Boca abajo

Aquí estoy, en la cama intentando echar una siesta (bueno, intentaba hasta que el teléfono se ha puesto a sonar) pendiente de la peque que en cualquier momento abre un ojo y reclama teta. Se pasa gran parte del día enganchada. Me siento un brick de leche con patas. Pero me encanta. Quitando esos primeros 2-3 segundos cuando se agarra en los que veo las estrellas y se me arruga hasta el ombligo, luego va todo de perlas. Que eso nadie me lo dijo, que las 2 primeras semanas hasta el más leve roce de ropa sería como pasarme papel de lija del 15 una y otra vez. Menos mal que la cosa ya va mejorando. 

Siempre te cuentan los “percances” que se pueden sufrir con la lactancia, que si mastitis, dolorcillos varios… Pero que me iba a pasar dos semanas respirando hondo cada vez que la peque se acerca aunque sea por error a la teta… eso no. Hasta hace un par de días le temía más a ella que ha pillarme un dedo con una portazo o patear la esquina de la cama descalza con todas mis ganas. Pero al fin parece que empieza a recuperarse todo y está dejando de doler tanto. 

La peque crece y crece por días, y en 8 días ha aumentado casi 400 gramos. Vamos, que está bien alimentada. Ya puede estarlo, que me tiene escurrida. En cuanto al sueño, no tengo queja alguna. Una noche normal me despierta una vez para comer, y una noche “movidita” dos. 

En fin, ya seguiré contando que la peque ya se ha despertado y me reclama. Ya os contaré a qué viene lo de boca abajo.

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