Renovarse

O ir descalza, esas son mis opciones. Durante el embarazo todo lo que había por debajo de los muslos se hinchó hasta límites que no había visto en mi cuerpo jamás. Los tobillos directamente desaparecieron, y los pies se me hincharon tanto que me tuve que comprar zapatos y usar chanclas para poder calzarme algo. Ilusa de mí yo pensaba que cuando pasara un tiempo desde que naciera Miniyo mis pies volverían al sitio y me podria poner mis zapatos de siempre. Error. Mis pies ya no están hinchados, pero sigo sin poder ponerme mis zapatos. ¡Me han crecido una talla! 

Y no a lo ancho, si no a lo largo. Intento ponerme mis zapatos y tengo que ir con los dedos encogidos. Había odio que los embarazos te cambian el cuerpo, pero nadie me dijo que me crecería una talla el pie. Ahí me veis con una bolsa de deporte llena de zapatos (siguen ahí desde la mudanza, y por lo menos hasta que tenga algo parecido a un armario) de los cuales voy a tener que tirar al menos el 90% porque no me vienen, porque si a estas alturas no han vuelto al sitio, dudo mucho que lo hagan más tarde. 

Nada, va a tocar comprar zapatos nuevos. Ya podía haber crecido un poquito en altura ya que estábamos… y no a lo ancho, que de eso todavía me estoy recuperando.

Fiesta del sábado noche

Aquí estamos, a las 2 y pico de la madrugada viendo CSI. No, la peque no tiene la culpa. Hoy se está resistiendo un poco a dormirse, pero no nos tiene despiertos. Es que hoy hemos tenido visita. ¡Un ratón se ha paseado por nuestro cuarto! Al pasar por encima de un papel ha hecho ruido y al encender la linterna del móvil lo he visto. Y Roxu me ha tomado por loca cuando se lo he dicho. Que no había ratón, que me estaba volviendo loca. Al final tenía yo razón. Tras desmontar una caja en la que se había colado, ha salido volando por la ventana. Hoy dormiré más tranquila.

Y lo peor es que me estaba volviendo loca de verdad, porque yo creo que anoche ya andaba por aquí pegando vueltas y lo oí un par de veces. Pero claro, al no verlo no lo podía asegurar. De hecho, no sabía si había sido mi imaginación mientras dormía o realmente lo había oído. Bueno, mentalmente sigo estable, es un consuelo. 

En fin, ahora que la peque ya ha decidido dormiste, voy a ver si consigo dormir yo. Y mañana por fin podré quitarme el calor en la piscina. ¡Bien!

Susto dominguero

Como ya sabréis muchos, el domingo tuvimos un susto. He estado ingresada día y pico en el hospital porque el domingo me levanté con dolores, y al llegar allí me dijeron que tenía contracciones cada 3 minutos (yo las notaba cada 8 o así). No es que fuera un dolor muy fuerte, de hecho no era demasiado doloroso, pero cuando empezaron a ponerme los medicamentos para cortarlas sí que empezaron a doler un poco. En esos momentos la verdad es que lo único que se me pasaba por la cabeza era “es demasiado pronto”. Pasé por monitores y una eco para ver que todo lo demás seguía bien, y para mí tranquilidad la peque está perfecta, sigue creciendo a buen ritmo y ya anda sobre los 2,1 kg. Me ingresaron (la primera vez en mi vida que me ingresan en un hospital) y me dejaron con medicación cada 6 horas para cortar las contracciones. A parte de eso, dos inyecciones de corticoides para que la peque madure los pulmones por si al final se adelanta (todavía está a tiempo). Y ahora reposo, aunque esté en casa, tengo que estar en reposo. Si vuelve a pasarme, ya me han dicho que no me las paran de nuevo, que dejan que todo siga su curso. Miedo me da. No sé, es muy pronto, todavía es pequeña para que nazca. 

Y ahora ando agotada, cualquier movimiento me cansa muchísimo, y si me muevo un poco más de la cuenta el tripón se pone duro como una piedra. Dos semanitas. Por lo menos que aguante dos semanitas más donde está, que fuera hace mucho calor y todavía es pronto. De momento el viernes ya tengo otra cita para que me vigilen. Ya no me van a dejar ni a sol ni a sombra hasta que nazca. Mejor, más controlada estaré. De momento es lo que hay. Ya os iré dando novedades si se presentar. Ahora lo que toca es acabar su habitación, que esto ha sido un toque de atención para que nos pongamos las pilas y traigamos todo para casa que ya va siendo hora. Hay madre, que me veo que no llego a las 40 semanas…

Descansando lo que se puede

Oficialmente estoy de baja, y por la mutua. ¡Bravo! ¡Un gran aplauso! ¡Por fin! Y no es para menos, llevaba un mes peleando con ellos para que me la dieran. 29 semanas cumplía el día que fui a por el primer papel, y ahora mismo estoy ya de 33 + 3. Ha costado lo suyo. Que si te falta un papel, que si este no está completo, que si el médico no ha tenido tiempo de repasar mi informe… Un montón de pegas. Yo pensaba que al final me pondría de parto negociando todavía. Pero bueno, el que la sigue la consigue. Y aunque me hubiera venido bien que me la dieran un poquito antes, al menos ya me la han dado, porque en mi trabajo no se suele dar que un técnico se quede embarazado, así que no hay “supuestos estándar” que digan cuando toca la baja. 

Que yo admiro a todas las que trabajan hasta el último día, pero yo ya no podía más. Me duele todo, no descanso. Y de día me arrastro con falta de aire en cuanto me muevo un rato. Cojo la fregona para darle al pasillo y cuando termino parece que he corrido la maratón. Ya ni hablemos cuando subo las escaleras para ir a casa. De medio día para delante tengo que hacer una pequeña pausa. 
Aquí la fierecilla no para. La gente me pregunta si ya se mueve menos por la falta de espacio. Pues va a ser que no. Ha cambiado el lado de la tripa por el interior de mis costillas, pero en cuanto a la cantidad, no. Sigue igual de revoltosa. Ahora incluso se permite el lujo de cambiar el culo de sitio. Chata, no te me gires a estas alturas que la liamos.

Por cierto, ir a la playa tal y como estoy y sin poder bañarme es un coñazo. El agua hoy estaba helada, más que días atrás, que si llegué a meterme. Pero hoy no era nada apetecible. Y para colmo no puedo tumbarme al sol ni bocabajo (es evidente), boca arriba (me ahogo) ni de lado (parezco una ballena varada en la orilla nunca mejor dicho). Y dar un paseo me cansa horriblemente. Así que ahí veis a Roxu en un intento para que esté cómoda haciendo un agujero en la arena para que meta la barriga y me pueda tumbar. Que se agradece el detalle, pero eso de clavar las costillas en la arena no es agradable. Al final, hemos acabado en el bar con un refresco. 

Bueno, veremos que me cuenta la matrona de la última eco el miércoles, que la bronca ya la tengo yo segura. Lo que me sorprende es que luego me ve en las clases y no me reconoce… En fin, creo que le echa la bronca a tanta gente que luego olvida a quien ha sido. Ya os contaré, que esta semana pinta que va a ser movidita. Matrona, médico de cabecera, clase de preparación y visita guiada al hospital. Seguiré informando…

De bronca en bronca

Y tiro porque me toca. Menuda bronca me llevé de la matrona el lunes. Sé que vengo un poco tarde para contaros, pero es que todavía no me he recuperado de la mudanza (ni creo que lo haga a estas alturas… al menos a un punto en el que no me encuentre agotada a las 2 horas de empezar el día). Bueno, a lo que iba. El lunes llegaba yo feliz de la vida a la visita a la matrona (tenía un buen día) totalmente concienciada de la bronca que me iba a caer con mis 9 kilazos engordados  desde el principio. Inconsciente de mí pensé que me había “inmunizado” a las broncas y bueno, me tomé un poco a broma cuando me subí a la báscula. “Sube, sube, que todavía ni te acercas”. Debió de sentarle mal, porque a partir de ahí mutó en un ser rencoroso (yo creo que se guardó la bronca de la visita con mi madre para cuando fuera sin ella) y comenzó a decir que era una inconsciente,  que nos estaba poniendo en peligro, que ya me arrepentiría llegado el momento de haber engordado tanto, que no me muevo lo suficiente, que la pereza me va a pasar factura… y por si todo esto no fuera suficiente para andar tocándome  las narices, va Roxu y le suelta “la culpa es de su madre que le trae bollos de chocolate todos los días”. A partir de ese punto juro que me pareció ver cómo la cabeza le daba una vuelta de 360° y me sonreía con cara de “te vas a enterar…” Amenazando con que tendré una cesárea si sigo por el mismo camino, que ella se limita a apuntar y que los llantos vienen después… a partir de ahí dejé de escucharla. Lo único que entendí a partir de ahí con claridad fue el “estos son los horarios de las clases maternales. Si te quieres apuntar me lo dices y te tomo nota. Si quieres…” Sinceramente, la coletilla sobraba. Pero bueno, visto lo de antes, era de esperar.

Telita. Menudo cabreo arrastré el resto de la tarde. Que tengo tripa, y considerable, lo sé. Cuando la gente empieza a decirte a diario que ya estarás “a punto”, es por algo. Pero realmente lo que viene siendo el culo no me ha engordado a penas una talla desde el comienzo (aunque Roxu se empeñe en decirme los redondo que se me ha puesto) Lo que realmente hace que con ciertas prendas parezca una mesa camilla es lo que tengo bajo las tetas. Yo la veo enorme. Aunque luego la fiera no ocupe tanto. Se pega a cada vuelta por dentro… Ahora empieza a cambiar de posición a lo bruto y es hipnotizante ver como la tripa cambia de forma. Salen bultos que se mueven, que cambian la barriga de forma por completo… Es increíble. Y aunque me digáis de todo, creo que en el fondo sigo sin asumir que dentro de dos meses (¡dos meses!) de ahí vaya a salir una personita en miniatura. Tras la visita el sábado pasado a Ikea con su posterior resaca, tenemos gran parte de los muebles que nos faltaban, incluidos los de la habitación de la fierecilla. Sólo falta que la terminemos de hacer, que todavía no tiene techo y de momento la tenemos ocupada. Pues no nos queda nada… A ver si con un poco de suerte la empezamos a montar en un par de semanas…

Bueno, os dejo que hoy tengo cena. Ya os seguiré contando…

¡Y que conste que mi madre no me trae chocolate todos los días! Como mucho un par por semana…

Glucosa…

Hoy me ha tocado la prueba de la glucosa. Para empezar diré que me esperaba un sabor mil veces peor, pero la verdad es que no me ha parecido que estuviera tan malo como me habían dicho. Una horita esperando y pinchazo. Sin nauseas ni malestares hasta hora y pico después de salir del médico. Ahí sí que me han entrado los 7 males. Ufff… En pleno mercadillo a punto de echar la botellita de naranja o caerme redonda al suelo. Había momentos en que no sabía cuál de las dos opciones iba a ser la ganadora. Por suerte, al final ha quedado todo en un “momento malo” y punto. Eso sí, más mala que un perro hasta la hora de irnos a trabajar. 

Los resultados para el día 7 que ya me veo venir que cuando me suba a la báscula no es que me vayan a reñir, me van a coser la boca par que deje de comer. Así, sin hacer ningún cambio en las comidas, he subido kilazo y pico largo desde la última visita. Y es que la tripa me ha vuelto a crecer de golpe. Ya casi no me queda ombligo y el polo del uniforme empieza a quedar tan prieto que me se sube por delante. En cuanto a la espalda… No creo que aguante mucho más de un mes así. Ya me veo pidiendo la baja en mayo. Ya hay momentos en el trabajo en que lo único que puedo hacer es arrastrar 15 kilos de carne que van pegados a mi cadera. Ni balemos de noche cuando ya me relajo. Me duele todo de ombligo a rodillas. Y lo que me queda…

Yo que no me quejaba, que quitando las molestias de la espalda no tenía nada de lo que quejarme, y ahora he empezado con la acidez, el dolor continuo todo el día y a engordar. En breve, cual ballena varada en la cama. Ya veréis. 

En fin, que tampoco es para tanto, ya llegará Junio y querré comerme a alguien o patearlo, una de dos. Hasta entonces a intentar esconderme, que últimamente tengo la paciencia justa para pasar el día.

8+4 

A la espera estoy de que llegue mañana por la mañana. ¡Por fin voy a verle! Previo pago, claro. Para verlo por la seguridad social todavía queda casi un mes… Estoy ansiosa, ¡la primera foto! Y mientras, voy contando.

Ya he sufrido el primer bajón de azúcar bestia. Ufff… Qué mal lo pasé. Tuve que mandar a Roxu a por comida, no podía ni levantarme de la silla. Las náuseas ya las voy medio-controlando. Quitando ese episodio del viernes, con comer cada 4 horas más o menos va bien. Poco pero muchas veces. Vamos, lo que el estómago me permite. Lo que realmente me toca las narices es que hay un montón de comidas que me encantan pero que soy incapaz de probar en estos momentos. Es fácil saber si seré capaz de comerme algo. Pienso en esa comida, y si me dan arcadas es que no voy a poder hincarle el diente. Rápido y fácil. Amagada me tiene… La única relación que he encontrado de momento es que mientras más insípida es la comida, mejor la tolero. 

Bueno, a ver si consigo dormirme que en un rato toca estar en pie para ir de visita. ¡Por fin! ¡Yuju!