Septiembre ha llegado

Ala, se acabó el verano. Así, sin avisar. Ya podría haberse despedido por lo menos… Hemos pasado de sudar la gota gorda de noche a tener que taparme con una manta fina (aquí el asturiano está más a gusto que en brazos). Vaya chaparrones nos caen por las tardes. Sí es cierto que los clientes vienen menos cuando llueve, pero en lo que realmente se nota que llueve es en la hora de cerrar. A ninguno se le ocurre hacer la croqueta por debajo de la puerta con el suelo mojado. ¿Que si son capaces? A mí se me coló uno en la tienda a comprar algo teniendo un hueco abierto de 40 cm por el que pasar. Que les da igual, tú vives en la tienda y no tienes una vida. Bueno, yo igual empiezo a estar así. Tengo a Roxu trabajando conmigo y pasamos más tiempo en el taller que en casa, por lo menos conscientes.

En fin, parece que la gente encoje con la lluvia. A mí lo único que me repatea de estos días es salir a la calle con sandalias. Eso de mojarme los dedos de los pies me mata. Aunque con la pereza que gastamos últimamente con el tema del coche, no se me mojan no por equivocación. 

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