El día de antes

Repasando las últimas entradas me he dado cuenta que os conté muy poco de la llegada al mundo de Miniyo. Vergüenza debería darme que hayan pasado más de 3 meses antes de darme cuenta. Si es que os tengo abandonados. A lo que vamos.

El miércoles 13 enpezó siendo un día con ajetreo. Llovía a cántaros y yo tenía concertada la cita para el reportaje fotográfico con el tripón. Un día, un mísero día que llueve en todo el verano y tenía que ser justo el que me voy a hacer unas fotos que van a ser irrepetibles en todos los sentidos. Todo el día hablando con la fotógrafa Diana a ver si al final habría que suspender la sesión y dejarla para otro día. La cita era a las 19:00, y hasta las 18:00 no pudimos confirmarla con todo lo que llovía. Imaginaros como iba yo, que ya me sentía “rara” ese día. Algo me decía que si no me las hacía esa tarde, no me las haría. 

Allá que nos vamos a la playa a encontrarnos con Diana. He de decir que a parte de hacer unas fotos preciosas, es una chica muy agradable y dulce. Nos lo pasamos genial en la sesión, pisando el barro, con el agua por las rodillas en los charcos, con el culo mojado… fue divertido. Se pasaron las 2 horas que estuvimos por la playa y alrededores volando. Y le supo sacar partido a todo lo que había allí. Hizo que parecieran sitios totalmente diferentes sin movernos más de unos metros andando. 

Y el resultado… Si pasáis por su perfil de Facebook hay algunas, pero de todas formas aquí os muestro una para que veáis.


¿Estaba o no estaba yo para hacharme a rodar? Esa fue de las últimas fotos que me hice con la tripa, y la siguiente salida que hice fue para ir al hospital.

Aquella noche a pesar de esa sensación rara fue como todas las demás, pero a las 4 de la mañana todo cambió. Eso ya os lo cuento otro día, que ya me van pesando los ojos. O apago o en breve me pego con el móvil en la cara…

Fotos de los regalos

Hoy la verdad es que ha sido un día bastante tranquilo. Hemos ido tanto mi novio como yo a echar varios curriculums y por la tarde ha tocado uno de esos paseos maratonianos con los perretes en los que acabo andando a marchas forzadas detrás de mi madre con la lengua fuera. Es lo que tiene haber estado tanto tiempo incrustada en un sofá. Ya llegará el día que le coja el ritmo. Y claro, contar lo que se dice contar, mas bien poco. Así que hoy sencillamente os voy a poner las fotos del regalito de Mamá en Bulgaria que ayer no pude poneros.

Regalos

Esta ha sido la cajita en la que me venían los dos regalitos que han llegado a casa. A la derecha arriba está el abridor con imán de Sofía. Un regalito sorpresa muy mono y para tenerlo siempre a mano. Y abajo está la cajita de madera donde viene la esencia (previamente en un botecito de cristal) vista por los dos lados. A mí me encanta la cajita, y no he podido resistirme a abrir el botecito, y he de decir huele de maravilla. Realmente huele a rosas. De nuevo, ¡muchas gracias, Mamá en Bulgaria!

Paquete

Anda que no me diréis que recibir un paquete así de bonito en casa no alegra el día. ¡Y a mí me toca enviarlos en nada! Bueno, primero habrá que sortear a quién se los mando.

Bueno, creo que van a ser unos días un poco aburridillos. Ya tengo unos cuantos ordenadores para reparar en lista de espera incluyendo este desde el que os escribo. En casa del herrero, cuchillo de palo. Ya os contaré los experimentos que me van a obligar a hacer con un par de máquinas que hay por casa. Esto no puede acabar bien…