone, pero este modelo no lleva botones ahí abajo, los lleva directamente en la pantalla tal y como se ven aquí abajo, tres botones virtuales en la pantalla, no en el cristal que hay justo debajo. (No tengo yo otra cosa que ir robando botones inventados a los clientes. Paciencia…)

– No, este tenía botones, que yo lo sé. Cuando yo lo traje tenía, y ahora ya no los tiene. 

– (Espera que entramos en bucle) Están aquí, justo encima. De verdad que este modelo no tiene botones físicos, los lleva en la pantalla. (Me dan ganas de pintárselos con el permanente a ver si así se conforma)

– No. Algo le habéis hecho que ya no tiene botones. (Claro, en un ataque de hambre me los he comido)

– (Ya me veo en bucle los próximos 15 minutos. Acortemos esto) Espere un minuto.

– (A Roxu) ¿Te importa ir y explicarle al señor que su móvil no tiene botones físicos?

– (Roxu) Claro. Voy.

– (Roxu al cliente) Perdone, pero este móvil sólo dispone de los botones virtuales, aquí abajo no tiene nada.

– A, pues igual lo confundí con el otro. Gracias. (Y con buena cara y todo…)

¡Gracias! ¡Le dio las gracias por decirle lo que yo llevaba 5 minutos repitiendo! No me toman en serio ya ni con el uniforme puesto. Desde luego, ya hacía tiempo que no me topaba con ningún “espontáneo” de estos, pero se ve que ya tocaba. 

Me repatea las tripas que la gente me siga haciendo esto. No me acostumbro a que la gente me tome por tonta. En fin, yo que esperaba algo más de consideración cuando tuviera el uniforme que pusiera “TALLER” y nada, ni con esas…

Han vuelto

Si el último día me quejaba de que aquel cliente me había tomado por tonta, poco ha tardado el asunto en volverse un poco más desquiciante. 

El tipo volvió, pero no lo hizo sólo. Se ve que a la mujer no le gustó la solución que le dimos y vino a liarla a la tienda. Estuvo chillando un rato mientras despotricaba a cerca de lo mal que trabajo, lo pésima que soy como técnico y la poca vergüenza que tengo para tratarlos así. Todo esto como si yo no estuviera delante (sabiendo de sobra que fui yo quien arregló ese móvil). Media hora después, un montón de gritos, de clientes espantados y una hoja de reclamaciones incluida en el pack, imaginaros cómo me sentía. Entre todo lo que llevo en la cabeza y lo mal que me sentaba cada palabra que aquella mujer soltaba por esa boca, estaba al borde de un ataque de nervios. 

Pero la cosa no ha quedado ahí. Eso hubiera sido lo sensato. Hoy han vuelto a venir para hablar con mi jefe. Confío en que todo pase por un error, una clienta inconformista con ganas de dar por culo. 

En fin, parece que después del daño que ha hecho, ya está satisfecha. Roxu me dijo que estas cosas tienen la importancia que se le dé, pero a mí me sentó fatal. Por favor, cuando vayáis a quejaros de algo en algún sitio, hacerlo con educación. Hay mil maneras de decir las cosas y las críticas constructivas son bienvenidas, pero los comentarios a mala leche pueden ser muy dañinos. 

Porque tengo tetas

Así de claro, así de sencillo. Hoy estoy muy cabreada, hay gente que no me toma en serio como técnico porque tengo tetas. Y me toca la moral lo que no está escrito. 

Un cliente ha venido hoy porque le pegó un golpe a su móvil y no funcionaba la pantalla. Él insistía en que no le había dado ningún golpe, pero tenía las marcas de haber caído sobre una superficie dura. 20 minutos explicándole/discutiendo/aclarando el asunto y el tipo erre que erre, que no, que era imposible que con la pequeña señal que tenía se hubiera estropeado tanto. Que él no tenía la culpa y que se la cambiara en garantía. Si al final la culpa va a ser mía… 

Ya cansada de hablarle a la pared, me he visto el percal y he llamado a mi compañero. Ha salido, le ha explicado UNA SOLA VEZ que no iba por el golpe y el tipo le ha contestado “Vale. ¿Y qué podemos hacer?” Lo mato. Casi lo mato cuando lo he oído. 

Es agotador tener que ir siempre teniendo que demostrar que valgo como técnico. No con mis compañeros ni nadie de la empresa, ellos me valoran. Pero hay muchos días en los que tengo que hacerlo constantemente porque los clientes me toman por tonta. No sé si es que piensan que yo estoy dando la cara por el departamento de taller por mi cara bonita. Estoy harta de la frase de “¿puede salir algún técnico un momento?”. Me repatea las tripas. Y tener que andar con la sonrisa después de que te la repitan varias veces porque siguen sin enterarse, mata. 

En fin, lo dejo que empiezo a ser muy pesada. Será que hoy estoy un poco negativa y tenía que desahogarme. Menos mal que clientes así son los menos, y que de vez en cuando viene gente que no sólo me trata de igual, si no que valora que una mujer esté metida en este mundo por gusto. Ojalá vinieran más así.