A palabras alemanas, oídos españoles

La dueña del camping se ha hecho de rogar. Yo creo que esta mujer anda un poco en su mundo y eso de tener inquilinos en invierno no acaba de verlo. Ayer me dijo a mí (mi novio andaba trabajando con turno de tarde) que hoy estarían ya los baños cerrados. Ojo, una alemana que ronda los 60 largos hablándole la una española que de alemán sabe algo menos que lo justo. Centraros en esos datos para el próximo relato.

Como pudo me dijo que los baños hoy estarían cerrados y que tendríamos que ir a los baños recepción. Nada nuevo, ya estaba hablado. Pero a pesar de mis 586 “Ja” creo que no le quedaba claro que lo había entendido. Yo sé que o hacía de buena fe, pero cuando le repetí que iría a recepción por 3º vez, pensé que lo había entendido.

Bueno. Pues yo esta mañana toda convencida salgo corriendo de la caseta dirección baños y cual es mi sorpresa cuando cojo el picaporte de la puerta y está cerrado. ¡Está cerrado! Pruebo en el de hombres y lo mismo. No sé si esa una broma o falta de memoria. Así que no me queda otra que coger la bici y buscar el todoterreno que tienen para pegar vueltas por dentro del camping rezando para que no haya salido a hacer la compra.

Por suerte (o mala suerte, depende de como se mire) estaba en la caravana que hay justo al lado de la nuestra. Asomo la cabeza por la puerta y la llamo. Saco las llaves de mi bolsillo y le digo como puedo que el baño está cerrado, que necesito la llave. Se me queda mirando y me dice que los baños están cerrados. Que vaya a recepción. ¡Eso ya lo sé yo! Le digo que están cerrados. Por segunda vez insisto en que necesito la llave señalando las mías (en esos momentos, no recordaba cómo se decían llaves en alemán que había mirado minutos antes temiéndome el percal). Me dice que en mis llaves no hay ninguna para los baños. ¡¡LO SÉ!! Insisto, NECESITO las llaves. Y ella erre que erre. Que los baños están cerrados y yo no tengo la llave. Yo no sé que hizo que se diera cuenta, mi cara de desesperación o o mi tono, pero de repente suelta un “Ach, soooooo” (algo así como un “anda, claroooo” español) y me dice que si la quiero ahora. Hombre, tu misma, pero si no quieres que te riegue los pies, date algo de prisa.

Me dice que suba al todoterreno que me lleva. No, gracias, que luego el pateo de vuelta no me apetece. Cojo la bici y tiro a recepción como alma que lleva el diablo. Parece que la mujer se ha dado cuenta y acelera un poco. Llega y se mete en un curto y saca un manojo de llaves que manosea con sumo cuidado buscando la llave (¿a que le riego las plantas?) y por fin me da la llave. Menos mal. Sólo os diré que si pudiera me mudaba a ese baño. Calentito y nuevo. Tener que recorrer el doble de distancia compensa. ¡Y tiene calefacción!

En fin, ya tengo la dichosa llave y no hay quien me la quite (bueno, mi novio sí, pero sólo un rato). Ojalá hubiéramos tenido esa opción desde el principio. Por un poco más de recorrido tenemos más ventajas, y encima no nos vamos a pelar de frío al ducharnos. Una ducha calentita…

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8 comentarios en “A palabras alemanas, oídos españoles

  1. Qué angustia de situación por Dios!!
    Y que impotencia más grande querer y necesitar entenderte con alguien y no poder!!
    Menos mal que al final te dio tiempo a llegar que si no…
    Yá se fueron los pitidos del perrete jajaja!!
    Besitos y feliz viernes!!

    • ¡Gracias! Hay que tomarse las cosas con humor. Más suspenso me creó a mí que la mujer me diera tantos rodeos con la llave. Esto de la comunicación sin un idioma en común es muy complicado hasta para las cosas más sencillas.

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