Me lo hubiera llevado todo

Soy muy fan de Ikea. Cada vez que me he mudado, de las primeras cosas que hice fue buscar dónde estaba el más próximo, y si podía, hacía una escapada. He tenido la oportunidad de estar en el de Murcia, Sevilla, Madrid y Bilbao, y desde hoy también puedo decir que en uno del sur de Alemania. Da igual que sólo compre alguna cosita de 2€ o 3€, la visita me encanta (y la comida también). Y después de todos los que he visitado, puedo decir que son prácticamente iguales. Y la única diferencia real entre los Ikea españoles y el alemán que he visitado ha sido el idioma (pero ojo, ¡que hasta le he entendido a la cajera cuando me ha dicho A MÍ SOLA que los dulces que llevaba estaban de oferta!).

El otro día cuando fuimos a la ciudad vi a lo lejos el cartel ese gigante que tienen en el aparcamiento, y me quedé con las ganas de ir (llevábamos muchas horas fuera de casa y los perretes estaban solos). Así que lo más cerca que estuve fue en la puerta del parking y sólo de pasada. Pero ayer convencí a mi novio para ir y hoy hemos pasado la tarde por la tienda cotilleando y babeando. Creo que algún que otro charquito he dejado de recuerdo por allí. Camas, sofás, cocinas como Dios manda… Todo lo que de momento no tenemos. Y me encanta. Iba por la tienda diciendo “¡me lo pido!” soñando con cómo decoraría una casa. Soñar es gratis, y sé que no voy a poder comprar esos muebles aunque me mude. Pero por internet regalan muchos y algo se puede hacer con ellos. La cuestión es coger ideas.

Después de pasear uno de los catálogos por toda la tienda, al llegar a las cajas me he dado cuenta de que hay que devolver tanto los catálogos ¡como los lápices! (que levante la mano quien haya ido a Ikea y no tenga un par de ellos por casa). Y oye, que la gente los devuelve y todo. Al final nos hemos gastado 4€ en un par de cositas y directos a la zona de los dulces. En el Ikea de Bilbao compré unas galletas de manzana que estaban riquísimas y las andábamos buscando. ¡Y aquí también las tienen! Menudo vicio… Luego hemos hecho una merienda/cena de perritos calientes de 1€ y vuelta a casa. Como nota curiosa os cuento que la tarjeta Ikea Family que nos sacamos en España, aquí también sirve. La cajera se ha quedado a cuadros cuando le hemos preguntado si no importa que la tarjeta sea de otro país. Menos mal que soy de esas que lo lleva siempre todo en el bolso. Bueno saberlo para la próxima (que la habrá seguro).

Yo contenta que he conseguido la taza que andaba buscando, así que ya puedo desayunar sin cabrearme porque la cuchara grande no llega al fondo del vaso. Espero que en la próxima visita ya tenga un salón con sofá y muebles de verdad, porque le he echado el ojo a una alfombra y en la siguiente cae seguro. Eso y un par de paquetes de galletas otra vez…

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Nuevo look

No, no os habéis equivocado de blog. Sigo siendo la misma, solo que le he dado un pequeño cambio de imagen. No me gustaba que todas las opciones estuvieran abajo del todo y he decidido cambiarlo. Y quería añadirle un par de cositas que antes no me dejaba, así que espero que os guste como está ahora.

En parte también ha sido porque no puedo hacer ningún cambio en casa. Y es que soy de esas personas que no pueden tener los muebles en el mismo sitio más de 3 meses. Cuando todavía podía, cada vez que me aburría los cambiaba todos. Y cuando digo todos, son todos. Que la cocina y el baño no los cambiaba porque todo estaba atornillado o pegado a la pared, que si no… Si una tarde me aburría, mi novio se lo encontraba todo cambiado cuando volvía del trabajo, por pesado que fuera el mueble. Probé todas y cada una de las posibilidades de todas las habitaciones. Es que me encanta. Parece una tontería, pero pasar la tarde midiendo dónde cabía cada mueble me entretenía muchísimo.

Entenderéis mi frustración ahora que vivo en una caravana. Todos los muebles están fijos y no hay quien los mueva. Y tengo pocos muebles en la caseta, pero por el tamaño que ocupan no puedo cambiarlos. Digamos que si muevo el mini-sofá o el ¿aparador? (es que nunca he tenido uno de esos) de lado, ya no puedo pasar a la cocina o a la caravana. Como poco me quedo sin una ventana. Lo único que puedo mover es el mueble de la tele que es muy pequeñito. Y ni por esas, que el cable de la antena es corto y sólo tiene un sitio posible. Tendré que esperar a tener una casa y muebles de verdad que mover. Hasta entonces, los cambios los sufrirán otras cosas.

Cambiando de tema, hoy nos han dicho que a unos 100 km hay un supermercado que trae muchos productos españoles, y si quieres algo en concreto te lo traen. No es como para ir todos los días a hacer la compra, pero cuando podamos vamos a ir a hacer un cargamento tremendo. Y yo no me voy de allí sin unos cuantos bricks de tomate frito.

Qué ganas de ir tengo… y seamos sinceros, me pica la curiosidad por saber si los productos Hacendado han atravesado fronteras. Con un par de botes de esos en mi armario me sentiría un poco más “como en casa”. Hasta el momento en que pueda ir, tendré que rezar para que la compañera de trabajo de mi novio encuentre el tomate frito y nos haga el favor de traerlo.

Donde las dan, las toman

¿Os acordáis que en un post de hace unos días comenté que nos habían enseñado una casa pero que al final se la habían dado a una madre divorciada y a su hija?

Pues bien, hoy hemos ido a sacar los muebles que ellas no querían y a meterlos en el garaje. Unos muebles preciosos (y que pesan un quintal) en muy buenas condiciones, con 3 vajillas, juego de té, cubiertos, mantas, sábanas… A todo esto el novio de la divorciada allí arrancando el papel de las paredes y la moqueta del suelo.

En esto que en uno de los viajes al garaje la señora (la dueña de la casa) nos mira en plan “he decidido mal”, pero nosotros, sin hacerle más caso, seguimos sacando cosas. A siguiente viaje, la señora nos dice que no le caen nada bien las personas que están de alquilados. Que desprecian todo lo que hay en la casa y la están haciendo polvo (¡Ja! Eso pasa por elegir mal a quien alquilas). Al ratito la señora vuelve a la carga, que los nuevos no hacen más que quejarse de todo lo que está mal (hay alguna cosilla, pero como ya dije, nada que un poco de trabajo y paciencia no arregle) y tienen a su marido arreglándolo todo como un esclavo (¡Ja, ja! Si hubiéramos sido nosotros, nos habríamos encargado nosotros mismos y no habríamos molestado)

Cuando ya lo teníamos casi todo fuera, el novio de la divorciada (que nos ha ayudado a quitar las lámparas y sacar algún mueble muy pesado) nos ha pedido que a cambio le recogiéramos del suelo el papel pintado que ha arrancado. Vale, es un minuto, así que lo hacemos sin más. Casi acabando viene de nuevo y nos ofrece 50€ por quitarle el papel que queda por las paredes (¡Bienvenidos sean esos 50€!) solo de la escalera y el pasillo de arriba.

Nos ofreció un café a mitad de trabajo y bajamos. Estábamos fuera con el café y  él se metió para adentro, y en esto que la señora viene por el otro lado del jardín discutiendo en voz alta con el marido.

Yo, como buena española cotilla que soy, le pregunto a mi novio sobre qué discuten, y… ¡Discuten echándose la culpa sobre quién prefirió a la mujer divorciada antes que a la pareja joven! (Ja, ja, ja. Esto os va a llevar más de un disgusto, señores)

Y a continuación he visto lo más sorprendente que me he encontrado por estos lugares hasta hoy. El novio de la divorciada salió con nosotros y sacó una cajita del tamaño de los caramelos Sminth, se echó un poco de polvo negro sobre la mano… ¡Y se lo esnifó!. A cuadros me he quedado, señoras y señores. Pero por lo visto el tabaco para esnifar se vende y hay gente que lo consume, y totalmente legal.

Resumiendo. Nos hemos llevado un montón de muebles y enseres varios para nuestra casa, 50€ y la satisfacción de saber que los dueños se han dado cuenta en a penas 3 días que no hicieron la elección correcta, que eso no tiene precio.

Que poquito ha faltado…

Hoy prometía ser un día de esos geniales que te arreglan la vida. Pero al final…

Nos llamaron a medio día una pareja muy maja que conocimos a raíz de las bicis. Nos habían encontrado casa. Pero de las buenas buenas. 7 habitaciones, 3 cuartos de baño, jardín, sótano… Vamos, inmensa. A un precio increíble y sin fianza. Solo nos quedaba rezar por que no estuviera cayéndose a trozos.

Quedamos para ir a verla. A unos 10 km de aquí. Y bueno, a primera vista era una casa preciosa, con patio privado para unos pocos vecinos, en un pueblo tranquilo… una auténtica maravilla. Por dentro un poco anticuada, pero nada que un poco de paciencia no pueda arreglar. La vemos por dentro y no le hacía justicia a lo que nos habían dicho por teléfono. Grande no, ¡enorme! Amueblada y lista para entrar.

Hablamos con la dueña (bueno, yo no, mi novio y el amigo. Yo ni papa.) y está de acuerdo, incluso con los perretes. Todo genial hasta que aparece el marido y le dice que ya se la había prometido a una mujer divorciada y su hija. Así que al final me quedé con la miel en los labios.

Nos hizo una especie de “tour” por la casa y le iba diciendo algo a mi novio de los muebles. Él solo me decía “¿Te gustan?”. Cómo no van a gustarme. Muebles vintage de diseño hechos de madera noble. Eran todos preciosos, y en muy buen estado. Cuando ya casi salíamos, me dice que todos esos muebles y cosas que yo he dicho que me gustan son nuestros. ¡Nuestros! Habitación de cama doble, mesitas de noche y super-armario. Banco y mesita de cocina preciosos muy típico de aquí. Salón con sofá para 7 plazas (ala la hostia de grande) en perfecto estado. Juego de platos, soperas, tetera, tazas, vasos… Buf! Un montón de cosas para nosotros. Solo tenemos que desmontarlos y llevarlos al garaje entre hoy y pasado mañana. Algo es algo…

No tendremos casa todavía, pero al menos me llevo la alegría de que nuestra futura casa ya la tenemos amueblada.  Y la desilusión se me hace más llevadera.