No hay mal que por bien no venga

Hace dos sábados fui a la peluquería toda decidida a ponerle fin a mis pelos de loca (o por lo menos a cambiarlos de aires) con ayuda de una persona a la que no le tenía mucha confianza desde hace 6 años. Me dejé hacer por la peluquera. ¡Meeeeec, error! (Eso me decía la parte de la cabeza que me hablaba mientras iba de camino) Si las últimas 4 visitas en diferentes sitios me la liaron, ¿qué me hace pensar que el 5 acertará? Bueno, quizá estadística. No pueden liarla todas las peluqueras del barrio con la cantidad que hay. Eso pensaba yo… 

Una permanente. Una simple permanente con el rulo lo más grande posible fue lo que yo pedí. Pero no, no podía salir de la pelu bien peinada. Achicharrado. Así es como llevaba media melena hasta ayer. Parecía que me habían pasado un mechero por debajo en ciertas zonas. Eso de que quede más o menos igualado todo, no sé si me hubiera dolido más. Y encima el trauma de parecer una oveja despeinada hiciera lo que hiciera. Al final he optado por lo que menos me aperecía, me he cortado el pelo. Y no poco, que me he quitado más de un palmo de pelo. Pero se ve que soy tan sutil como la verja de la tienda bajada, y al igual que se les cuela gente a la tienda, mi corte no lo ha notado nadie.

Hay que ver. Un palmo menos, menor cantidad y nadie se ha dado cuenta. Eso sí, tiene ventajas. Ya no me siento sobre el pelo en la silla o el sofá y tardo bastante menos en peinarme. Si me lo llegan a hacer, 20€ menos y seguro que me hacían algún estropicio. Me lo hago yo solita que seguro que corto por donde yo quiero.

Bueno, ya iremos viendo si me arrepiento o no con el paso de los días. Con lo contenta que estaba yo con mi melena…

Guasones….

Trabajo con una panda de bromistas. Gran parte del tiempo son unos profesionales, pero como a todo friki que se precie (sí, se nos sigue considerando frikis) se les va la cabeza de vez en cuando. Hace un par de días fui a trabajar con un vestido. Claro, no tenía dónde llevar el boli y estaba harta de perder mi destornillador cada 10 minutos, así que decidí pincharlos en el moño que llevaba hecho. Cómodo, de eso no cabe duda. Lo malo son las bromistas que me gastan mis compañeros. Ahora les ha dado por pinchar más cosas en el moño. A veces sin que me de cuenta, pero otras…

¿Pues no me corretearon con dos destornilladores a modo de banderillas? En cuanto me descuido, tengo a alguno detrás buscando el momento de pinchar algo más en mi pelo. Panda de graciosos… Yo que lo hago por comodidad y estos se lo toman a cachondeo. Bueno, vale. Seguro que tiene su gracia verlo desde fuera. Pero como alguno me clave algo por error en la cabeza, se va a comer el zapato. Y no me extrañaría nada ver alguna foto de la “obra de arte” que me arman en la cabeza.

En fin, no me canso de repetirlo. Al final voy a tener que pedir un aumento de sueldo por aguantarles. Ahora en serio. Hacía tiempo que no me reía tanto en un trabajo. Que esta gente está medio loca y no se cortan ni un pelo. Eso sí, a ver mañana cómo se las apañan par pinchar algo, que llevo el pelo suelto y probablemente bolsillos.

Otro cambio de look, pero esta vez mío

Hoy, como tantísimos días, me he aburrido de lo lindo. Quien me conozca un poco, sabrá que cuando me aburro puedo salir con cualquier actividad que me entretenga un rato. Hace unos días fue una funda para mi móvil con un trozo de tela, unos cartones que tenía por casa y una manga que le corté a una camiseta a principios de verano. Y oye, me quedó cuca, pero claro, ya la tengo operativa, así que tocaba buscar otra actividad.

Siempre que me encuentro extremadamente aburrida y no tengo nada mejor que hacer, busco por las cajas y bolsas que tengo en casa para ver si tengo algo con lo que entretenerme. Y hoy ha sido el día en que le he dado uso a uno de los regalos que me hizo mi novio por mi cumpleaños, más o menos una semana antes de empezar este blog.

En Twitter colgué hace unas semanas una foto de mi melena por una conversación que tuve con otra bloguera. Sigue ahí, por si tenéis curiosidad. En ella se aprecia una melena ¿naranja? Juro que en su día era de un tono rojo vivo, pero es lo que tiene llevar 10 meses sin teñirme, que del color original queda poco. Eso y el palmo y medio (sin exagerar) de pelo de mi color natural asomando.

¿Y por qué no me he teñido hasta hoy? Por dos razones. La primera es que con las visitas frecuentes a la piscina, no quería teñirla de rojo, que iba mucha gente y mi tinte no es discreto. Y la segunda y de más peso, el despliegue logístico que supone hacerse un tinte en casa si tener un baño a mano. ¿Solución? Con bolsas del super empapelar toda la zona próxima al fregadero que fuera de madera para no dejar marcas, colocar un mini espejo enfrente para poder ver por donde iba y meter a los perros en casa para no tener que salir corriendo detrás de ellos con la melena al viento y llena de tinte rojo (que anda que no mancha el jodío).

Después de 20 minutos de ahogarme con el olor de tinte, 40 minutos casi sin moverme con el cuello tieso por miedo a que algo se manchara y de pegarle 7 refregones en el fregadero para quitar la mayor parte, decido que lo mejor es ir a la ducha y acabar allí la faena. Ahí la cosa mejoró, y no lo dejé todo perdido rollo “la matanza de Texas” como mi fregadero. He de decir que me ha quedado un pelazo de envidia y sin secuelas para mi cocina. Todo un logro.

Y lo de la envidia no lo digo por decir, que cuando hemos ido a por la cena al super, la cajera ha repetido varias veces “que envidia de pelo” y “yo lo quiero así, ¿cómo lo hace?”. Toma, otra pequeña subida de autoestima gratuita por parte de una cajera. Cada vez me caen mejor. Ale, ya estoy tranquila por teñirme por lo menos… hasta el año que viene. Que a mí eso de las raíces negras como que me da un poco igual. No creo que se fijen en 5 cm de pelo cuando la melena mide casi un metro. Que soy bajita y ya me llega por debajo del culo. ¡Qué me gusta mi pelo!

La madre postiza

Que tengo que aprender alemán es algo que ya sé desde hace tiempo, pero que me recuerden constantemente que mis avances son pocos no me hace ninguna gracia. Y es que la primera vecina con la que hicimos amistad cuando llegamos aquí parece que se empeña en decírmelo una y otra vez. Que yo sé que no lo dice con maldad, pero de vez en cuando sobra.

Hoy hemos ido a verla y ha repetido unas 15 veces que debo aprender alemán. Que sí, que lo se, que ya se ocupa la tele y la gente a mi alrededor de recordármelo constantemente y es imposible que se me olvide. Pero me resulta muy complicado hacer avances rápidos sin un profesor que me ayude. Alguien podría pensar que mi novio puede enseñarme ya que él es bilingüe, pero ya os digo que no es una idea viable. Lo más probable es que se desesperara conmigo y acabáramos tirándonos cosas a la cabeza.

Que yo ya voy entendiendo algunas palabras en las conversaciones y de algo me entero, pero no puedo avanzar más rápido yo sola con libros o webs. Creerme, lo intento, pero es un idioma muy complejo para aprender desde cero de por libre.

Pero lo que más gracia me ha hecho es que dice que la semana que viene me va a teñir el pelo y me lo va a cortar. Ha mirado horrorizada las raíces negras que llevo y le ha preguntado a mi novio si no me compra el tinte. Mira, que me ayude a teñirme la mata de pelo que tengo no me molesta, además no ensuciaría toda la caravana, que cuando me toca lavármelo parece que he matado a alguien. De todas maneras, he de decir que ha llegado un punto en que el tema raíces me da igual, me gusta como lo llevo. Pero que me lo corte… A parte de mí nadie me ha tocado en pelo en 5 años, y dudo que lo vuelvan a hacer.

La última vez que pisé una peluquería, pedí que me cortaran el flequillo y a lo tonto me cortaron un palmo y medio de melena. Mis compañeros me hacían la broma de decirme que parecía que iba a mi primera comunión. No maté a la peluquera de milagro. Desde entonces me desgracio el pelo yo sola en casa, que al menos me sale gratis y si sale mal es culpa mía.

Tendré que tener cuidado cuando la vea, que cuando esta señora se empeña en algo es terrible y no para hasta conseguirlo. Pero en este caso creo que no va a salirse con la suya. No tendré el pelo más bonito del mundo, pero me ha costado años tenerlo así y no voy a dejarme engatusar para cortarlo (no, mami, no me lo voy a cortar hasta que no me pegue el venazo, por mucho que me lo digas).