Dolorida pero satisfecha

¿Conocéis los suelos de linóleo? Si hombre, esos que son un plástico que cubre el suelo pelado (o no tan pelado) que tienen mil dibujos y colores posibles. Vamos, como plastificar el suelo de casa. Pues bien, no sé a quien tengo que darle las gracias por haber pensado en esta maravillosa opción para un suelo que la mayoría de veces se va a llenar de barro teniendo en cuenta donde lo ha puesto, si al creador por darle textura con tropecientas mil rayitas hundidas o a quien decidió instalarlo aquí. Sea quien sea, no tuvo que limpiarlo en la vida.

Con mi afán de ser previsora y no nos pille el toro, hoy toda decidida iba yo a empaquetar algunos cacharros para ir organizando todo. Claro, el primer paso era esparcir mil cosas por el suelo para hacerme una idea, pero después de unos días lloviendo, el suelo daba un poco de penilla (lo reconozco, cuando se tira lloviendo días, cuido el suelo lo justo). Así que pseudofregona en mano me he dispuesto a darle una pasada. Y lo de pseudofregona va en serio. Si no, cómo llamaríais a lo que tengo. Imaginaros un cubo y fregona de esas de juguete, de tamaño diminuto y sin fuerza ninguna. Ahora cambiarle los 4 pelos mal puestos por 4 tiras de tela más tiesa que la mojama (aún y mojada) y un palo de metro veinte. ¿¡Me puede explicar alguien quien tuvo semejante idea!? Me juego el cuello a que no limpió un suelo en su puñetera vida.

Bueno, le doy una pasada y sí, el barro de hoy se quita, pero sigue habiendo algo oscuro incrustado en esas rayitas tan odiosas que intentan imitar un suelo de madera (que para más colmo, alguien decidió que fuera imitación de parquet de madera blanca). No quedo satisfecha con el resultado, así que decido ponerle remedio de alguna manera. Miro por la cocina y veo en un rincón un estropajo que uso en el jardín exclusivamente. Bueno, va a costar, pero puede funcionar. Así que ahí me veis de rodillas con un spray de esos de limpiacristales relleno con agua, jabón y un chorrito de quita grasa. Chuf chuf chuf y a frotar de rodillas. Algo sale, pero sigue quedando algo incrustado en las malditas rayitas. A estas alturas ya me había acordado de medio árbol genealógico de quien hizo el diseño.

Segunda vuelta a la cocina en busca de algo con lo que rascar. Venga a mirar por todos los muebles y cajones y nada, no encuentro nada que rasque más que el estropajo. Hasta que mi mirada se posa en una taza que tenemos en el rincón “lavabo”. Me niego, no, tiene que ser una broma de mal gusto. En fin, hay que resignarse, y si quiero que quede limpio de verdad rayitas incluidas, tengo que hacerlo. Cojo un cepillo de dientes viejo y me vuelvo al rincón al que empecé. ¡Un puñetero cepillo de dientes para limpiar el salón! De repente me he visto como en las pelis americanas en las que cuando un recluta hace algo que no debe en el ejército, lo mandan a limpiar el suelo con un cepillo de dientes. ¡Qué identificada me he sentido!

Rasca que te rasca hora tras hora y dando gracias porque es un salón pequeñito, que si llega a ser de tamaño estandar me corto las venas. Cepillo y pseudofregona en mano he ido liquidando todo el suelo. Llegando al final, me he acordado del árbol genealógico completo del que hizo el diseño, el instalador, quien eligió este modelo en concreto y de la mujer que lo permitió. Pero para mi sorpresa, ¡ha quedado incluso más limpio que cuando llegamos! El suelo no era gris tal y como pensaba, si no blanco con el dibujo de algunas vetas de la madera y el espacio entre tablas pintado en gris. Está irreconocible.

Ahora estoy a la espera de que llegue mi novio, porque se ha puesto a llover otra vez y me juego lo que queráis a que si no lo paro en la puerta, me lo va a poner perdido todo otra vez de barro. Por lo menos el suelo tiene mucho mejor aspecto y mañana puedo echar al suelo lo que quiera sin temor de que se ensucie. Y sé que mañana me van a doler las muñecas y las rodillas, pero ver el suelo tan limpio merece la pena. Nunca pensé que diría esto, pero echo muchísimo de menor una fregona de verdad y una escoba con su recogedor con palo. Pero qué harta estoy de la caseta y la caravana…

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10 comentarios en “Dolorida pero satisfecha

  1. Jajajaja… Es que todo se te ocurre a ti, mira que limpiar con un cepillo de dientes!! Parece broma. Pero, bueno, cuando llegues a casa te vas a hartar de darle al mocho y al cepillo.

  2. Pobrecita mía!! Menuda paliza te has dado!!La próxima vez prueba con una escobilla del wáter puedes comprar una barata sólo para eso(aunque no sé si a éstas alturas te vá a convenir comprar alguna) así no te tienes que poner de rodillas porque yo también he pasado por eso hasta que me dio por probar con la escobilla y oye!! Mucho mejor!! Así es que ya lo sabes para la próxima vez.
    Besitos y feliz miércoles!!

    • Espero no tener que volver a hacer lo mismo. De todas maneras, lo de la escobilla me parece una idea genial. Lo que sí tengo claro es que no pienso ponerme suelo de ese con ranuras jamás en la vida. Menudo coñazo para limpiarlo…
      ¡Besotes!

  3. que apañaaa…jaja, Vaya, si te lo has tomado a pecho dejar el suelo como nuevo. Hay un refran que dice mas vale maña que fuerza, eres un genio. Pero imagino que tienes que estar molida, no es para menos de rodillas y “schrub schrub schrub” (como dirian en alemán).
    Besooo

    • Es que cuando algo se me mete entre ceja y ceja… Pues aunque parezca mentira, hoy ya no tengo “secuelas” de arrastrarme por el suelo. Muy bueno el ruidito, no sabía que ellos lo escribieran así.
      ¡Besotes!

  4. Jaja qué prácticos son los cepillos de dientes! Yo cuando uno se queda viejo, en vez de tirarlo lo guardo para limpiar! Por ejemplo alrededor del desagüe de la cocina o del baño, o zonas pequeñas y jodidas de alcanzar. Eso sí, los marco para que nadie se confunda! 🙂

    • Es que valen pa’ to’. Yo a partir de ahora voy a tener uno a mano para limpieza. Yo no hace falta que lo marque, porque ha terminado que cualquiera tiene estómago de llevárselo a la boca. Confusiones ninguna, seguro.

    • Si yo lo sé, ya estaba un poco zumbada antes de llegar aquí, pero parece que al estar en tierras alemanas lo mío ha empeorado.
      Lo paré, anda que si lo paré. Le hice quitarse los zapatos de trabajo y conseguí que no se volviera a ensuciar. ¡Mini punto para mí!
      ¡Besotes!

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