Porque tengo tetas

Así de claro, así de sencillo. Hoy estoy muy cabreada, hay gente que no me toma en serio como técnico porque tengo tetas. Y me toca la moral lo que no está escrito. 

Un cliente ha venido hoy porque le pegó un golpe a su móvil y no funcionaba la pantalla. Él insistía en que no le había dado ningún golpe, pero tenía las marcas de haber caído sobre una superficie dura. 20 minutos explicándole/discutiendo/aclarando el asunto y el tipo erre que erre, que no, que era imposible que con la pequeña señal que tenía se hubiera estropeado tanto. Que él no tenía la culpa y que se la cambiara en garantía. Si al final la culpa va a ser mía… 

Ya cansada de hablarle a la pared, me he visto el percal y he llamado a mi compañero. Ha salido, le ha explicado UNA SOLA VEZ que no iba por el golpe y el tipo le ha contestado “Vale. ¿Y qué podemos hacer?” Lo mato. Casi lo mato cuando lo he oído. 

Es agotador tener que ir siempre teniendo que demostrar que valgo como técnico. No con mis compañeros ni nadie de la empresa, ellos me valoran. Pero hay muchos días en los que tengo que hacerlo constantemente porque los clientes me toman por tonta. No sé si es que piensan que yo estoy dando la cara por el departamento de taller por mi cara bonita. Estoy harta de la frase de “¿puede salir algún técnico un momento?”. Me repatea las tripas. Y tener que andar con la sonrisa después de que te la repitan varias veces porque siguen sin enterarse, mata. 

En fin, lo dejo que empiezo a ser muy pesada. Será que hoy estoy un poco negativa y tenía que desahogarme. Menos mal que clientes así son los menos, y que de vez en cuando viene gente que no sólo me trata de igual, si no que valora que una mujer esté metida en este mundo por gusto. Ojalá vinieran más así.

Plus de peligrosidad

Hay trabajos que son más “propensos” a los incidentes. No es lo mismo trabajar en una oficina tras un teléfono que en un trabajo donde se vaya a domicilio. Por teléfono como mucho te pueden poner de vuelta y media, pero en persona la cosa cambia. Nunca se sabe qué zumbado te puede tocar. Y si no, que se lo digan a Roxu. Una salida a domicilio habitual se ha convertido en una anécdota de lo más surrealista.

Ha ido a cambiar una manera de un frigorífico, y cuando los dueños se han negado a pagar, él iba a desmontarla de nuevo para llevársela y punto. ¿A que no sabéis cual ha sido la reacción de la mujer? ¡Liarse a mordiscos con él! Y no creáis que un simple bocado en un brazo por encima de la ropa. Ha tenido la puntería (o destreza) de morderle en la muñeca. ¡MOR-DI-DO! Bueno, eso y arañazos por la cara. Ha aparecido a recogerme sangrando. ¡Que le ha clavado 4 dientes en la muñeca! Increíble la gente a los extremos que puede llegar para no pagar.

Todo esto en una cocina llena de cacharros y cuchillos. Podía haber sido bastante peor. Se merece un plus de peligrosidad. Ya es la segunda vez que le atacan. Primero fue una cacatúa en casa de una clienta. Llegó con varios picotazos. Pero esta vez le ha atacado la clienta. Es que todavía no me entra en la cabeza.

En fin, a este ritmo no sé dónde llegará el mes que viene. Nunca hubiera imaginado que un técnico tuviera tanto peligro.

Perseguida

¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que os persiguen por la calle? Yo soy de esas que van tan empanadas por la vida que muchas veces ni veo a la gente conocida hasta que me gritan ¡hey! para hacerse ver. Pero últimamente…

El otro día iba hacia la tienda (que queda  muy cerca de casa, casi casi caigo del balcón en la puerta) y en el callejón de al lado una mujer detras mía siguiéndome. Sí, siguiendome a mí, y no me llaméis egocéntrica. ¿Que cómo lo sé? Primero me dio que pensar los insistentes “oye” y “perdona”, pero lo que me lo terminó de aclarar fueron los golpecitos en el hombro. Me giro y antes de haberle visto la car siquiera me dice “¿cómo  va mi móvil?” Esto…. ¿a cual de los 400 que tenemos reparando se refiere? Sin más datos resulta un poco complicado. Diplomáticamente le explico que la calle no es el mejor lugar para preguntarme, ya que no tengo manera de averiguarlo sin el ordenador.

Pero claro, no se suelen dar por vencidas tan facilmente y empezó a explicarme que si no me acordaba que había llevado el móvil de su hija, el que se había pegado un golpe y tenía la pantalla rota y teníamos que cambiarla. A ver como le explicaba yo de un modo educado que por mis manos pasan a diario una media de 15 móviles que han pegado una cacharrazo contra alguna superficie ligeramente dura y habían acabado hechos trocitos. Mi sutileza fue demasiado suave y siguió insistiendo. Que tenía una esquina levantada y le faltaba un botón que se le había caido en el golpe.

Al final no conseguí acordarme y le dije que me acompañara a la tienda a mirarlo, pero no hubo manera. ¡Y eso que estábamos prácticamente en la puerta! Seguro que si no le digo nada, se me engancha hasta el mostrador.

En fin, ya me ha pasado varias veces, incluso comprando en Mercadona. Ojalá entendieran que yo cuando salgo del mostrador no soy capaz de recordar de memoria todas y cada una de las reparaciones. ¡Y menos todavía el precio de lo que le va a costar!

Manos largas

En el trabajo de las peinetas tenemos clientes de todo tipo. Gente comprensiva cuando hay mucha cola, impacientes que hacen el buitre continuamente en el mostrador donde entregamos los pedidos, gente curiosa que nos mira por el cristal como sí aquello fuera una pecera… Pero últimamente tenemos un tipo nuevo, gente con las manos largas.

Alguna vez nos pasa que tenemos varios clientes con el mismo nombre para recoger los pedidos y nos toca revisar varios tickets para ver de quién es la comida. Pero estos días hay más gente que se dedica a sacar cosas gratis. Nos giramos un segundo y alguien se ha llevado la comida de otro. Así cómo lo leéis, nos roban las patatas fritas. Claro, luego la otra persona viene reclamando que lo suyo no está. Nos damos cuenta cuando a alguien no le hemos dado algo, solemos acordarnos de las caras (al menos unos minutos). Pero claro, no podemos ponernos a discutir, así que repetimos el pedido y punto.

Pero tenemos la otra cara de la moneda. Gente que reclama algo que sabemos a ciencia cierta que lo tiene y sencillamente quiere repetir gratis. Estamos en las mismas. Por no discutir se lo damos y punto, pero me parece fatal que hagan estas cosas. Hoy sin ir más lejos me ha pasado. Un pedido que yo sé que entregué completo me ha tocado repetir una parte. Que sí hubiera sido en plena hora punta pues habría dudado, pero ya íbamos algo desahogadas y me acordaba. Y el cliente erre que erre, que le faltaban cosas y las quería ya. Le he pillado, y me he dado cuenta de que ya se estaba dando cuenta. Pero entonces mi compañera le ha dado lo que pedía y punto. No debería ser así. Nos van a tomar por el pito del sereno como sigamos en esa línea. No qué decir que hay gente con pocos miramientos.

A mí no se me ocurriría pasar la vergüenza de que me pillen reclamando algo que no toca por unas patatas de 1€. ¡Un euro! Ya ves tú lo que cuesta la ración. Pero bueno, hay gente para todo. En fin, mañana será otro día y para colmo de promoción. Quiero un día entero libre…