Un día cualquiera

Tengo la sensación de estar repitiéndome últimamente. No hago más que hablar de trabajo y de lo cansada que estoy. Pero es que me paso como mínimo unas 10 horas al día trabajando. Un día cualquiera, digamos hoy, tengo un horario que me deja poco margen para hacer algo fuera de lo normal.
Hoy por ejemplo entré a las 8:00 en la tienda hasta las 14:00. Fui a casa de mi madre a comer, y luego me puse las peinetas a las 19:00 hasta la 1:00. Con ese horario, poco puedo hacer a parte de comer y dormir. Y mañana que tengo la tarde libre me toca acabar con la mudanza. No veáis lo larga que se está haciendo.

Por cierto, lo de las gafas de domingo se supone que la empresa va a pagar la mitad del arreglo que tenía que pagar yo (todavía están en garantía). Ahora falta ver si será el seguro quien las pague o la empresa. Menos mal que me cayó y las gafas salieron volando, porque hace unos años ya me cayó peso en las gafas y literalmente me rebanó la nariz. Todavía se nota el trocito que falta.

En fin, me voy a la cama que ya me lleva llamando para que vaya un rato. Menuda es. No imagináis lo que me cuesta separarme de ella por las mañanas. La tengo tan abandonada…

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