Rebajas

De domingo en domingo y tiro porque me toca. Aquí estoy otra vez, trabajando en domingo en el centro comercial. Nos ha tocado. Menos mal que ya hasta por lo menos marzo no nos vuelve a tocar (inocentes los compañeros, piensan que hasta junio…) Está el centro comercial hasta las cejas. Hacía mucho que no veía tanta gente por aquí. Y yo ya he terminado la faena de hoy (de momento, imagino que algo más me tocará hacer antes de irme) así que aprovecho y me pongo al día.

Hoy oficialmente se acabó la Navidad. Somos los únicos que todavía tienen puesto el árbol con las luces, pero es que no iva a abrir hoy para quitarlo. Ya mañana cuando llegue por la mañana me tocará recoger los adornos. Se acabaron los villancicos en Mercadona, las luces en las calles y los escaparates llenos de paquetes de regalo. Ahora tocan los carteles de rebajas, y cuando menos lo esperemos la decoración de San Valentín. Que sí, que me adelanto mucho. Pero hace nada decíamos que todavía quedaba mucho para Navidad y mira, ya la hemos pasado. Ahora volveremos a la normalidad unos días por lo menos. Todavía no nos hemos recuperado del desfalco de Navidad y ya hay que pensar en la siguiente fiesta. Menuda ruina…

En fin, creo que hoy voy a dejarlo pronto que la gente me mira por el cristal de la “pecera” y se me hace raro que me vea escribiendo. Si al menos se acercaran a pedir algo…

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Demasiada siesta

Bueno, aquí ando a las tantas de la madrugada con la peque en brazos esperando a que se duerma un poco más profundo para echarla en la cuna de nuevo. Parece que hoy tiene un pincho en el culo y en el momento que la pongo en su cuna salta. Va a ser una noche muy corta, lo veo venir. Que ella es muy señorita, y las cosas a su manera. De momento tampoco es que haya muchas opciones de “negociación” con ella, pero hay cositas que tengo ganas de poder explicarle, como por ejemplo el tema de la comida.

Una noche cualquiera le pongo delante su plato de pollo, pescado, tortilla o lo que toque ese día. Mientras hayan dibujos bien, va comiendo. Pero solo mientras están los dibujos que a ella le apetecen, y cambia de idea bastante rápido. Y como todavía no habla, hay que cambiar de vídeo cada dos por tres. A los Telerin ya los tenemos más que aburridos, y ni os cuento con La granja de Zenón… esas (que pocas canciones me sonaban de antes de conocerlos) ya las canta toda la familia.

Para desayunar, la granja. Para comer, la granja. Para merendar, la granja. Para cenar, pues una mezcla entre la granja, los telerin, una canción con bebés, Pocoyo y un vídeo tela de cutre de unos gorilas y unos tigres en 3d bastante rudimentarios con una musiquilla que se clava en el oído durante unos 15 minutos de forma repetitiva. Por si esto fuera poco, el fondo habitual de este vídeo es una isla del Caribe o una boda. Muy coherente. Que ganas tengo de que ya empiece a seguir los episodios de alguna serie tipo Pocoyo (ahora mismo solo les presta atención unos 10 minutos seguidos y solo si bailan o hay música) y dejar un poco de lado esas cancioncillas que se clavan en el tímpano. Bueno, que me despisto.

Después de comerse aproximadamente un cuarto del plato ya frío, llega el momento en que me despisto bebiendo o cogiendo un trozo de mi plato para intentar cenar y ella aprovecha para echarse por encima lo que queda. Pero no solo vacía el plato, no. Restriega todo lo quede a su alcance y a continuación barre con la mano en varias pasadas rápidas para tirarlo todo al suelo. Todo esto en décimas de segundo. Que vicio le tiene. Claro, el perro no hay quien lo despegue de la silla de la niña, esa es apuesta segura.

Llegados a este punto ya no hay ningún vídeo que la entretenga y se pone a llorar. O ya he terminado la cena, o el resto lo comeré muy frío. Toca bajarla de la trona y dejarla campar a sus anchas mientras intento acabar. Se pone a perseguir al perro, a “limpiar” la mesa con el agua del biberón/vaso de plástico a manotazo limpio y salpicando bien, a abrirme los armarios y coger el royo de film transparente (ya imaginaréis para qué lo usa…) o cualquier otra maldad que quede a su alcance.

A partir de ahí la cosa ya se va relajando. Carreras con el culo al aire (con lo que le gusta ir sin pañal, aprovecha cualquier oportunidad para escaparse) y cuando ya he conseguido acabar de ponerle pañal y pijama, toca sentarla para darle el biberón mientras le pongo otra vez los dibujos (a estas alturas ya hay días que aborrezco cualquier musiquilla) y si hay suerte se duerme sobre las 11 de la noche. Tarde, lo sé. Pero no hay manera de acostarla antes. Y el día que ha dormido mucha siesta, pues como hoy, a las 5 de fiesta.

Ala, ahí os dejo que creo que por fin voy a poder dormir un rato más. Aprovecho que el cualquier momento sale berreando.

Fin de año

Bueno, aquí estamos el último día del año, y me ha tocado trabajarlo. A mí y a Roxu. Aquí estoy en el centro comercial esperando a que se acabe mi turno hoy para irme a casa a preparar cositas para la cena. Mientras, viendo cómo la gente anda buscando las últimas compras para esta noche. Qué nos gusta dejarlo todo para el último minuto…

Hoy todos van con prisas y todo es urgente. Es curioso que haya movimiento, mucha gente por el centro comercial. Pero casi nadie lleva bolsas con compra. Ya veremos el domingo que viene que también nos toca trabajar. Si ya han empezado las rebajas, esto será un caos.

Ya no tengo a las cajeras de Carrefour enfrente, cambiamos de sitio el stand por otro mejor situado y con mejor presencia. Ahora tengo un puesto de gafas que la verdad es que la chica parece estar bastante aburrida. De hecho, lleva de cháchara con la de la tienda de juguetes un buen rato. No la culpo, no se acerca demasiada gente a su stand. En el otro no es que me hubiera tocado trabajar muchas veces, en total serían 2 o 3. Pero fue tiempo suficiente para saber que en este es más complicado que si escupen me acierten. No preguntéis por qué lo sé…

En fin, ya va quedando menos para que se haga la hora de salir. Y mañana libre. Yuju! Será el único hasta bien pasados reyes. Que vivan los domingos laborables…

Navidad, ahí vamos

Otro año más vamos de camino a la Navidad. Compras compulsivas (al menos el resto, yo no tengo tiempo para eso), villancicos pasados de moda (¿de verdad en Mercadona no tienen ninguno mejor que poner? No sé, pero estoy casi segura de que los hay hasta soportables más de 5 minutos), luces de puticlub allá donde mires (ya no se preocupan tanto por la factura de la luz este mes) comida, comida y más comida… que ojo, no me estoy quejando. De hecho, esta mezcla tan rara es la que le da el encanto que tiene esta época del año. Hay gente que odia esta época. Pues que queréis que os diga, a mí me gusta. Y a partir de este año, y esperemos que bastantes, hay que volver a vivirla como una niña con la peque. Papá Noel, los regalos, las fiestas… y sobre todo LAS LUCES, porque este año de momento lo que ha descubierto son las luces de colores que parpadean. Le fascinan, la primera vez que las vio se puso a chillar de la emoción. Se que todavía es pequeña para entender lo que está pasando a su alrededor, pero seguro que se emociona con cada cosa nueva que descubra este año. Y por supuesto, no puede faltar la foto con Papá Noel. Que yo sé que o le encanta o le va a traumatizar durante un par de años, pero hasta que no lo intentemos no sabremos.

En fin, ya iré contando como lo pasa la pitufa en las fiestas, que seguro que estas son para recordar. Con el genio que gasta la moza, ya veremos como la acerco a Papá Noel sin que le haga la cobra y se tire al suelo. Por lo menos una foto tiene que salir. Y si no… pues habrá que esperar al año que viene. Eso o me arriesgo a que me muerda a mi…

De record

Aunque no lo parezca a simple vista, mi trabajo es un poco… no sé cómo definirlo. Digamos que no apto para escrupulosos. Gente con manías en cuanto a la higiene, no aguantarían con este trabajo. Todos los días tengo que literalmente rascar mugre de algunos teléfonos, pelos, trozos de “a saber qué” incrustados en ciertos sitios… Al final te acostumbras. No te paras a pensarlo (al menos demasiado) y lo haces todo de forma automática. Con mucho alcohol y jabón, pero sin prestarle demasiada antención. Pero hay días que es imposible. Como el otro día, que nos trajeron un teléfono que se había caído al agua. Del water. De uno portátil. De una obra. Y todavía chorreaba. Haceros una idea del aroma que subía de ahí. Roxu se reia desde lejos diciendo que me encargara yo que no tengo olfato. Vamos, que no tengo olfato. Andaba con una arcadas que cualquiera diría. 

Sin duda alguna es el peor caso que he tenido. Perdí incluso la cuenta de las veces que tuve que lavarlo para que dejara de chorrear azul, pero cada vez que veía cómo caía el líquido de color todavía, me volvían a dar arcadas. Terrible. De esos momentos en que piensas “quiero un aumento” o el típico “esto no está pagado”. Me habían llegado cosas que daban grima, pero esto… se lleva la palma de largo. Menos mal que de esto solo llega uno entre un millón. ¿Sabéis lo mejor de todo? Me pilló sin jabón en la tienda. Me pulí medio bote de limpia cristales y otro tanto de alcohol y lejía. Y aún no con esas conseguí quitarme el olor de las mano. Vamos, si llega a ser un teléfono de los baratos, yo misma me hubiera ofrecido a pagarlo con tal de no tener que manosearlo. Que asquito…

Se acabó la teta

Miniyo ha decidido que se acabó la teta. Ella solita, sin presiones. Hace cosa de mes y medio decidió que ya no quería más teta. Yo he insistido alguna vez más por si eran un par de días tontos, pero nada, oye. Que de teta nanai. Vale, ya tenía cerca de 10 meses, pero me sabía mal que dejara la teta. Supongo que el tenerla solo por las noches ha influido. Seguro que si hubiera tenido el horario que tengo ahora hace unos meses, ella habría seguido bastante más tiempo. Pero claro, no quedaba otra que darle bibe por las mañanas (ha salido dormilona como yo, las 8:30 era muy temprano) y alguna que otra noche se quedaba con ganas de más después de la teta. Lo he pasado yo peor que ella. 

Ahora sigue con sus bibes, pero ya va comiendo un poco de todo. Menos los potitos, se lo come todo, incluso en papel. Qué amor le tiene a los tickets y a los catálogos…

La amistad

Esta entrada llevo tiempo pensando en escribirla, y la verdad es que he cambiado de idea varias veces sobre si publicarla o no. Si la estáis leyendo es que al final ganó el si. 

Alguna vez he hablado aquí de que no tengo amigas, que hace tiempo tuve pero acabamos cada una por su lado. Pues hace poco otro grupo de “amigas” me lo ha vuelto a hacer. Quedaban, subían fotos y cuando les preguntaba por qué no me avisaron se hacían las locas. Otro grupo que me da de lado sin motivo aparente. Yo no alcanzo a entender si hago algo mal o solo es casualidad, pero me jode que toda persona con la que parece que tengo un poco de amistad, me acaba dejando de lado o directamente desaparece. A toda esa gente me gustaría hacerle solo una pregunta: ¿por qué?. A veces me he preguntado si soy tan complicada como para que nadie que no sea de la familia me aguante más allá de unos meses en el mejor de los casos. Me duele, yo lo doy todo y en el momento que les parece dejan de llamarme o contestarme. 

Gente con la que pensaba que tenía una cierta amistad, qué equivocada estaba. Incluso han dejado de hablarme sin que haya pasado nada. Y cansa, cansa muchísimo andar detrás de la gente para quedar y que siempre tengan algo que hacer mucho más urgente que tu, o simplemente se “olvidan” de los planes que habíais hecho. Pensar que por fin has hecho amigas y darte cuenta de que han hecho un grupo en whatsapp paralelo a ese en el que hablabais todas y que ha quedado abandonado. Mandar un mensaje diciendo que te sientes abandonada y que nadie haya sido capaz de contestar en dos semanas. Cansa y mucho. 

Solo tengo un par de amigas a distancia que son las únicas que se interesan algo en contestarme cuando les pregunto qué tal les va todo. Y en estos momentos me doy por vencida, si a estas alturas no he conseguido que nadie me sonsidere buena para ser su amiga, no lo voy a conseguir a corto plazo. Me rindo, por lo visto no estoy hecha para tener amistades.