¿Y qué harán en invierno?

Como os contaba ayer, la gente puede ser un tanto extraña y tener unas costumbres a las que el resto no estamos acostumbrados. Y más todavía teniendo en cuenta la diferencia cultural, que aunque no sean países que estén muy lejos, las hay por todos lados.

La que hoy nos ha sorprendido, a los dos, ha sido la hija de los vecinos “majos”. En un momento de esos en los que los anuncios de algún programa hacen que te despisten con lo más mínimo, hemos oído al peque de la vecina chillando por la calle del camping. He de decir que después de casi una semana sin aparecer por estos lugares, era algo que nos ha llamado la atención. Iba con su madre dando un paseo, o eso pensamos en un principio. Hasta que hemos visto que la mujer llevaba del brazo una cesta llena de ropa.

Empezamos a preguntarnos a dónde iría con semejante bulto, hasta que hemos caído. Va a lavar la ropa a la lavadora del camping. ¡Una semana en casa y se viene aquí a lavar la ropa! Por lo menos a nosotros nos ha sorprendido. Primeramente, con todo el alarde que hacen del dinero que tienen, digo yo que tendrán una lavadora en casa, y si me apuras hasta secadora. Las lavadoras aquí no son gratis, digamos que las básicas de 40 minutos cuestan 1,5€. Y me parecería muy molesto tener que acumular ropa sucia de toda una semana teniendo en cuenta que su peque no tiene más de un par de años y es todo un terremoto.

Que hayan lavado la ropa aquí en este tiempo que prácticamente han cambiado su super-casa por el camping, bueno, vale. Cuestión de comodidad. Pero que lleguen y prácticamente lo primero que hagan sea poner una lavadora, pues al menos a mí no me cuadra. Bueno, la lavadora la pone ella. Él ha dejado bien claro en diversas ocasiones que es el “macho” de la familia y que su mujer está a su lado para limpiar y cuidar del peque. Pero en ese tema no me meto, si ella es feliz, pues tan contentos, oye. Pero no me parece correcta la imagen que él intenta dar de su mujer cuando se refiere a ella casi en tono despectivo.

Cada casa es un mundo, eso está claro. Pero el hecho de cargar con la colada de la semana para irte un par de días al camping, no lo veo muy relajante, porque aquí eso significa que o bien te llevas la ropa mojada, o pierdes la tarde entre paseos a la lavadora y la secadora. Anda que iba yo a traerme faena a un fin de semana de relax…

El misterio de las verduras

Desde hace un par de semanas, se viene repitiendo un fenómeno un tanto extraño por casa. De vez en cuando me aparecen unas cajitas o bolsas llenas de verdura en la puerta y hasta ahora no sabía de quién eran. Yo me las comía, pero no sabía a quién tenía que darle las gracias. Hasta esta tarde.

Es curioso, me paso todo el día en casa, pero cuando salía al baño o con los perretes me encontraba un paquete en la puerta, ya fuera en la cesta de la bici o en mi mesa de la terraza. Al principio no me daba cuenta, pero llegó un punto que empecé a fijarme a través de los huecos que dejaban mis cortinas (muy tupidas ellas que no dejan pasar nada) a ver si podía averiguar cuando y quien las traía. Veía alguna sombra moverse cerca seguida de algún ruido y yo salía rápida para poder pillarle y agradecerle. Pero oye, que llegué a pensar que teníamos algún vecino ninja o algo. Nunca le pillaba.

Pero hoy, al volver de mi ducha (también llamada a partir de ahora tortura) veía a lo lejos una persona que rondaba una de mis bicis y al acercarme he descubierto que quien me dejaba la verdura era la señora de mis vecinos “los silenciosos” que viven muy cerca. Por primera vez he podido agradecerles en persona todas esas ensaladas y verduras que nos hemos estado comiendo. Estos no piden nada a cambio, creo que sólo nos dan lo que les sobra. Pero me han salvado algún que otro acompañamiento para la comida. Y todo hay que decirlo, muy rico. La señora me ha sonreído y se ha ido contenta a su parcela. Yo creo que nos están agradecidos por preocuparnos de sus caravanas durante aquella tormenta tan fuerte que les pilló fuera y que les habría salido muy cara si no llegamos a cerrarles los avances.

Y lo de la ducha/tortura es que hoy ha hecho fresco y yo que a veces soy un poco ingenua me he ido a las duchas pensando que ya habrían puesto la calefacción. Inocente de mí, no sólo no había calefacción, estaban todas las ventanas abiertas. Vamos, que me he duchado con unos 13 grados dentro del edificio y con 11 fuera. Menos mal que el agua sí estaba bien caliente. Eso sí, he echado mucho de menos mi albornoz con el que me tapaba al salir, porque la toalla que tengo digamos que no abriga. He tenido que sentarme al lado de la estufa un rato para acabar de entrar en calor.

Sólo espero que la dueña del camping se de cuenta y ponga la calefacción pronto, que por lo general a la mínima que refresca la pone. Porque si no, va a ser para pensárselo cada vez que vaya. Desde luego, si aguanto lo que me queda aquí sin resfriarme, yo creo que ya estaré inmunizada, porque tener que ir con viento y lluvia a la ducha y volver no es nada agradable. Y creo que ya nos quedan muy pocos días de sol. De calor ni hablemos, que creo que el próximo ya va a ser bien entrada la primavera.

Calladitos están más guapos

Hoy me he dado cuenta de que a partir de ahora mis fines de semana van a ser de lo más aburridos. Sola desde que me levanto hasta ya entrada la noche. Porque entre trabajo y trabajo, mi novio pasa entre media hora y quince minutos en casa para cambiarse de uniforme. El pobre trabaja más horas que un reloj. Lo bueno es que al menos se lleva bien con la gente de la pizzería y del restaurante. Eso se lo hace todo mucho más llevadero.

Pero claro, siempre puede llegar algún indeseable a trastocarte la tarde de trabajo. ¿A que no sabéis quién ha ido esta tarde a pedir unas pizzas? No tenemos demasiados conocidos, así que no creo que os resultara muy difícil. ¡Los vecinos “majos”! Que de verdad, éramos más felices cuando sólo saludaban.

Después del intento inútil del padre para que volvamos a llamar a la empresa, se ve que los rencores han vuelto y no han podido callarse cuando han visto detrás del mostrador. Muy “majos” ellos, lo primero que han soltado después de los “hola” y “cómo tú por aquí”, han entrado al cuello. Que si declara a hacienda lo que está trabajando ahí, que tiene que estar asegurado, que si no tiene que dejarlo… ¿A ellos que más les da? Anda y que se vayan a donde picó el pollo. Que sí, que lo ideal sería que también estuviera asegurado, pero eso ya depende del dueño. Él de cara al público está de prácticas. Vamos, que no cobra, que va a aprender. Así se ha quitado de encima a los vecinos “majos”.

Se están dando cuenta de que han perdido la oportunidad de tener un buen empleado por haberme rechazado a mí, y me alegra que ahora lo vean ir y venir todos los días, incluso cuando se supone que libra, cada vez con un uniforme diferente. Tenían que haberlo pensado antes, porque si al menos no me hubieran engañado, quizá las cosas habrían ido de otro modo. Pero como no, ajo y agua para la familia al completo.

Que de rencorosos está el mundo lleno, no hay duda. Pero esta gente que por desgracia nos ha tocado cerca, ya podrían pasar más tiempo educando a su hijo (que se está asilvestrando por momentos) y dejarnos en paz. Que son como el perro del Hortelano, ni comen, ni dejan comer

Haciendo las paces

¿Os acordáis de los vecinos “majos”? Hacía mucho que no hablaba de ellos, pero han vuelto a dar motivos. Aunque esta vez he de decir que mejores que hace un tiempo. Y es que si hasta hace nada nos ignoraban completamente, ahora han vuelto al modo “venga, que queremos ayudaros”. Eso, o quieren perdernos de vista pronto. Una que es un poco mal pensada.

Esta mañana cuando me he levantado, al ir a sacar los perros me he dado cuenta de que en la puerta había enganchado un papel en (cómo no) alemán. Era bastante básico, así que he podido averiguar lo que ponía. Era el anuncio de una casa de alquiler por la zona, admiten perros y el precio es ligeramente superior a lo que pagamos a día de hoy. No parecía una mala oferta, pero volvemos a lo de siempre. No podemos pagar más de 1.000€ de fianza. Así que descartado.

Por la tarde, cuando ha llegado mi novio, ha venido la hija del vecino “majo” a decirnos que su padre nos mandaba esa oferta. Bueno, pues vale. Pero una ya no sabe qué pensar. No creo que sea por ayudarnos cuando han estado tanto tiempo poniéndonos malas caras. Quizá es que quieren que nos vayamos de aquí, vete tú a saber. Pero poco después el padre ha parado a mi novio de vuelta de uno de esos viajes al baño. Y vuelta al ataque.

Al principio preguntando que cómo nos iban las cosas, (claro, en todo este tiempo no has podido preguntar cada vez que te hemos saludado educadamente) que a dónde iba por las tardes con el uniforme de camarero… Y le ha faltado tiempo para volver a meter la cuña. Que volvamos a llamar a la empresa, que esta vez fijo que nos cogen a los dos, que veremos lo a gusto que estamos… Mira, no sé si será verdad esta vez, pero no me apetece nada volver a la empresa para que me ignoren y humillen de nuevo.

Y lo más raro es que el marido de la hija (que nos ha mirado con odio todo este tiempo) ha venido a vacilarle de coche nuevo. Bueno, nuevo nuevo… no es. Seguro que es del suegro que ya ha retirado, pero bueno, si es feliz así, yo no le discuto. ¿Y os acordáis del cascajo que nos quería endosar por 1.200€? Pues cotilleando por internet vimos el anuncio de venta del coche. ¿Sabéis a qué precio? ¡A 2.990€! Lo peor es que el anuncio ya no está y el coche por aquí no ha vuelto a aparecer. Pobres infelices que lo hayan comprado… Espero que le regatearan bien y lo vendieran por 2 duros. Menudos “quiero y no puedo”.

Pero hoy ha sido un buen día, que me han salido un par de proyectos que si van para delante os los contaré en breve. No sería mucho, pero me mantendría ocupada un tiempo. Prometo contarlo cuando sepa algo cierto.
Y si os preguntáis por las fotos que ayer prometí, tened paciencia, que aunque haya vuelto el calor (sí, ha vuelto, y con ganas) hoy estaba nublado y quiero hacerlas cuando haga sol. ¡A ver si mañana puede ser!

No gano para sustos

Había leído en varios blogs que algunos alemanes son un poco “horchatosos” y se lo toman todo con muuucha tranquilidad. Hasta este momento no me parecía que fueran así los que veo a mi alrededor,  pero lo de esta mañana me ha dejado sin palabras. Mira que al final van a tener razón.

Esta mañana a eso de las 10:00 ha sonado una gran explosión en el pueblo y me he llevado un susto tremendo. En ese momento estaba remoloneando en la cama despierta y ha retumbado toda la caravana. Corriendo he ido a todas las ventanas a ver si se veía algún tipo de humo o algún indicio de la explosión, pero nada. Antes de deciros los siguiente que he visto, he de deciros que vengo de un pueblo donde en Marzo hay fallas, y he vivido en Valencia, así que estoy más que acostumbrada a los petardos, sean del tamaño que sean, y los perretes también. Hasta ellos se han asustado y han venido ladrando al lado de “mami”. Imaginaros como tiene que haber sido.

Pues bien, cuando he dejado de buscar por el cielo alguna señal, me he fijado en los vecinos, en todos los que estaban al solecito en la terraza. ¡Y ni han levantado la vista del periódico o revista! Nada, creo que ni han pestañeado.

Mira, tira y pase que cuando suenan las alarmas del pueblo ni se inmuten (que yo a día de hoy no sé porqué suenan de vez en cuando) debe ser que están acostumbrados y saben el motivo. Pero desde que estoy aquí es la primera vez que algo revienta con esa potencia y no debe ser nada normal. ¡Pero qué poca sangre en las venas! Yo acojonada y el resto tan tranquilos.

Y claro, otra vez se interpone la berrera lingüística. ¿Como le pregunto yo a alguien que es lo que ha pasado? “Oye, esta mañana (con gestos) ¡Bum!” Igual en vez de responderme se descojonan de mí (o igual no, que el humor no lo tienen muy arraigado). De todas maneras, no creo que pudiera llegar a entenderlos. Y entre eso y que hoy a tocado tarde de dentista otra vez, pues sigo con la intriga.

A ver si mañana consigo averiguar que ha pasado, y ya de paso por qué suenan las puñeteras sirenas, que estoy más mosqueada que un pavo en Navidad con tanto ruido raro y me gustaría tener alguna respuesta. Pero de verdad, cada día me parece un sitio más extraño.