Reflexiones del bocata

Aquí estamos, a las 5 y pico de manadrugada en vela. La peque ha decidido que no le apetece dormir en su cuna y los brazos de mamá son mucho más cómodos. Está durmiendo como un tronco, pero parece que tiene un pincho en el culo y en cuanto lo posa en la cuna se despierta. Vamos a ver si dejándola unos minutos más cuela al dejarla mientras…

Hoy fuimos de cena con una pareja del trabajo. Muy majos ellos empezamos a enseñarnos fotos de nuestros “pasados oscuros” (todos lo tenemos, y quien diga que no, miente) y de momentos más lustrosos. Que si aquí tenía 5 años menos, en esta otra pesaba la mitad, a quien se comió este, aquí todavía hacía ejercicio, en esta mi cuerpo todavía no estaba fofo y lleno de marcas (ese era el mío, por si no quedaba claro). Y me he puesto a buscar la foto que colgué aquí hace 4 años. Me ha costado varias vueltas por el blog, pero la he encontrado. Para lo que no me seguís desde el principio, este es el enlace

Si me vierais ahora, el comentario sería a quien me he comido. Porque vamos, 16 kilos más no hay quien me los quite. Entre empezar a comer “normal” otra vez, el tabaco y la peque, 16 kilazos me separan de aquella foto. Bueno, eso y 3 botes menos de tinte cada dos semanas, que dejé de teñirme. Que no soy de hacer dieta, admitámoslo. Yo soy de comer lo que me apetece (con límites, claro) y así me va, que este año como me tumbe en la playa a tomar el sol, me van a confundir con una ballena varada. 

En fin, sé que debería hacer algo y bajar un poco de peso (más o menos unos 20 para mi estatura. ¡Que barbaridad!) pero me pueden las ganas de comer. Ahora que ya no hay teta para la peque (os lo cuento otro día) puedo empezar a comer diferente que ya no le va a afectar. Ya os iré informando. Por si os falta el dato, soy un retaco de 1,53 cm y se supone que debería pesar mi altura sin el “1”. JA-JA-JA. Mierda, entonces son 22 kilos los que debería perder. Creo que lo que voy a perder este verano es el tiempo, o como mucho la paciencia.