Otra vez el puñetero café

Mira que lo sabía. El café de esta mañana no tenía pinta de descafeinado, pero quise darle un voto de confianza al camarero y me lo tomé sin hacer muchas preguntas. Demasiada espuma tenía aquello… 

Y aquí estoy, otra vez destrozada por el día que he tenido y con los ojos como platos. Creo que voy a ver un par de pelis, esta vez ya no me quedo 4 horas muerta de aburrimiento esperando a pegar la primera canezada. De buena gana me iba a casa del camarero y le metía los dedos en los ojos hasta cansarme. 

En fin, cada vez me gusta menos el café, y la gente que me la lía, menos. De verdad no se imaginan lo mal que lo paso con los cafés…

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Por sombrero

Así le ponía yo hoy el café a la camarera. Las 4 de la mañana, reventada de toda la semana currando y llevo cerca de una hora dando vueltas en la cama oyendo como Rozu ronca a pierna suelta tan a gusto. ¡La madre que la parió siete pares de veces! Mira que se lo dije bien clarito ¡DESCAFEINADO! Un puñetero bombón descafeinado! Pero se ve que le costaba menos dejarme toda la noche de hoy en vela… ¡A esa iba yo ahora a meterle un dedo en el ojo! 

Claro, a eso de las 3 y media me he parado a pensar. Hacía media hora que había apagado la tele ya aburrida a ver si me dormía, y tras quince vueltas de campana he caído en que hoy he tomado café. Y lo he pedido descafeinado, ¡palabrita! Pero se ve que no he sido lo suficientemente clara. ¿Sabéis lo mejor? Voy muchas veces por allí y pido siempre lo mismo. ¡Llevo pidiendo lo mismo casi un año! Que digo yo que por lo menos podrían escuchar. Vale que no me lo pongan directamente y esperen a que pida, pero digo yo que estar atenta no cuesta tanto. ¡Si nosotros 4 éramos los únicos clientes a esa hora! Tiene delito que encima yo fuera la única que pidió un café. ¡Un puñetero bombón descafeinado! Si le llegamos a hacer lo que me hacían a mi en mis años de camarera, no da ni una. El más rebuscado que me podían pedir era un café cortado tocado de Baileis (o como se llame) del tiempo con dos de sacarina y la leche fría (sí, pedían hielo y la leche fría). 

En fin, me veo venir que todavía me queda un rato mirando al techo por culpa de la camarera. Demasiada espuma llevaba aquel bombón para ser un descafeinado…

En café ataca de nuevo

Otro domingo más que no aprendo la lección. Aquí me tenéis, las 4 de la madrugada y con los ojos como platos oyendo como el camión de la basura recoge los contenedores de debajo de casa. Maldito café… Mamá, por favor. Si te acuerdas de esto el próximo domingo de Campo, recuérdamelo a mí para no volver a caer en el error de apuntarme a la ronda de cafés.

Hoy domingo redondo. No sólo he cogido un kilo o dos con todo lo que me he metido entre pecho y espalda. Encima me he provocado insomnio. Cojonudo. Mañana será una de esas mañanas largas de narices.

¿Y ahora qué hacemos? Si es que por mucho que bostece y se me cierren los ojos, en el momento en que suelto el móvil se me ponen como platos. ¿Qué os cuento? Mmmm… A ver… Es que realmente las cosillas que tengo para contar todavía no han llegado. Fallas, vacaciones, calorcito… Lo único que tengo ahora mismo en el tintero es que nos queremos mudar del piso. ¡Si, mudanza! ¡Bien! ¡Yuju! Con lo que me gusta a mí menear bártulos de un lado a otro… Le hemos echado el ojo a un edificio cercano, y como no nos corre prisa la mudanza, estamos esperando que quede alguno libre a un precio razonable para aprovechar. Este piso necesita bastantes cuidados desde hace mucho que nadie le ha dado y hay partes que se caen a trozos. Pero mientras, pues apaña. Pero si hay que moverlo todo, que sea para mejorar. Piso con piscina por lo menos, que para uno “sin” me quedo en el que estoy.

Bueno, voy a darme la vuelta otra vez a ver si cojo ya el sueño. Veo que la de hoy va a ser una noche muy larga…

Misión imposible

Ufff… Qué abandonado tengo esto. No os miento cuando digo que desde el domingo que intentó escribir y me duermo con el móvil en la mano antes siquiera de empezar. El domingo vale, por culpa del incidente del café (luego os cuento). El martes no era persona por las secuelas del café. Pero parece ser que un día que no duerma bien implica 3 noches más rendida antes de cuenta. Y no es que no tenga cosas que contar (que las hay, y unas líneas más abajo lo ponsrá) simplemente no me tengo en pie cuando llega cierta hora.

El domingo íbamos a salir a bucear (otra vez) y el tiempo no acompañó y se suspendió (por tercera semana consecutivas. Así que entre intento fuimos a tomar un café. Maldita la hora es que me lo tomé sin más. Las 5 de la mañana me daban boca arriba con los ojos como platos. Claro, ya arrastrando las horas de sueño dos días… Un desastre con el puñetero café.

Bueno, ya contaré más que me acabo de despertar con el móvil a un lado mío con esto incompleto. Juraría que le sí a publicar hace 4 horas…

Un lunes movidito

Este lunes se supone que era la última vez que íbamos a despertar en la caravana. Al final no pudo ser y el cansancio nos obligó a posponer unas horas el viaje. Y es que el lunes que tuvimos fue de narices. Nos levantamos temprano los dos (sí, los dos) y nos fuimos al ayuntamiento en bici a darnos de baja. Todo fue bien y rápido, así que a la salida nos fuimos a una cafetería cercana a tomarnos un café y un dulce.

Aquí hago una pequeña pausa. A mí hasta hace cosa de un par de años el café no me gustaba nada. Me sabía terriblemente amargo aún y con dos o 3 azucarillos. Pero en un momento en que necesitaba que el día tuviera 30 horas por lo menos, me animé a experimentar un poco para ver si daba con alguno que no tuviera que tomar como los chupitos, de trago y punto. Después de probar muchos, di con mi favorito. Bombón con un toque de crema de orujo (suave, no os asustéis) o en su defecto con Baileis (creo que se escribe así). A partir de ese momento, cuando lo necesito puedo tomarme uno y hasta lo disfruto. Ahora incluso echo de menos el bombón a secas (en estos momentos es cuando mi madre alucina con mi declaración).

Pues bien, aquí en Alemania no existe el concepto “café bombón” así que no he vuelto a probarlo desde que pisé tierras germanas. Y el lunes necesitaba uno. Había pasado una noche sin dormir casi y se me cerraban los ojos. Al entrar en la cafetería/pastelería a mí se me fueron los ojos con los dulces y como habíamos decidido darnos un último homenaje antes de irnos, me pedí dos. Con lo que yo no contaba era que mi novio había estado atento a mi “echo de menos tomarme un bombón” y había pedido un capuchino para mí. Pero aquello no era un simple café, ¡era todo un cubo lleno hasta arriba de café con leche! Cuando lo vi llegar con semejante recipiente, dudé en tomármelo o hacerme unos largos dentro. Pero como iba a acabar toda pringosa, decidí darle una oportunidad y bebérmelo.

Repasemos. Dos dulces y un café en una taza en la que fácilmente hubiera entrado mi puño entero. Cuando terminé, pensé que explotaba. Pero lo peor de todo es que no me quitó el sueño ¡me dio más todavía! Las tiendas que tuvimos que visitar después las vi a medias, llevaba los ojos medio cerrados. Suerte que con el fresquito de después me pude despejar lo suficiente para llevar las bolsas en la bici y pedalear al mismo tiempo sin comerme a nadie ni caerme por el terraplén.

Por la tarde temprano mi novio se llevó el coche a hacerle una última puesta a punto (comprobando niveles, las ruedas, llenando el depósito) y yo me quedé limpiando la caravana y recogiendo cosas. Pero eso mejor os lo cuento mañana que ya me está quedando un post larguísimo y me quedaría sin nada que contaros.

¡Ya estamos más cerca!