¿A donde vamos?

No, no es una reflexión profunda mañanera inducida por haber dormido hasta las 9 casi de tirón y que la doña de la casa me siga roncando aquí al lado (a ver si al menos me deja acabar esto antes de entrar en modo gremlin). Me refiero más bien al lugar donde hemos decidido pasar las vacaciones en las que estamos metidos de pleno. Nos hemos venido a la tierra de Roxu, a Asturias! Si, en plena ola de frío y nieve nos hemos venido aquí los 5. Se ha venido hasta el perro de vacaciones. Hemos cambiado el sol, la playa y unos agradables 12 grados por la lluvia, el granizo (ya perdí la cuenta de las veces que me ha granizado encima estos 2 días que llevamos aquí) y los 3 grados de media que tenemos. Llamadme masoca, pero me encanta. Lluvia, lluvia y mas lluvia, que en casa no llueve más que un par de días al año. El que no está tan contento es el perro. El pobre va intentando meterse bajo todos los paraguas y balcones que puede, y aún y así se moja y llega empapado. Yo me di por vencida con el chaleco de lana, más que abrigar hace de esponja.

Una de las visitas obligadas que tendremos estos días es a un prado a ver vacas. Miniyo va a alucinar cuando vea una vaca de verdad que se mueve y respira. Acostumbrada a la del Alehop que hay cerca de casa, con esta tiene que ser un espectáculo. Y como encima le haga algún ruido estando cerca se mea, fijo. Ya os contaré como van las presentaciones.

Ahora me voy a intentar despertarla, que como la deje se le va a juntar la comida con la merienda. La madre que la parió. Días en que a las 5 de la mañana quiere jaleo y hoy son las 10:30 y sigue roncando. Si es que no hay nada como tener que levantarse un poco temprano por algo para que ella siga durmiendo hasta las tantas… Deseadme suerte, a ver si no me muerde.

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Rebajas

De domingo en domingo y tiro porque me toca. Aquí estoy otra vez, trabajando en domingo en el centro comercial. Nos ha tocado. Menos mal que ya hasta por lo menos marzo no nos vuelve a tocar (inocentes los compañeros, piensan que hasta junio…) Está el centro comercial hasta las cejas. Hacía mucho que no veía tanta gente por aquí. Y yo ya he terminado la faena de hoy (de momento, imagino que algo más me tocará hacer antes de irme) así que aprovecho y me pongo al día.

Hoy oficialmente se acabó la Navidad. Somos los únicos que todavía tienen puesto el árbol con las luces, pero es que no iva a abrir hoy para quitarlo. Ya mañana cuando llegue por la mañana me tocará recoger los adornos. Se acabaron los villancicos en Mercadona, las luces en las calles y los escaparates llenos de paquetes de regalo. Ahora tocan los carteles de rebajas, y cuando menos lo esperemos la decoración de San Valentín. Que sí, que me adelanto mucho. Pero hace nada decíamos que todavía quedaba mucho para Navidad y mira, ya la hemos pasado. Ahora volveremos a la normalidad unos días por lo menos. Todavía no nos hemos recuperado del desfalco de Navidad y ya hay que pensar en la siguiente fiesta. Menuda ruina…

En fin, creo que hoy voy a dejarlo pronto que la gente me mira por el cristal de la “pecera” y se me hace raro que me vea escribiendo. Si al menos se acercaran a pedir algo…

Demasiada siesta

Bueno, aquí ando a las tantas de la madrugada con la peque en brazos esperando a que se duerma un poco más profundo para echarla en la cuna de nuevo. Parece que hoy tiene un pincho en el culo y en el momento que la pongo en su cuna salta. Va a ser una noche muy corta, lo veo venir. Que ella es muy señorita, y las cosas a su manera. De momento tampoco es que haya muchas opciones de “negociación” con ella, pero hay cositas que tengo ganas de poder explicarle, como por ejemplo el tema de la comida.

Una noche cualquiera le pongo delante su plato de pollo, pescado, tortilla o lo que toque ese día. Mientras hayan dibujos bien, va comiendo. Pero solo mientras están los dibujos que a ella le apetecen, y cambia de idea bastante rápido. Y como todavía no habla, hay que cambiar de vídeo cada dos por tres. A los Telerin ya los tenemos más que aburridos, y ni os cuento con La granja de Zenón… esas (que pocas canciones me sonaban de antes de conocerlos) ya las canta toda la familia.

Para desayunar, la granja. Para comer, la granja. Para merendar, la granja. Para cenar, pues una mezcla entre la granja, los telerin, una canción con bebés, Pocoyo y un vídeo tela de cutre de unos gorilas y unos tigres en 3d bastante rudimentarios con una musiquilla que se clava en el oído durante unos 15 minutos de forma repetitiva. Por si esto fuera poco, el fondo habitual de este vídeo es una isla del Caribe o una boda. Muy coherente. Que ganas tengo de que ya empiece a seguir los episodios de alguna serie tipo Pocoyo (ahora mismo solo les presta atención unos 10 minutos seguidos y solo si bailan o hay música) y dejar un poco de lado esas cancioncillas que se clavan en el tímpano. Bueno, que me despisto.

Después de comerse aproximadamente un cuarto del plato ya frío, llega el momento en que me despisto bebiendo o cogiendo un trozo de mi plato para intentar cenar y ella aprovecha para echarse por encima lo que queda. Pero no solo vacía el plato, no. Restriega todo lo quede a su alcance y a continuación barre con la mano en varias pasadas rápidas para tirarlo todo al suelo. Todo esto en décimas de segundo. Que vicio le tiene. Claro, el perro no hay quien lo despegue de la silla de la niña, esa es apuesta segura.

Llegados a este punto ya no hay ningún vídeo que la entretenga y se pone a llorar. O ya he terminado la cena, o el resto lo comeré muy frío. Toca bajarla de la trona y dejarla campar a sus anchas mientras intento acabar. Se pone a perseguir al perro, a “limpiar” la mesa con el agua del biberón/vaso de plástico a manotazo limpio y salpicando bien, a abrirme los armarios y coger el royo de film transparente (ya imaginaréis para qué lo usa…) o cualquier otra maldad que quede a su alcance.

A partir de ahí la cosa ya se va relajando. Carreras con el culo al aire (con lo que le gusta ir sin pañal, aprovecha cualquier oportunidad para escaparse) y cuando ya he conseguido acabar de ponerle pañal y pijama, toca sentarla para darle el biberón mientras le pongo otra vez los dibujos (a estas alturas ya hay días que aborrezco cualquier musiquilla) y si hay suerte se duerme sobre las 11 de la noche. Tarde, lo sé. Pero no hay manera de acostarla antes. Y el día que ha dormido mucha siesta, pues como hoy, a las 5 de fiesta.

Ala, ahí os dejo que creo que por fin voy a poder dormir un rato más. Aprovecho que el cualquier momento sale berreando.

¡Feliz año nuevo!

Pues eso, como soy un desastre que tiene esto muy abandonado últimamente, la dejo programada y así os felicito cuando toca, no cuando me acuerde. Porque si depende de que mañana tenga un momento libre para escribir, lo mismo os felicito el año nuevo pero ya de 2019.

Espero que este año que ha terminado haya sido bueno para tod@s los que me leéis. Yo no tengo queja, en lo personal y laboral ha sido un año bastante bueno. ¿Mejorable? Pues igual sí, pero la verdad es que ha sido muy bueno en general.

Para este año no sé que propósito ponerme como meta. Lo de perder peso llevo en ello 2 meses, no fumo y de momento eso de hacer más ejercicio… dejémoslo para más adelante. De momento me conformo con bailar cuando se presenta la oportunidad, así que este año va a tocar improvisar.

Pues nada, os deseo a tod@s un feliz 2018 y que podáis cumplir al menos con 1 de los propósitos que os hayáis hecho. Que encontréis trabajo, amor, salud, las llaves o lo que os falte en vuestra vida y que termine mejor de lo que ha empezado. ¡Feliz 2018!

Fin de año

Bueno, aquí estamos el último día del año, y me ha tocado trabajarlo. A mí y a Roxu. Aquí estoy en el centro comercial esperando a que se acabe mi turno hoy para irme a casa a preparar cositas para la cena. Mientras, viendo cómo la gente anda buscando las últimas compras para esta noche. Qué nos gusta dejarlo todo para el último minuto…

Hoy todos van con prisas y todo es urgente. Es curioso que haya movimiento, mucha gente por el centro comercial. Pero casi nadie lleva bolsas con compra. Ya veremos el domingo que viene que también nos toca trabajar. Si ya han empezado las rebajas, esto será un caos.

Ya no tengo a las cajeras de Carrefour enfrente, cambiamos de sitio el stand por otro mejor situado y con mejor presencia. Ahora tengo un puesto de gafas que la verdad es que la chica parece estar bastante aburrida. De hecho, lleva de cháchara con la de la tienda de juguetes un buen rato. No la culpo, no se acerca demasiada gente a su stand. En el otro no es que me hubiera tocado trabajar muchas veces, en total serían 2 o 3. Pero fue tiempo suficiente para saber que en este es más complicado que si escupen me acierten. No preguntéis por qué lo sé…

En fin, ya va quedando menos para que se haga la hora de salir. Y mañana libre. Yuju! Será el único hasta bien pasados reyes. Que vivan los domingos laborables…

Navidad, ahí vamos

Otro año más vamos de camino a la Navidad. Compras compulsivas (al menos el resto, yo no tengo tiempo para eso), villancicos pasados de moda (¿de verdad en Mercadona no tienen ninguno mejor que poner? No sé, pero estoy casi segura de que los hay hasta soportables más de 5 minutos), luces de puticlub allá donde mires (ya no se preocupan tanto por la factura de la luz este mes) comida, comida y más comida… que ojo, no me estoy quejando. De hecho, esta mezcla tan rara es la que le da el encanto que tiene esta época del año. Hay gente que odia esta época. Pues que queréis que os diga, a mí me gusta. Y a partir de este año, y esperemos que bastantes, hay que volver a vivirla como una niña con la peque. Papá Noel, los regalos, las fiestas… y sobre todo LAS LUCES, porque este año de momento lo que ha descubierto son las luces de colores que parpadean. Le fascinan, la primera vez que las vio se puso a chillar de la emoción. Se que todavía es pequeña para entender lo que está pasando a su alrededor, pero seguro que se emociona con cada cosa nueva que descubra este año. Y por supuesto, no puede faltar la foto con Papá Noel. Que yo sé que o le encanta o le va a traumatizar durante un par de años, pero hasta que no lo intentemos no sabremos.

En fin, ya iré contando como lo pasa la pitufa en las fiestas, que seguro que estas son para recordar. Con el genio que gasta la moza, ya veremos como la acerco a Papá Noel sin que le haga la cobra y se tire al suelo. Por lo menos una foto tiene que salir. Y si no… pues habrá que esperar al año que viene. Eso o me arriesgo a que me muerda a mi…

Ruidosa

Acabamos de llegar de comer en un restaurante y vengo mosqueada. Bueno, primero que nada. ¡Vacaciones! Estamos de vacaciones disfrutando de unos días de ajetreo, porque lo que es descansar… estamos molidos con tanto movimiento. Ya os contaré en otro momento.

A lo que venía. Hemos ido a comer con un amigo y su hija a un asiático. La peque claro, se ha portado genial hora y media, pero cuando se ha aburrido de sus dibujos cualquiera la mantenía sentada en la trona. Han empezado a jugar las dos a pillar y la mía andaba tan emocionada que se ha puesto a chirriar, porque cuando está contenta no chilla, chirría como una puerta oxidada cerrándose a cámara lenta. Pues una señora del otro lado de la sala se ha levantado a llamarnos la atención porque la niña le estaba molestando. Vamos a ver, es un bebé con poco más de 15 meses. Corre, pellizca, muerde, chirría, pero no es más que un bebé al que no puedes decirle que chirríe más bajo. Yo puedo entender que a esa señora alemana (que poco me extraña) se quejara diciendo que le molestaba por el audífono que lleva, pero la gente así tendría que tener un poquito de paciencia. La niña no ha dado un ruido en horas, y a 15 minutos de irnos (llevaba 5 jugando alrededor de la mesa) se ha puesto tan contenta que estaba haciendo ruido. A nadie más ha parecido importarle, ni nos han mirado mal ni se han quejado. No jugaba cerca de ninguna mesa con gente, y el ambiente tampoco era silencioso. Pero no pueden entender que todavía no es capaz de controlar del todo lo que hace, y el concepto “molestar” no sabe lo que es. Querrán que esté quieta sentadita en la silla con las manijas juntas y escuchando a los adultos. Ahora mismo tiene edad de jugar haciendo ruido, que agotar las pilas a 7 como yo, de ensuciarse y de todo lo que viene siendo hacer el bichillo por la casa o donde haga falta. 

Bueno, lo dejo ya que el patito ruidoso se acaba de despertar y ya no va a parar hasta la cena. Que poca paciencia tiene la gente.