Navidad, ahí vamos

Otro año más vamos de camino a la Navidad. Compras compulsivas (al menos el resto, yo no tengo tiempo para eso), villancicos pasados de moda (¿de verdad en Mercadona no tienen ninguno mejor que poner? No sé, pero estoy casi segura de que los hay hasta soportables más de 5 minutos), luces de puticlub allá donde mires (ya no se preocupan tanto por la factura de la luz este mes) comida, comida y más comida… que ojo, no me estoy quejando. De hecho, esta mezcla tan rara es la que le da el encanto que tiene esta época del año. Hay gente que odia esta época. Pues que queréis que os diga, a mí me gusta. Y a partir de este año, y esperemos que bastantes, hay que volver a vivirla como una niña con la peque. Papá Noel, los regalos, las fiestas… y sobre todo LAS LUCES, porque este año de momento lo que ha descubierto son las luces de colores que parpadean. Le fascinan, la primera vez que las vio se puso a chillar de la emoción. Se que todavía es pequeña para entender lo que está pasando a su alrededor, pero seguro que se emociona con cada cosa nueva que descubra este año. Y por supuesto, no puede faltar la foto con Papá Noel. Que yo sé que o le encanta o le va a traumatizar durante un par de años, pero hasta que no lo intentemos no sabremos.

En fin, ya iré contando como lo pasa la pitufa en las fiestas, que seguro que estas son para recordar. Con el genio que gasta la moza, ya veremos como la acerco a Papá Noel sin que le haga la cobra y se tire al suelo. Por lo menos una foto tiene que salir. Y si no… pues habrá que esperar al año que viene. Eso o me arriesgo a que me muerda a mi…

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Ruidosa

Acabamos de llegar de comer en un restaurante y vengo mosqueada. Bueno, primero que nada. ¡Vacaciones! Estamos de vacaciones disfrutando de unos días de ajetreo, porque lo que es descansar… estamos molidos con tanto movimiento. Ya os contaré en otro momento.

A lo que venía. Hemos ido a comer con un amigo y su hija a un asiático. La peque claro, se ha portado genial hora y media, pero cuando se ha aburrido de sus dibujos cualquiera la mantenía sentada en la trona. Han empezado a jugar las dos a pillar y la mía andaba tan emocionada que se ha puesto a chirriar, porque cuando está contenta no chilla, chirría como una puerta oxidada cerrándose a cámara lenta. Pues una señora del otro lado de la sala se ha levantado a llamarnos la atención porque la niña le estaba molestando. Vamos a ver, es un bebé con poco más de 15 meses. Corre, pellizca, muerde, chirría, pero no es más que un bebé al que no puedes decirle que chirríe más bajo. Yo puedo entender que a esa señora alemana (que poco me extraña) se quejara diciendo que le molestaba por el audífono que lleva, pero la gente así tendría que tener un poquito de paciencia. La niña no ha dado un ruido en horas, y a 15 minutos de irnos (llevaba 5 jugando alrededor de la mesa) se ha puesto tan contenta que estaba haciendo ruido. A nadie más ha parecido importarle, ni nos han mirado mal ni se han quejado. No jugaba cerca de ninguna mesa con gente, y el ambiente tampoco era silencioso. Pero no pueden entender que todavía no es capaz de controlar del todo lo que hace, y el concepto “molestar” no sabe lo que es. Querrán que esté quieta sentadita en la silla con las manijas juntas y escuchando a los adultos. Ahora mismo tiene edad de jugar haciendo ruido, que agotar las pilas a 7 como yo, de ensuciarse y de todo lo que viene siendo hacer el bichillo por la casa o donde haga falta. 

Bueno, lo dejo ya que el patito ruidoso se acaba de despertar y ya no va a parar hasta la cena. Que poca paciencia tiene la gente.

De record

Aunque no lo parezca a simple vista, mi trabajo es un poco… no sé cómo definirlo. Digamos que no apto para escrupulosos. Gente con manías en cuanto a la higiene, no aguantarían con este trabajo. Todos los días tengo que literalmente rascar mugre de algunos teléfonos, pelos, trozos de “a saber qué” incrustados en ciertos sitios… Al final te acostumbras. No te paras a pensarlo (al menos demasiado) y lo haces todo de forma automática. Con mucho alcohol y jabón, pero sin prestarle demasiada antención. Pero hay días que es imposible. Como el otro día, que nos trajeron un teléfono que se había caído al agua. Del water. De uno portátil. De una obra. Y todavía chorreaba. Haceros una idea del aroma que subía de ahí. Roxu se reia desde lejos diciendo que me encargara yo que no tengo olfato. Vamos, que no tengo olfato. Andaba con una arcadas que cualquiera diría. 

Sin duda alguna es el peor caso que he tenido. Perdí incluso la cuenta de las veces que tuve que lavarlo para que dejara de chorrear azul, pero cada vez que veía cómo caía el líquido de color todavía, me volvían a dar arcadas. Terrible. De esos momentos en que piensas “quiero un aumento” o el típico “esto no está pagado”. Me habían llegado cosas que daban grima, pero esto… se lleva la palma de largo. Menos mal que de esto solo llega uno entre un millón. ¿Sabéis lo mejor de todo? Me pilló sin jabón en la tienda. Me pulí medio bote de limpia cristales y otro tanto de alcohol y lejía. Y aún no con esas conseguí quitarme el olor de las mano. Vamos, si llega a ser un teléfono de los baratos, yo misma me hubiera ofrecido a pagarlo con tal de no tener que manosearlo. Que asquito…

Un año

Ya ha pasado un año. Un año entero desde que Miniyo vino al mundo. Cómo ha pasado el tiempo… rápido no, volando. Sin darme cuenta ya casi anda y cena sólidos sin pasar por la batidora. Obedece órdenes sencillas (su pañal lo tira a la basura) Y cada día nos sorprende más con lo que va aprendiendo. 

En fin, mañana intentaré contar un poco más, porque ya se me ha caído el móvil dos veces sobre la cara y no me apetece que decaiga al suelo. Mañana contaré más sobre nuestro pollito…

Domingo laborable

Hoy estoy en uno de los 4 domingos que voy a tener que trabajar este verano. Aquí ando a las 19:00 de la tarde en la pecera que tenemos en el centro comercial con todo el trabajo ya hecho. Viendo como pasa la gente, poniendo a punto los móviles… Probablemente luego me ponga a crear alguna lista de reproducción para poner en la tienda mañana. Todo esto con la esperanza de que se pase el tiempo pronto y poder olvidarme de que he cometido el tremendo error (que mira que me lo advertí a mí misma poco antes de entrar) de beberme una botella de 2 litros en las 3 horas que llevo trabajando. Yo no sé cómo lo hacen mis compañeros cuando están aquí, ya que también suelen estar solos.

La verdad es que no llego a entender muy bien por qué la gente está metida en el centro comercial teniendo las fiestas del pueblo en pleno y con el buen día que está haciendo para ir a la playa. A mí me apetece no hacer nada los domingos, pero han sido tantos los veranos que he pasado trabajando que la verdad es que no se me hace “raro”. El plus extra, bueno, viene bien.

Veo a las cajeras del Carrefour que tengo enfrente de la pecera. Ahora mismo veo 5, y están todas esperando que venga alguien a pagar. 5 chicas a las que han sacado de casa un domingo por la tarde para estar de pie (no veo a ninguna sentada) durante horas sin hacer nada. Unos pocos minutos cada hora se mueven caja arriba caja abajo o atienden a alguien. ¿De verdad es necesario? En mi caso sí, no puede estar el stand sin nadie un día que está todo abierto. Pero ¿y ellas? Por lo menos yo no tengo que estar de pie.

En fin, todavía me quedan algo más de 2 horas hasta que pueda irme. 2 largas horas hasta que pueda ir al baño (mis compañeros no contestan a la pregunta de qué hacen en mi lugar). Y mañana empieza otra semana. Menos mal que el 12 es festivo…

Se acabó la teta

Miniyo ha decidido que se acabó la teta. Ella solita, sin presiones. Hace cosa de mes y medio decidió que ya no quería más teta. Yo he insistido alguna vez más por si eran un par de días tontos, pero nada, oye. Que de teta nanai. Vale, ya tenía cerca de 10 meses, pero me sabía mal que dejara la teta. Supongo que el tenerla solo por las noches ha influido. Seguro que si hubiera tenido el horario que tengo ahora hace unos meses, ella habría seguido bastante más tiempo. Pero claro, no quedaba otra que darle bibe por las mañanas (ha salido dormilona como yo, las 8:30 era muy temprano) y alguna que otra noche se quedaba con ganas de más después de la teta. Lo he pasado yo peor que ella. 

Ahora sigue con sus bibes, pero ya va comiendo un poco de todo. Menos los potitos, se lo come todo, incluso en papel. Qué amor le tiene a los tickets y a los catálogos…

La amistad

Esta entrada llevo tiempo pensando en escribirla, y la verdad es que he cambiado de idea varias veces sobre si publicarla o no. Si la estáis leyendo es que al final ganó el si. 

Alguna vez he hablado aquí de que no tengo amigas, que hace tiempo tuve pero acabamos cada una por su lado. Pues hace poco otro grupo de “amigas” me lo ha vuelto a hacer. Quedaban, subían fotos y cuando les preguntaba por qué no me avisaron se hacían las locas. Otro grupo que me da de lado sin motivo aparente. Yo no alcanzo a entender si hago algo mal o solo es casualidad, pero me jode que toda persona con la que parece que tengo un poco de amistad, me acaba dejando de lado o directamente desaparece. A toda esa gente me gustaría hacerle solo una pregunta: ¿por qué?. A veces me he preguntado si soy tan complicada como para que nadie que no sea de la familia me aguante más allá de unos meses en el mejor de los casos. Me duele, yo lo doy todo y en el momento que les parece dejan de llamarme o contestarme. 

Gente con la que pensaba que tenía una cierta amistad, qué equivocada estaba. Incluso han dejado de hablarme sin que haya pasado nada. Y cansa, cansa muchísimo andar detrás de la gente para quedar y que siempre tengan algo que hacer mucho más urgente que tu, o simplemente se “olvidan” de los planes que habíais hecho. Pensar que por fin has hecho amigas y darte cuenta de que han hecho un grupo en whatsapp paralelo a ese en el que hablabais todas y que ha quedado abandonado. Mandar un mensaje diciendo que te sientes abandonada y que nadie haya sido capaz de contestar en dos semanas. Cansa y mucho. 

Solo tengo un par de amigas a distancia que son las únicas que se interesan algo en contestarme cuando les pregunto qué tal les va todo. Y en estos momentos me doy por vencida, si a estas alturas no he conseguido que nadie me sonsidere buena para ser su amiga, no lo voy a conseguir a corto plazo. Me rindo, por lo visto no estoy hecha para tener amistades.