El silencio no siempre es bueno

Llegaron las fallas. Oficialmente ya estoy hasta el moño de petardos, y todavía quedan por delante unos cuantos días que aguantar. ¿Sabéis quién está disfrutando de la fiesta? Miniroxu. Es la primera vez que vive las fallas (vienen del norte) y ha descubierto lo divertido que es tirar petardos. Corrijo, lo divertido que es hacer maldades con los petardos. No inventa una buena. Menos mal que por lo menos pregunta si se puede hacer antes de tirarlos. Pero es agotador. El niño preguntando si puede tirarlo/ponerlo/lanzarlo/colarlo en algún sitio, yo le digo que no e intento despistarlo con algún otro sitio menos destructivo/molesto. Entonces viene el padre y lo hace. Exactamente lo que le he dicho que no al niño. Así petardo tras petardo. Aunque casi prefiero eso a que esté callado. 

El último momento de silencio ha costado casi 40€. 10 minutos callado en la habitación de al lado y cuando nos hemos dado cuenta se ha fundido los petardos que tenía para 4 días en 2 horas. Había cogido la bolsa de petardos y había bajado a la calle mientras dormíamos la siesta. 700 petardos en 2 horas. No sé siquiera cómo le ha dado tiempo. 

En fin, qué se le va a hacer. Va a tener que aguantar hasta el jueves, que antes no vamos a poder ir a por más. Si es que no se me puede dejar solo…

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2 comentarios en “El silencio no siempre es bueno

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