Esto sí es una primavera

Ya estamos en primavera. Oficialmente ya puede empezar a hacer calorcillo, aunque aquí llevemos ya unos días de calor, sobre todo el fin de semana pasado. Hizo tanto sol que me quemé los hombros. ¡Si hasta tengo la marca de la camiseta que llevaba! Ahora parece que ha vuelto a refrescar un poquito, pero yo no pierdo la esperanza de poder coger algo de color antes de que llegue el momento de salir a la calle en pantalón corto y tirantes. Si es que de blanca que estoy (bueno, más bien sigo) parece que brillo y todo.

Me pongo a pensar y ya son algo más de 3 meses lo que llevamos en casa de mis padres de “ocupas”. A estas alturas del año pasado estaba yo con las orejas congeladas a -15 grados y con la nieve por los tobillos rezando por ver unos rayitos de sol aunque fueran unos minutos. Ahora me paso los domingos al aire libre más de 20 minutos sin pillar una pulmonía.

Que aunque parezca mentira, el mes que viene hará ya un año que este espacio vio la luz por primera vez. ¡Quién me iba a decir a mí que este año estaría a punto de celebrar el primer aniversario en España! Hay que ver lo que han cambiado las cosas desde entonces. Y las que quedan por cambiar, que yo no pierdo la fe de que un día de estos me llamen para trabajar.

Por cierto, hablando de trabajo. ¿Os acordáis de aquel local muy cerca de casa en el que tuve aquella entrevista? Resulta que para fallas tuvo un chico trabajando, y justo después de que acabaran las fiestas (ayer) ha cerrado el negocio. Y digo yo. Si no tenía intención de seguir con el negocio mas que para las fiestas, ¿por qué pone el cartel de “se busca camarera” durante dos meses? Que los cierres no se deciden de un día para otro.

En fin, yo doy gracias que por lo menos mi novio tiene trabajo y está contento con él. Tan solo nos falta una casa propia. Que no es que estemos a disgusto, pero todos queremos un sitio al que llamar nuestro. Y todo hay que decirlo, rebajar los 8 kilos que todavía me quedan en el culo aunque me haya resignado a que mientras siga en esta casa no voy a perderlos (sí, mami, me sigo quejando de vez en cuando). Que la comida aquí está muy rica y cuesta horrores decir que no. ¡Encima que alago tu forma de cocinar no te quejes!

La gracia de la primera “congelada”

El año pasado por estas fechas más o menos acabábamos de llegar a Alemania. Hace casi un año que empecé a descubrir cosas que hasta ese momento no había visto, salí por primera (y única vez) de España, y me sorprendí con lo que iba viendo día a día. ¿Que a qué viene todo esto? Mirando fotos de hace tiempo (y alguna más reciente) he visto esta que sin duda de haber tenido blog por aquel entonces la habría puesto sin dudarlo aunque tuviera unas pintillas de andar por casa terribles.

IMG-20130221-WA0001

Esto fue lo que me encontré en el tendedero del balcón de casa de mi suegra al ir a recoger unas toallas que había lavado ese día. Sí, es una toalla literalmente congelada. Que ya os oigo a algunas que eso no es gracioso, que es una putada como una catedral. Y razón no os falta, me lo demostró la ropa días después. Pero por ser la primera vez me hizo una gracia tremenda. Desde luego, esto no se ve todos los días en España, y menos en mi pueblo.

Sin ir más lejos, hoy me he pasado unas cuantas horas al aire libre en tirantes haciendo un intento de coger algo de colorcillo en la cara y los hombros. Pero nada, oye. Quizá si me lo pinto consiga algo.

A ver si mañana vuelve ya el vecino, que me ha dejado sin internet y desde el móvil no puedo contestar a los comentarios que me vais haciendo. Yo los leo, pero el chisme ha decidido declararme la guerra y se ha vuelto selectivo con lo que me deja navegar por internet. ¡Que vuelva de una vez!

Con el Estado hemos topado

Hay miles de páginas en las que te explican al dedillo cómo funciona el sistema de paro alemán. Yo quiero explicaros un poco, pero de forma sencilla y desde mi punto de vista, ya que hay detalles que nadie te cuenta.

Para empezar os diré que si alguien tiene pensado venirse, lo ideal es venir a casa de un amigo o familiar (quien lo tenga) con una oferta de trabajo formal bajo el brazo. En su defecto con dinero bajo el brazo.

Yo me he venido a la aventura, y no es nada fácil, creerme. Y si no fuera por la inestimable ayuda de que mi novio sabe muy bien alemán, ya me habría cortado las venas. Hemos llegado sin trabajo ni casa, así que nuestra única opción ha sido el camping por los perros. Para los que vengáis solos o con pareja, os recomiendo una habitación en un piso compartido mientras os labráis un futuro aquí. Y si podéis, buscarla antes de veniros. Indispensable que sepáis alemán, al menos uno de los dos si venís en pareja, porque os van a marear con papeleo y rodeos incluso sabiendo bien el idioma.

Aquí el sistema de paro es bueno, nadie se queda en la calle, pero desde hace un año o así, hay que residir en la zona 3 meses para optar a él, así que lo primero que tenéis que hacer es empadronaros, aunque sea en la dirección del piso compartido. No es difícil ni caro, unos 5€ me cobraron a mi por cada uno. Pero es indispensable por si las cosas no van bien. Si podéis hacerlo en los primero días, mejor. Y por supuesto una cuenta en el banco. Indispensable después de empadronaros.

Buscar un trabajo con contrato, aunque sea breve, porque si entráis en el sistema, tendréis más oportunidades de salir a delante si las cosas se tuercen con el trabajo. En las ETT la cosa va deprisa, en pocos días podéis estar trabajando. Hay muchas y muy repartidas, así que no es difícil encontrar una.

Aquí si te quedas en paro el estado te proporciona casa y dinero para comer, pero no es fácil acceder a él si no has trabajado ni un solo día en el país, al menos hasta que lleves 3 meses aquí. Y si no sabes alemán, también te dan un curso intensivo gratis en ese paquete.

Resumiendo:

– Aprender alemán.

– Buscar casa y trabajo antes de venir si podéis.

– Empadronaros nada más llegar.

– Abrir una cuenta en el banco.

– Y en caso de venir sin trabajo, acudir a todas las ETT que podáis.

Nos habríamos ahorrado mucho tiempo y dinero si alguien nos hubiera dicho que te podías empadronar en el camping si la dueña te lo permite. Pero ya hemos “despegado” así que ya es cuestión de tiempo.

Vivir en un camping

Hoy quiero contaros cómo es vivir en un camping para aquellos que os lo esteis preguntando. He tenido la oportunidad de vivir en uno es España y uno aquí y la verdad es que es muy diferente. Para empezar, os diré que en España es ilegal estar más de 6 meses en un camping (aunque haya gente que lo haga) y aquí puedes estar todo el tiempo que quieras siempre que el camping tenga abierto en invierno.

No es muy distinto de vivir en una casita de campo. La diferencia más grande son las distancias. El baño, la ducha, la lavadora… todo queda a tomar por culo (diréis que no es para tanto, pero creerme, cuando tienes una “urgencia”, la bici es tu mejor amiga). Y es un poco incordio, porque cada vez que voy a la ducha parece que me mudo. Imaginaros tener que trasladar todo lo que usáis para la ducha por todo el camping. La toalla, gel de ducha, champú, las cosas de aseo, la ropa para cambiarte… y ni hablemos si te quieres peinar un poco, que el secador y la plancha o las tenacillas también ocupan espacio. Aquí son gratis, pero en España me costaban 0,50€ cada ducha si quería agua caliente (0,50€ por 10 min). No parece mucho dinero, pero si lo multiplicáis por dos que somos y una ducha al día para cada uno, al mes acaba siendo más de lo que pagaba por el móvil.

Si quieres lavar ropa, más de lo mismo. Aquí, al menos solo me cuesta 1,50€ cada lavadora, en España me costaba 4€ cada una. Tienes que hacerte con una maleta, carrito o lo que sea para llevar la ropa y el jabón. Eso si, aquí he vuelto a disfrutar del suavizante ¡por fin!. Cómo lo echaba de menos. Pero como aquí no está la suegra… pues una aprovecha.

En cuanto a muebles, aunque os parezca mentira, puedes tener los mismos que en casa si quieres. Tu sofá, tu mesita, tu aparador… eso si, en la cama, al que le toque la parte de dentro, tendrá que trepar para llegar a su sitio.

La diferencia más clara entre un camping en España y uno en Alemania, es sin duda las fiestas. En España teníamos fiesta día si día también si nos apetecía. La gente era extremadamente ruidosa a cualquier hora del día. Aquí, a pesar de que se ven coches en casi todas las parcelas, todo está en silencio (salvo por los cortacésped). Las fiestas empiezan a las 19:30 más o menos y suelen durar una hora y media o dos como mucho. Eso si, muy tranquilas y con muy poquito ruido.

Por lo demás, si llegas a las 21:30 con el coche, ya no puedes meterlo, hay que dejarlo fuera, y no puedes salir antes de las 6:30 de la mañana.

No es mala vida, pero yo echo de menos salir de la ducha en pijama y sentarme en el sofá a ver la tele. Que muchos no aprecian esto, pero cuando te has pasado casi un año (¡casi un año ya! Como pasa el tiempo) viviendo con tus cosas en una maleta, ese tipo de detalles se agradecen.

Por cierto, ya podéis seguirme tanto en Facebook como en Twitter. En la pestaña contactos lo tenéis todo. ¡Gracias a todos los que me leéis!