Repetida

Primero que nada, siento no contestar estos días los comentarios que me dejáis, pero la conexión del vecino se ve que ha sufrido algún percance y no me deja hacer nada. Por lo tanto, vuelvo a depender de mi conexión del móvil para escribir y no está para muchos trotes, que ya me he comido los “megas rápidos” de este mes. El lunes probablemente ya funcione de nuevo y pueda ponerme al día con muchas cosas que tengo pendientes.

Hoy he ido a pasear a los perretes como todos los días, pero me he encontrado algo fuera de lo normal. ¿Alguna vez os ha pasado que habéis ido a algún sitio (o por la calle) y alguien llevaba puesta la misma prenda de ropa? Pues eso me ha pasado. Lo curioso es que la señora en cuestión me doblaba la edad como mínimo. Pero ahí no queda la cosa, la combinación que llevaba era bastante llamativa.

La prenda repetida en cuestión es una camiseta rosa con un agujero en cada hombro. Es algo ancha, pero abajo lleva una especie de goma que hace que quede a la altura del cinturón. Vale. Yo la llevaba con unos vaqueros y bailarinas. La verdad es que no suelo arreglarme mucho para bajar a los fieras. Pero la señora iba dando el cante por donde pasaba. Leggins negros y taconazos conjuntados con una coleta muy canosa y alta. Ya os digo que no dejaba indiferente. Pero ¿sabéis el trauma? Que no sabría decir a quién de las dos le sentaba mejor, si a ella o a mí.

Bueno, ahora veo esa camiseta con otros ojos. ¿Y si realmente le quedaba mejor que a mí? Mira que es una prenda de una tienda bastante escondida, pero nada. Y me da que con la suerte que tengo me la voy a volver a encontrar en cualquier parte y otra vez repetiremos modelito. Recemos para que no sea así y no vuelva más traumatizada todavía…

Así da gusto

Hoy ha sido el día libre de mi novio, el primero completo desde hace algunas semanas. Y teniendo en cuenta que llegó esta mañana a las 6 de trabajar después de unas 20 de trabajo era de esperar que se pasara el día durmiendo. A penas he podido verle despierto unas pocas horas y ya lo tengo de nuevo durmiendo. Pero bueno, me consuela saber que dentro de una semana tiene un montón de días libres para descansar y poder verle despierto. Creo que más o menos van a ser 2 semanas en total.

Y bueno, ya que no iba a poder hacer nada con él hasta bien entrada la tarde, hoy mi madre y yo nos hemos ido al mercadillo. Desde que llegué todavía no había tenido ni un solo lunes que me pillara “inspirada” para ir rebuscando bien en los puestos con montones de ropa, pero hoy sí. Y vaya que sí. Y como encima nos ha pillado derrochonas hemos llegado a casa con unas cuentas bolsas de ropa.

3 vestidos, 2 vaqueros, una falda para bailar, otra normal nos hemos llevado entre las dos. ¡Y lo mejor ha sido el precio! Unos 15€ en total. Y no creáis que la ropa es de esa mala que en dos lavados se desintegra, casi toda viene con etiquetas de las tiendas y son muy conocidas.

Está claro que para encontrar una prenda decente tienes que mirar cientos. Sobre todo por el tema de la talla, que la mayoría son de la 36 o 38 (y yo gasto una 40 o 42, depende) y me cuesta encontrar vaqueros donde me quepa el culo. Para que os hagáis una idea de qué tipo de ropa se puede encontrar, uno de los vestidos que nos hemos llevado hoy se lo compró mi tía (sí, tita, tú) para la comunión de mi primo solo que en otro color.

Bueno, ya tengo un par de modelitos para… bueno, cuando vaya a algún lado un poco más mona que con mis vaqueros requete gastados (que siempre pasa igual, tengo un montón en el armario y siempre acabo con los mismos) y las deportivas. Hace tanto que no me subo a unos tacones… Claro, para pasear a los fieras tampoco es plan, que se me enredan las correas en las piernas y me puedo dejar los dientes clavados en el suelo. Si voy con tacones y vestido, lo mínimo que me podría pasar es que le enseñara a toda la calle más carne de la que debiera. Definitivamente, los vestidos nuevos para ir a algún otro sitio, pero con los perretes no.

Admirando los cambios

Tarde de Reyes. Se suponía que este año iba a salir en la cabalgata como algunos años anteriores bailando, pero las cosas se han complicado y este año no ha podido ser. Y me entristece mucho aunque sé que ya tendré otra oportunidad, por eso hoy en lugar de ir a la cabalgata he ido con mis padres y mi novio al centro comercial.

Yo no sé que es lo que ha pasado en el tema de moda en el año que he estado fuera, pero he alucinado en colores en casi todas las tiendas. ¿Alguien puede explicarme qué ha pasado para que esté tan de moda todos esos collares dorados y con pedrería? Juro que la última vez que entré en una tienda de ropa antes de irme no habían tantísimos brillis-brillis por metro cuadrado. Estoy segura que alguno de esos collares tiene que dar dolor de cuello con tanto peso.

Pero no sólo con eso. Había otra tienda en que absolutamente todas las prendas tenían mil colores mezclados. Me ha dado la sensación de alucinar con mirar el escaparate. Tantos colores juntos y tan estridentes no sé, pero creo que se han pasado 3 pueblos mezclando. Y para rematar la faena, al lado una tienda que si no fuera porque habían varias prendas de cada modelo, juraría que era una tienda de segunda mano de esas que sólo tienen prendas del siglo pasado. Que me gustan las prendas antiguas, pero hay ciertos límites en cuanto a estampados. Y eso de que los colores parezca que han pasado por 18.000 lavados con lejía… Vaya, que ni tanto ni tan calvo. Menos mal que todavía quedan tiendas normales en las que los colores son más normales.

Yo hoy no me he comprado nada, pero quizá cuando empiecen las rebajas me anime a alguna cosilla. Lo bueno es que para la próxima ya no me volverá a pasar el “efecto hurraca” y que me despiste tanto brillo. Bueno, pero antes tendré que hacer hueco, que con la ropa de los dos está el armario que ya no cabe un alfiler.

De compras

Hoy nos hemos ido a la ciudad a comprarnos un par de chaquetas de segunda mano, ya que las nuestras el invierno pasado quedaron un poco… destrozadas. Las hemos gastado mucho y no pasan por su mejor momento. Así que hemos buscado un par de sitios y nos hemos puesto en marcha.

Yo no sabía que cruzando una simple puerta de cristal se podía hacer un viaje en el tiempo ¡y gratis!. Al entrar en la primera tienda la primera sensación ha sido que la ropa más nueva que había tenía más años que yo. Unos modelitos marujiles ochenteros total. Una de floripondios sin ton ni son, una de estampados imposibles… Hemos tenido que buscar (y mucho) para encontrar alguna prenda que fuera de esta década.

Y luego el drama de las tallas. Soy bajita, un retaco que mide 1,54 raspado y admitámoslo, delantera no me sobra. Así que casi todo era exageradamente grande, y lo poco que más o menos era de mi talla era de niña (muy de niña). He pegado muchas vueltas por la calle, y yo no veo que las alemanas sean todas taaaaaaan grandes. En algunas chaquetas entraban 2 como yo. La única chaqueta que he visto que me gustaba, me venía un poquito grande, pero las mangas me venían cortas. Menuda suerte la mía… Al final, hemos salido de esa tienda con las manos vacías.

Pero en la otra que hemos ido, tenían ropa más “actual” y buenos precios. Ahí sí que hemos encontrado justo lo que buscábamos. Nada más verlo, me he enamorado de un abrigo negro muy calentito ¡y de mi talla! No lo he soltado en la media hora que hemos pasado por allí entre los percheros.

Pero lo que más me ha sorprendido ha sido ver un bolso de Dolce & Gabanna ORIGINAL por 10€. Esa ropa suele ser donada a algún sitio, así que alguien decidió que su bolso carísimo ya no merecía un lugar en su armario. Yo no me gastaría un dineral en un bolso ni loca. Es más, le tengo dicho a mi novio que si algún día aparece con un bolso o algo por el estilo que cueste más de 15€ como regalo, se lo come.

Al final la compra ha salido redonda, los dos contentos, ¡y yo con unas botas de nieve super calentitas! Y cómodas como ellas solas. A mí me da igual que me miren raro, cuando haga falta, las voy a llevar. No quiero dejar de sentir los dedos de los pies unos meses. Ale, ya vamos calentitos para este invierno, y yo no voy a parecer una morcilla de Burgos con mi chaqueta vieja. ¡Iuju!

¿Y qué harán en invierno?

Como os contaba ayer, la gente puede ser un tanto extraña y tener unas costumbres a las que el resto no estamos acostumbrados. Y más todavía teniendo en cuenta la diferencia cultural, que aunque no sean países que estén muy lejos, las hay por todos lados.

La que hoy nos ha sorprendido, a los dos, ha sido la hija de los vecinos “majos”. En un momento de esos en los que los anuncios de algún programa hacen que te despisten con lo más mínimo, hemos oído al peque de la vecina chillando por la calle del camping. He de decir que después de casi una semana sin aparecer por estos lugares, era algo que nos ha llamado la atención. Iba con su madre dando un paseo, o eso pensamos en un principio. Hasta que hemos visto que la mujer llevaba del brazo una cesta llena de ropa.

Empezamos a preguntarnos a dónde iría con semejante bulto, hasta que hemos caído. Va a lavar la ropa a la lavadora del camping. ¡Una semana en casa y se viene aquí a lavar la ropa! Por lo menos a nosotros nos ha sorprendido. Primeramente, con todo el alarde que hacen del dinero que tienen, digo yo que tendrán una lavadora en casa, y si me apuras hasta secadora. Las lavadoras aquí no son gratis, digamos que las básicas de 40 minutos cuestan 1,5€. Y me parecería muy molesto tener que acumular ropa sucia de toda una semana teniendo en cuenta que su peque no tiene más de un par de años y es todo un terremoto.

Que hayan lavado la ropa aquí en este tiempo que prácticamente han cambiado su super-casa por el camping, bueno, vale. Cuestión de comodidad. Pero que lleguen y prácticamente lo primero que hagan sea poner una lavadora, pues al menos a mí no me cuadra. Bueno, la lavadora la pone ella. Él ha dejado bien claro en diversas ocasiones que es el “macho” de la familia y que su mujer está a su lado para limpiar y cuidar del peque. Pero en ese tema no me meto, si ella es feliz, pues tan contentos, oye. Pero no me parece correcta la imagen que él intenta dar de su mujer cuando se refiere a ella casi en tono despectivo.

Cada casa es un mundo, eso está claro. Pero el hecho de cargar con la colada de la semana para irte un par de días al camping, no lo veo muy relajante, porque aquí eso significa que o bien te llevas la ropa mojada, o pierdes la tarde entre paseos a la lavadora y la secadora. Anda que iba yo a traerme faena a un fin de semana de relax…

Como las niñas pequeñas

Tengo una sonrisilla tonta en la cara que no hay quien me la borre. Estoy de un happy que asusta. Y es que después de días esperando a que llegara a casa, hoy me han dado una alegría.

Hace algunos días mi madre me envió un paquete con cositas desde España, ¡y hoy por fin ha llegado! Entre otras cosas, ha enviado tomate frito. ¿A que no adivináis que he cenado hoy? Me he metido un plato de pasta con tomate entre pecho y espalda de campeonato. Sólo os digo que he lamido el plato. Cómo lo he disfrutado… Y no sólo yo, mi novio también lo ha disfrutado y mucho. Donde esté el tomate frito, que se quiten todos los passiere.

Han sido días de incertidumbre por si el paquete no llegaba, haciéndole el seguimiento vía internet casi todos los días para ver por donde andaba. Y tras el pequeño susto de que ponía que sólo un paquete había salido de España de los dos que tenían que venir de camino, al final han llegado los dos a la vez.

Eso sí, le ha salido la broma cara, porque el envío no ha sido barato. Mami, créeme que ha merecido la pena y mucho. ¡Tengo tomate frito en casa! Pero sólo para darme algún capricho de vez en cuando, que tiene que durarme mucho tiempo.

En el paquete venía también ropa mía de verano, que aunque quede poco, me va a servir durante algún tiempo. Sólo hay que saber cómo combinarla. Entre esa ropa está mi conjunto de entrevistas de trabajo de la suerte. A la próxima que vaya, seguro que me cogen.

Por cierto, aquí el tema de los paquetes no es como en España, que si no estás el cartero te deja una notita y listo. Aquí se lo dejan al vecino y te dejan a ti un papel con quién tiene tu paquete. Sé que en España eso sería inviable, la mitad de los paquetes nunca llegarían a su destino. Pero aquí lo hacen. Esta mañana yo ni he visto al cartero, la dueña ha recogido los paquetes y luego me los ha traído a la puerta.

Llevaba días esperando que la dueña viniera por aquí con un par de cajas en la mano igual que los nenes esperan a los Reyes en Navidades. No la he llegado a ver, pero cuando mi novio me ha dicho “los paquetes ya están aquí”, me he levantado de un salto de la cama y me he despejado en segundos.

En fin, más feliz que una perdiz con mi despensa surtida de tomate frito y ropa decente que ponerme. Me ha alegrado el día, tanto que hasta he cambiado algunos muebles de sitio. Y todo se lo debo a mis papis, que han hecho el esfuerzo de enviarme un par de cajas a pesar de que no ha sido barato. ¡Mil gracias a los dos!

Qué nervios

Como os dije, mañana tengo mi primera entrevista de trabajo de verdad en la que no me han rechazado de primeras. Si, voy con algo de “enchufe”, pero igualmente no las tengo todas conmigo. En ese aspecto soy muy negativa (será que mis últimas 493.974 entrevistas no llegaron a nada). Y a una le saltan un montón de preguntas a la cabeza. ¿Qué me pongo si la mayoría de mi ropa es de invierno? ¿Cómo me peino si mi pelo es indomable sin horas de plancha o tenacillas? ¿Iré demasiado arreglada? ¿Iré poco arreglada? Que en España lo tenía claro, pero aquí, todavía es un misterio, al menos para mí.

Así que tengo un problema, un gran problema. Todo lo que tengo formal de verano, está en España y no tengo dinero para gastar en ropa ahora mismo. Y claro, no es plan llegar con un jersey de cuello alto y manga larga a 30º que estamos, quedaría un poco raro. Yo que tenía mi conjunto de la suerte para las entrevistas, y voy y me lo dejo tan lejos. Ojalá hubiera podido organizar un poco mejor el viaje, porque hay algunos detalles que están siendo un desastre.

Y es que en días como hoy me gustaría tener algo más de fondo de armario que un par de vaqueros y jerseis de lana, que en invierno me han venido muy bien, pero ahora como que son un poco inútiles (quitando los días que hace un frío del carajo y tengo que recurrir a ellos). Pero bueno, siempre queda la esperanza de que mañana salga un día nublado y no quede raro si llevo algo un poco más tapado, que ir a una entrevista con una mini-camiseta de tirantes con la tripa al aire no creo que sea lo más adecuado.

Por cierto, que una de mis seguidoras me diga que por favor me peine para la entrevista, me ha puesto aún más nerviosa, y estoy dudando ahora entre peinado tipo “pasarela” o moño de urgencia para parecer peinada, porque cuando el pelo te llega al culo, opciones tienes pocas. O suelto o recogido. Y si encima es con un rizo de ese raro e indefinido que parece despeinado, apaga y vamonos.

Que nunca he sido muy de “peinarme” si no era para ir de fiesta, y digamos que tengo poca maña con la melena. En momentos de desesperación como este, me la cortaba y punto. Pero se que luego me arrepentiría y mucho, que estos años dejándomelo crecer no los voy a perder por una rabieta. En otra ocasión os cuento mi última visita a la peluquera, que no tiene desperdicio.

En fin, mañana será un gran día, y seguro que sobre la marcha se me ocurre como ponerme. Pero de momento el tanteo va nervios 2 – yo misma 0. Y por supuesto mañana os contaré como ha ido. Hasta entonces, os dejo con la nueva sección “Curiosidades del blog” que abrí ayer (y hoy ya he tenido que añadir). ¡Que la disfrutéis!