Solecito de casi Noviembre

Parece mentira en las fechas que estamos y que todavía tengamos unas temperaturas tan buenas. Casi casi en Noviembre y todavía hay días que apetece ir a la playa. Sin ir más lejos, hoy mi madre ha celebrado su cumpleaños en El Campo (que yo me he perdido por culpa del trabajo, como no) y la mitad de los invitados han acabado en la piscina. Pegando tiritones, eso sí. Pero como machotes. Que vale que hace calorcito, pero el agua ya no se calienta tanto como hace un par de meses.

Ojalá hubiera podido ir a disfrutar de la fiesta, pero desde que soy una pluriempleada lo que es vida propia tengo lo justo. Sigo sin parar casi, y desde que tuve vacaciones en lo de las peinetas no he vuelto a tener ni un día libre. Quiero una vida. Pero por suerte o por desgracia, según se mire, me queda poco así. En un par de semanas ya volveré a disfrutar de los fines de semana y a tener algo de tiempo para hacer lo que quiera de día.

Tengo ganas de que las comidas que organizamos algunos domingos no acaben con un “me tengo que ir a trabajar” y hacer acto de presencia durante las horas que mi horario me permita. Ya son varios los días que quedo con mis compañeros de trabajo y acabo yéndome la primera por el trabajo. Luego me cuentan lo bien que lo pasaron jugando al Poker o haciendo el bruto. Y yo me lo pierdo.

En fin, ya me podré quedar más tiempo en un par de semanas y disfrutar como Dios manda. Hasta entonces, me seguirán amargando los fines de semana, que yo creo que no piensan en que detrás del delantal hay una persona con una vida propia y planes hechos para los días que puede. Esta semana que entra veremos, que se supone que sólo trabajo 6 horas en total y me veo venir que me va a tocar hacer unas cuantas más. Menos mal que tengo lo de la tienda, porque si no creo que el mes que viene iba a pasar la mano por la pared desde el día 1. Ya veremos cómo acaba mi último mes como pluriempleada (al menos de momento).

El invierno que yo recordaba

Mis padres tienen un terrenito pequeño al que vamos los fines de semana a tomar el solecito, en verano a la mini-piscina, a comer paella o fideuá o sencillamente a hacer el vago en la tumbona cuando se puede. Ahora que hace frío y ha llovido hace poco, así que de momento tenemos faena para unos cuantos fines de semana.

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Después del invierno alemán, esto es una auténtica maravilla. ¡Me he tirado toda la mañana en camiseta! Vale, de manga larga, pero eso no deja de ser una maravilla. En camiseta fina y tan a gusto. No imagináis lo feliz que estaba yo comiendo fuera al sol sin llevar mil capas de ropa. Estos son los inviernos que yo recordaba y no los de temperaturas bajo cero.

Y no sólo hemos disfrutado nosotros, los perretes se han pasado corriendo todo el día. Mil carreras detrás de la pelota los 4 (hay otro perrete más en El Campo cuidándolo) chocándose entre ellos, ladrando, pisándose, ladrando, persiguiéndose, ladrando… ¿He dicho ya que se han pasado horas y horas ladrando? Nos han sacado de quicio. Le ladraban a absolutamente todo. Entre ellos, a quien tuviera la pelota para que la tirara, a cualquiera que pasara, para pedir comida (que no le dábamos), a una mosca, a los perros del vecino… vamos, que motivos tenían de sobra. Y si no, se los inventaban.

Eso sí, al llegar a casa han caído rendidos los 3 y llevan durmiendo ya 4 horas. A ver quien los pone a dormir cuando llegue la hora… Se han levantado para comer y beber. El resto lo han pasado durmiendo acurrucados en sus rincones. Envidia me dan… ¡Pues luego que no den la brasa que la que va a dormir soy yo!

Y bueno, sé que os he hecho esperar unos cuantos días más de la cuenta, pero por fin tenéis subida la receta de la Fideuá. Ya os aviso que ese día alguien se dejó uno de los ingredientes en casa, pero prometo foto nueva cuando la volvamos a hacer con todos los ingredientes. Menuda cabeza tuvo alguien…

¿Otoño? ¿Eso qué es?

Hace frío. Sé que no estoy contando nada nuevo (al menos por aquí), pero es que ha sido un cambio muy drástico en muy poco tiempo. 4 míseros grados tenemos ahora mismo, y llevo toda la tarde leyendo por Twitter que por aquí cerca está nevando. Y no me extraña nada. Aquí de momento sólo llueve, y no ha parado en todo el día.

Que sí, que aquí el otoño se ve bonito. Los árboles ya tienen mil tonos entre amarillo y rojo y algunos ya casi no tienen hojas. La verdad es que se nota la diferencia en el paisaje mucho más que en España. Pero ha sido un cambio muy drástico de temperatura. Si hace un mes estaba muriendo de calor y bañándome en la piscina, ahora mismo estoy junto a la estufa que la tengo a medio gas enrollada en la bata-manta (¡bendito regalo!). Casi 30 grados de diferencia en tan poco tiempo es un cambio muy brusco, y no parece que vaya a mejorar más de un par de grados con suerte.

Pero no os preocupéis, que ya me imagino a mi madre sufriendo porque yo pase frío. El gas nos sale gratis ya que lo tenemos incluido en el alquiler y la caseta y la caravana aíslan bien dentro de lo que cabe. Además, tengo unas sudaderas la mar de calentitas para andar por casa y voy bastante a gusto. Lo único que me mata es fregar los platos, que hoy al fregarlos se me han quedado las manos heladas a pesar de calentar una olla con agua. Me he pasado luego un rato con las manos sobre la estufa para volver a notarlos. Bueno, en realidad hay otra cosa que me mata, tener que ir a la ducha. Después de una ducha calentita (que por fin encendieron la calefacción y ya son más agradables) no me apetece nada pasearme hasta la caravana. Para esos viajes sí me viene bien mi chaquetón viejo.

Si el invierno se parece al del año pasado, va a ser muy largo. Hasta Abril más o menos. Pero como ya tenemos las chaquetas nuevas y al jefe de mi novio ayudando con la casa, no va a ser muy duro.

Y os dejo la anécdota del día. Esta mañana he tenido que irme unos minutos de la caravana, y no me he acordado que guardar un botecito de salsa se soja que sobró de ayer. Al volver, uno de los perretes lo había mordisqueado ¡encima de mi bata-manta! Castigados los tengo sin subir al mini-sofá. Claro, en la lavadora del camping no me cabe y de momento no puedo lavarla, así que tengo una bonita bata-manta con un aroma a salsa de soja que tumba de espaldas. Ahora los dos perretes se ponen locos pensando que hay comida cada vez que la muevo. Ale, aquí tenéis un post escrito con aroma a Sushi.

Moda primavera-otoño

Parece que este verano no va a llegar nunca. Sigo poniendo la estufa por tas tardes porque me quedo tiesa de frío y durmiendo con nórdico y colcha (la colcha solo yo, que es por si entre mi novio y los perros me dejan con el culo al aire).

Yo que esperaba estrenar la piscina en breve… Pero parece que este año se están pensando si llenarla si quiera, porque visto lo visto, el bikini para el año que viene. Voy a llegar al próximo verano de un blanco que asusta. Y es que por lo visto(según he podido leer en una web) va a ser el verano más frío de los últimos 200 años casi. Para que luego digan que no soy gafe. Me vengo a otro país y resulta que me quedo sin poder disfrutar a penas del sol ni de unas temperaturas “normales”. Así que estando casi en Junio sigo con patucos peludos para andar por casa, un polar encima de la ropa y calcetines gordos.

Yo sabía que aquí hacía frío, pero pensaba que solo en invierno, porque el hecho de que tengamos alertas por nieve cerca de aquí, le quitan a una las ganas de ponerse en la tumbona a tomar el solecito. Al menos la calefacción la tenemos incluida en el precio, si no, menuda ruina. Y doy gracias a que la calefacción de la caravana funciona, porque si no funcionara, pasaría frío algunas noches y eso de dormir pegando tiritones estaría complicado.

En fin, entre los perros que dan algo de calor y el nórdico al menos puedo acostarme tranquila. Que luego hay días en los que no me querría  levantar de la cama con lo calentita que estoy no se lo discuto a nadie. Pero doy saltitos de alegría el día que me levanto y veo que el termómetro está por encima de los 15 grados.